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Pepa y Pepe. La violencia de género

Carmen Ruíz Repullo, socióloga,  mediante el cuento de Pepa y Pepe, visualiza cómo l@s adolescentes acceden al peligroso círculo de la violencia de género.

Este clarificador video es un fragmento de la ponencia que tuvo lugar en abril de 2015 en el Centro del Profesorado de Orcera, en el desarrollo de las JORNADAS DE SEGUIMIENTO DEL PLAN DE IGUALDAD.


Graduando violencias cotidianas:


Si lo quieres ver entero, te lo facilito a continuación:




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Telf.: 605 52 52 81

UNA EDAD QUE AÚN NO TIENE NOMBRE



Este escrito no sé de quién es, me ha llegado mediante la red, pero lo he encontrado tan interesante y bonito que lo quiero compartir y esparcir aún más:

Si observamos con cuidado, podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene entre cincuenta y setenta años.

A este grupo pertenece una generación que ha echado del idioma la palabra "envejecer", porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de hacerlo.

Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición, en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del S. XX para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.

Este nuevo grupo humano que hoy ronda los cincuenta, sesenta o setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria.

Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura latinoamericana le dio durante décadas al concepto del trabajo.

Lejos de las tristes oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron hace mucho tiempo la actividad que más les gustaba y se ganan la vida con ello.

Supuestamente debe ser por eso que se sienten plenos; algunos ni sueñan con jubilarse.

Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temor al ocio o la soledad, crecen desde dentro. Gozan el ocio, para que después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale ver el mar con la mente.

Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de "cincuenta, sesenta o setenta", hombres y mujeres, maneja el ordenador como si lo hubiera hecho toda la vida. Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos e incluso se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un correo electrónico o whatsapp.

Hoy la gente de 50 60 o 70, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE; antes, los de esta edad, eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud pero sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben. La gente de 50, 60 y 70 de hoy celebra el Sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo ... hacen planes con su propia vida, no con la de los demás. Quizás por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los del siglo XXI.

La juventud se lleva por dentro.
 
La diferencia entre un niño y un adulto, simplemente es el precio de sus juguetes.

(Traducción a cargo de Rosa Muro Guardiola)


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21 pautas para sobrevivir a la adolescencia de los hijos (2)


11. Es necesario establecer unos límites claros y hacerlos saber: funciones que tiene el joven en casa, hora de llegada, normas inamovibles de la casa, etc.

12. En las discusiones (y esto vale para todo el mundo) es importante destacar las cosas positivas y no sacar cada vez los mismos “trapos sucios”.

13. Hay que escucharles y tener en cuenta, ya que ellos están formando sus propias opiniones, que tal vez no compartimos, pero a todos nos gusta que nos escuchen y nos respeten.

14. En las discusiones (y esto también es válido para todo el mundo) es mejor hablar de la conducta que de la persona: por ejemplo, “no me gusta esto que haces” es mucho mejor que “no me gusta cómo eres”.

15. A menudo los jóvenes se quejan de que se les trata como a delincuentes por el mero hecho de ser jóvenes, que la gente les habla o mira mal. Conviene que superemos los prejuicios en este sentido, si es que los tenemos.

16. Aprovechar el momento oportuno para hablar, es mejor que forzarlo.

17. Ante un problema, escuchemos las soluciones que puede aportar el joven, no siempre tenemos nosotros la respuesta correcta.

18. Mejor negociar que discutir. Hay normas inamovibles, pero también hay cuestiones que se han de poder negociar.

19. Es importante valorar sus gustos, a sus amigos... Si les criticamos sistemáticamente, estamos levantando un muro.

20. Evitemos dramatizar: es normal que prueben el tabaco y el alcohol, por ejemplo, pero no necesariamente se han de volver adictos.

21. No olvidemos nuestro rol de padres, hay problemas que deberemos afrontar, no podemos hacer siempre “la vista gorda” o esperar que lo solucionen los demás (escuela, amigos)... o esperar a que se resuelva solo.
 
 



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21 pautas para sobrevivir a la adolescencia de los hijos (1)



Si tu hijo/a adolescente es rebelde, tienes un hijo/a normal. La rebelión forma parte de la adolescencia. El joven necesita distanciarse, desmarcarse de la familia para crecer. Y esta rebelión va siempre acompañada de angustia por parte del joven y también de angustia y enfado por parte de los padres, que a menudo no entienden qué está pasando.

  1. Es importante que el joven pueda acudir a un adulto de confianza si tiene un problema grave, cuando hay un fuerte distanciamiento entre padres e hijos. Muchas veces, un familiar cercano, hermano mayor, tío, tía, etc., pueden jugar un papel importante en estos momentos.
  2. Cada persona, cada familia tiene su propio estilo, sus principios. No todos los padres lo hacen igual y seguramente está bien.
  3. Los jóvenes necesitan cierta libertad para “ensayar” su nueva vida, y es conveniente darles un espacio (adecuado a su edad) y confiar en ellos. Se pueden equivocar, pero es peor que se queden encerrados en casa.
  4. También hay que darles seguridad y afecto, que se sepan queridos y aceptados, pase lo que pase.
  5. El manejo de la frustración es otro punto importante, saber apoyarles en momentos de “caída”, animarles a levantarse y volver a empezar.
  6. Ante un problema grave, los padres deben hacer un frente común, evitar las desavenencias que a menudo surgen. Hay que evitar las discusiones de quién tiene la culpa del comportamiento de los hijos, acusarse mutuamente, etc., y buscar soluciones juntos.
  7. No es fácil ser padres de un joven que parece que haya perdido todos los modales, la educación y se muestra desafiante y egoísta. En momentos así, los padres pueden caer en una postura radical, de castigos, reproches, que aún distanciará más las posturas. Por más difícil que parezca, hay que tomarlo con calma y tratar de restablecer puentes de diálogo.
  8. Un error frecuente es querer hacer “de amigo, de colega” de los hijos. Éste no es el rol que toca: los padres son los padres y los amigos son los amigos.
  9. El hecho de que los hijos se hagan mayores, también crea en algunos padres y madres la sensación de que “ya no son necesarios”, se sienten desubicados, y puede ser que, de forma inconsciente, no dejen crecer al hijo, que no le dejen marchar.
  10. También se da a menudo el caso de que haya una situación familiar complicada (paro, problemas en la pareja, etc.) y que se haga recaer toda la culpa en la conducta del adolescente. Esto no es justo ni ayuda a nadie.



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HAY UN ADOLESCENTE EN CASA. ¿Soy el peor padre/madre del mundo?




Nadie nos enseña a ser padres. Lo vamos aprendiendo «sobre la marcha». El padre y la madre, también son personas, con sus propias virtudes y carencias. Los padres también tenemos derecho a equivocarnos. Es importante recordarlo y, sobre todo, perdonarnos por nuestros errores.

  • A menudo tenemos la sensación de haber fracasado como padres cuando los hijos se rebelan contra todo y parece que han olvidado la educación y los buenos modales. Hablar con otros padres nos hará darnos cuenta de que no somos los únicos a los que les pasa.
  • Debajo de esta rebelión hay una necesidad de distancia: el adolescente necesita distanciarse emocionalmente de los padres para poder encontrar su propia identidad, reafirmar su personalidad. Que «pase de nosotros» no quiere decir que no nos quiera.
  • Pero también hay una profunda angustia que debe tenerse en cuenta. Aunque parezca que les estorbamos, en realidad necesitan más que nunca nuestro afecto y apoyo, necesitan saber que «estamos ahí», de forma incondicional. Pensemos que, a menudo, no saben quien son. Estan buscando modelos y referentes, y, sobre todo, se están buscando a sí mismos.
  • A menudo se hace difícil mostrarles nuestro afecto, cuando parece que no nos obedecen en nada y que están tirando su vida y su futuro por la borda. Aunque a veces reneguemos de ellos y estemos hartos, continuamos siendo buenos padres.
  • Esta costumbre de los mayores de darles consejos, de forma insistente, es una de las cosas que más les molesta. Tal vez nada más haga falta recordarles que «apliquen el sentido común» o que «ya son lo bastante mayores como para saber qué han de hacer y qué no».
  • Si hemos sentado unas buenas bases durante la infancia, les hemos transmitido valores, hemos dialogado con ellos, etc., hemos de confiar en que todo eso «está ahí», aunque no lo parezca. Confiemos un poco más en ellos, y también en nuestro trabajo realizado.
  • Una de las cosas más difíciles para los padres es encontrar el equilibrio entre libertad y autoridad, dónde está el límite entre qué he de permitir y qué no: En resumen, cuándo me paso o cuándo me quedo corto. Cada persona tiene su estilo educativo, más rígido o más flexible. Pensemos en cómo nos educaron a nosotros, y que, a pesar de los errores de nuestros padres, seguro que no hemos salido tan mal.
Hace años, una psicóloga especializada en adolescentes, me dijo que había dos pautas generales:



  • La primera, no pretendamos ganar todas las batallas, mejor ganemos la guerra. Marquemos unos mínimos: unas obligaciones indiscutibles, una hora de llegada, pero no queramos tener «hijos modélicos».
  • La segunda, es mejor negociar que imponer. Por ejemplo, cómprate esta ropa (que a mi no me gusta) pero ve limpio. Ve a esa fiesta, pero ven a dormir a una hora prudente y mañana llega a clase a tu hora.



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HAY UN ADOLESCENTE EN CASA. 10 cambios psicológicos




La adolescencia dura unos cuantos años, desde la pubertad (11-12 años aproximadamente) hasta el principio de la juventud (18-19 aproximadamente). Durante este largo periodo, el joven tendrá que afrontar diversos retos. Además de los cambios físicos, se encuentra con:


  1. Inicio del pensamiento abstracto, la capacidad de imaginar un futuro.
  2. La sensación de que nadie le entiende y que, lo que le pasa, sólo le pasa a él/ella.
  3. Sentirse aceptado por el grupo, la sensación de pertenencia.
  4. Descubrir «quién soy», en medio de los muchos mensajes recibidos, tanto por parte de la família, como de la escuela, los amigos, la sociedad…
  5. Descubrimiento de la sexualidad, con uno mismo, con los demás y la identidad sexual.
  6. Toma de decisiones éticas propias (qué está bien, qué no, independientemente de los referentes familiares, los amigos…)
  7. Aprender nuevas formas de relación como persona joven, diferentes de las del niño.
  8. Encontrar el equilibrio entre la autonomía y la independencia. (Por ejemplo, viviendo con los padres y dependiendo económicamente de ellos, encontrar espacios de autonomía personal aparte de la família)
  9. Aprender a tener pareja.
  10. Aprender a vivir sin la família (emanciparse), aunque esto, hoy en día, sucede más tarde.


Cuando los padres pensamos en un adolescente, debemos pensar que todos estos cambios son progresivos, es un proceso largo, con idas y venidas. Es necesario que estemos preparados para los cambios, pero tampoco nos llegarán de golpe. También tendremos que confiar en nuestro hijo o hija y en todo lo que le hemos transmitido. El adolescente cuenta con una serie de herramientas, no está «solo ante el peligro». Las diversas herramientas del joven son, entre otras:


  • Las habilidades personales para afrontar los retos
  • La personalidad y el temperamento propios
  • La inteligencia emocional (cómo manejar las emociones)
  • La capacidad de acompañamiento de la familia
  • El apoyo del entorno: los amigos, otros familiares, la escuela...



El adolescente, por más que se muestre desafiante, independiente, que parezca que ya no necesita a nadie, en realidad necesita mucho afecto de los padres, «saber que están ahí». También necesita reconocimiento y valoración en las cosas que hace. A menudo, la actitud «contestona» y a veces desagradable del joven, hace que nos apartemos, crea un mal ambiente en la relación padres-hijos, que hay que re-hacer. Es muy importante establecer puentes de diálogo en momentos de tranquilidad.





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HAY UN ADOLESCENTE EN CASA. Los cambios físicos: la pubertad


La adolescencia es la etapa de la vida donde más cambios se dan. Y estos cambios son profundos y complejos.

Esto también afecta de forma muy especial a los padres, que tendrán que ir adaptándose y replanteándose muchos de sus principios e ideas.

  • En las niñas aparece entre los diez años y medio y los once, y en los niños, de doce y medio a trece. Pero esto varía mucho en función de la genética, la alimentación, la zona geográfica, etc.
  • Los cambios físicos pueden repercutir a nivel psicológico de diversas formas:
  • Por un lado, las chicas que están muy desarrolladas a una edad precoz, se encontrarán con que, de repente, los chicos las empezarán a tratar de forma diferente, y probablemente su maduración psicológica no está al mismo nivel. Esto les puede causar inseguridad, y sobre todo, no saber cómo reaccionar. Es frecuente que quieran esconder su feminidad con ropa ancha, o por el contrario, que actúen como si tuvieran más edad de la que tienen en realidad.
  • En el extremo contrario, tenemos a las chicas que tardan en desarrollarse, y cuando sus compañeras de doce o trece ya lucen un cuerpo de mujer, ellas se encuentran diferentes, y eso será causa de complejos. A esto habrá que añadir el efecto que causan algunas burlas que se encontrarán, con muy poco tacto, por parte de otros adolescentes.
  • A los chicos les pasa una cosa parecida, pero los que más sufrirán son los que tardan en crecer y desarrollarse, que se pueden sentir muy acomplejados ante los chicos que son más altos y corpulentos.
  • Se les debe explicar qué cambios hará su cuerpo, a fin de que lo vivan con normalidad. A menudo, si no están informados, lo viven con angustia, pensando que lo que les está pasando no es normal. Además, acostumbran a compararse con los amigos, y se encuentran diferentes.
  • La aceptación del propio cuerpo, en muchas personas no llegará hasta bien entrada la madurez. Estamos sujetos a mucha presión social sobre los cánones de belleza, unos cánones que sólo están al alcance de unos pocos. La mayor parte de la población tiene algún complejo respecto a su físico. Si esto nos pasa a los adultos, imaginemos cómo lo viven los adolescentes.
  • Hay que tratar de ayudarles a que vayan asumiendo poco a poco que, sea cual sea su aspecto, las personas que les quieren lo harán por quién son, no por cómo son.




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Un mensaje para madres y padres de adolescentes

 
La adolescencia es una etapa crucial en la vida de tu hij@.
Quiérele cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite.





Un mensaje para madres y padres.
 
 
Quiérele cuando te grite y no quiera saber de ti.

Cuando su mundo se derrumbe y crea que tú eres la causa, no te rindas; todo pasa.

Quiérele cuando todo le salga mal y no haya salida. Demuéstrale que sí, que sólo es una caída.

A veces ofrecerás tu ayuda y otras tendrás la duda, porque la adolescencia es una etapa de decisiones e indecisiones. Así que enséñale, aunque las quiera tomar solo. Si sale mal, dale tu apoyo y acepta que haga su camino aunque a veces signifique que tú cambies el tuyo. Porque hace ya años que tú encontraste el camino, pero, como él, también estabas perdido.

A su edad, tú también cuestionabas todo y no querías pautas o reglas de ningún modo.

Pero una madrugada, tras una noche fuera, me aseguraste que estabas buscando tu lugar en el mundo. Me confesaste que habías tomado decisiones, que tenías un plan, un proyecto de vida,... Yo no te entendía, pero recuerdo que te miré a los ojos y comprendí que en todo caos siempre hay un poco de orden; y en ocasiones hay que perderse para poder encontrarse.

Por eso, cuando veas que le quema el fuego por dentro, recuerda que a su edad tú también "saltaste", y, aunque muchas veces fallaste, otras muchas no.

Con el tiempo, quizás, logre ser el protagonista de su vida y entender que la autonomía y la libertad no están exentas de responsabilidad. Comprenderá que la buena suerte tiene sus reglas, y éstas se obtienen con esfuerzo cuando menos te lo esperas.

Así que, hasta entonces, si te ruge su fiera, espera, y aprende a lidiar con ella. ¿Prefieres que sea gato, o pantera?

Habrá veces que se pierda y entonces llore, grite y muerda. Es normal. Hay trayectos muy escondidos y momentos donde se dará por perdido. Pero tú tendrás que estar ahí, incondicionalmente. Ser su faro, y, cuando la noche lo encuentre, guiarle sin reparo. Y si aún así no puede y el viaje se hace largo, recordarle que siempre, siempre, tú le ofrecerás amparo.
 
La adolescencia es una etapa crucial en la vida de tu hij@.

Quiérele cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite.

 
 

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7 DECISIONES IMPORTANTES QUE TOMAMOS EN LA VIDA: El paso de la adolescencia a la juventud



Madurar cuesta. No es fácil. Hay que tomar decisiones importantes con la poca experiencia que aún tenemos. ¿Cuáles son las principales decisiones?

1. Qué quiero conseguir en la vida: En esta decisión pueden influir mucho los mensajes que hemos recibido de nuestra familia. «Hemos venido a este mundo a trabajar», o «la vida son cuatro días, lo mejor es divertirse», o «lo más importante es buscar la felicidad, o «hemos venido a este mundo a sufrir», o «has de ser el mejor». No sólo los mensajes verbales, sino también lo que se ha vivido y observado alrededor.
2. Cómo lo quiero conseguir: Trabajar mucho, aprovecharse del esfuerzo de los demás, casarse con alguien que te aporte lo que quieres, hacer trampas… Hay muchas formas de conseguir los objetivos. Hay decisiones, muchas veces inconscientes, que marcarán un camino.
3. Qué tipo de persona quiero ser: Luchador, trabajador, pasivo, conformado, aventurero… A medida que nos encontramos cómodos con nuestra forma de ser, vamos perfilando nuestra personalidad.
4. Cuáles son mis prioridades en la vida: A qué le doy más importancia: Las prioridades van cambiando. A los 20 pueden ser los amigos, la fiesta o los estudios, a los 35 quizás serán los hijos, y a los 60 hacer lo que realmente me gusta y me llena. El niño no tiene muchas opciones para elegir. Pero a medida que crecemos, vamos marcando nuestras prioridades.
5. Cómo es el mundo: Para el optimista, está lleno de oportunidades. Para el obsesivo, una pila de cosas a controlar. Para el paranoico, un nido de serpientes que quieren conspirar contra mí… Cada cual tiene su propia visión del mundo en función de su forma de ser.
6. Cómo son los otros: La decisión de «cómo son los otros» puede ser de muchas formas. «Los otros me ayudarán siempre que lo necesite», «me tengo que buscar la vida y no debo contar con nadie», «la gente sólo quiere aprovecharse de mí, no debo confiar en nadie», «lo importante es colaborar y ser un equipo», etc.
7. La sexualidad: En esta etapa también se define la forma de vivir la sexualidad, el género, la opción sexual y la frecuencia e importancia que se le da.
El paso de la adolescencia a la juventud está marcada por la crisis de la maduración. Si las decisiones se han tomado de una forma positiva, la persona adquirirá la autonomía (no tener que depender de los demás), alcanzará la libertad con responsabilidad (sabrá dónde empiezan y acaban los límites de la libertad) y vivirá su sexualidad de una forma sana y responsable.

Si se da una resolución desfavorable, se caerá en la dependencia o en la rebeldía (y por tanto, en no decidir libremente y de forma madura), las relaciones con los demás se volverán difíciles y puede haber una vivencia de la sexualidad en términos de represión, angustia o embrutecimiento, no respetar los sentimientos del otro, etc.



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La adolescencia y la crisis de maduración



Durante la infancia, el niño o niña, va recibiendo diferentes informaciones:

  • La família y el entorno del niño, le transmiten los valores sobre lo que está bien y mal, qué debe conseguir en la vida, qué cosas se valoran dentro de su ámbito, cómo hay que conseguir las metas, etc.
  • También se transmiten los prejuicios. La forma de pasar los mensajes, no solamente es verbal: los niños se fijan mucho en las actitudes, toman buena nota de qué hacen y cómo lo hacen los adultos que tienen alrededor. Ellos van registrando buena parte de la información que les rodea.
  • También tienen mucha importancia los comentarios que la família hace sobre terceras personas. Los elogios o críticas a los demás.
  • Digamos que, la família en primer lugar y el resto del entorno en segundo, son las fuentes de donde se nutre el niño o niña para aprender los valores.

Cuando llega la adolescencia, el joven tendrá que «decidir quién es». Para ello, debe tomar distancia de la família. Para afirmar su propia personalidad, ha de hacer una profunda revisión de los valores que le han transmitido. Ha de empezar a pensar por sí mismo y aceptar o rechazar los diferentes valores. Esto crea una profunda crisis de identidad:

    • ¿Quién soy?
    • ¿Qué haré con mi vida?
    • ¿Qué quiero estudiar?
    • ¿Quiero dejar de estudiar y ponerme a trabajar?
    • ¿Me gustan los chicos o las chicas?
    • ¿Qué tipo de chicos o chicas me gustan?

Es lo que se denomina, la crisis de maduración.

La adolescencia se inicia con la pubertad, que marca el principio de los cambios fisiológicos y hormonales, hacia los 11 o 12 años, y se acaba hacia los 18 o 20, dependiendo de cada persona, cuando el joven ha conseguido reafirmarse, y ha decidido quién es y cómo es.

Dentro de todo este proceso, el grupo es más importante que el indivíduo: se escucha la opìnión de los amigos, del grupo. Es la época del «mejor amigo», de «la amiga del alma». Hay una sobrevaloración de la amistad. Y también es la época de los ídolos, aquellas personas que parecen ser absolutamente perfectas y que se toman como modelos.

El adolescente, a menudo se encuentra perdido, desorientado y piensa que los padres no le entienden, sólo los amigos, que están en la misma situación, son capaces de entenderlo.

El adolescente hace un juicio del mundo, de la gente, y de sí mismo para definirse como persona.

 

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Cómo afrontar las crisis



La vida es una constante evolución. La sensación de estancamiento nos causa un sufrimiento del que intentamos salir. Hay momentos de “lucha”, de construir, de emprender nuevos proyectos, y también hay momentos para relajarse y disfrutar de lo que se ha conseguido. Pero también hay momentos de vacío existencial, de desorientación. Estos son los momentos de crisis.

Las crisis pueden tener dos salidas:

1. Hacia el estancamiento y la desesperación, o
2. Se pueden vivir como una oportunidad para el cambio, para revisar las asignaturas pendientes, para emprender todo aquello que siempre se ha querido hacer, para iniciar cambios en nuestra vida.

Las crisis son grandes oportunidades de cambio.

Podemos distinguir entre dos tipos de crisis:

1. Las crisis sobrevenidas: Quedarse sin trabajo, la ruptura con la pareja, una muerte traumática de alguien muy cercano, etc. nos lleva a la situación de tenernos que re-adaptar a la realidad. Nos provoca una crisis. Esta crisis la superaremos mejor o peor en función de cómo estemos nosotros, del apoyo externo, de nuestra propia personalidad, etc.

2. Las crisis naturales, debidas a la propia evolución: El paso de la infancia a la adolescencia, por ejemplo, supone una fuerte crisis de identidad, es uno de los cambios importantes que hacemos en la vida. Pero hay otros.

Se han descrito hasta 6 etapas en la vida, que suponen una serie de cambios. Entre una etapa y la otra, hay una crisis, que se puede resolver de forma espontánea con un cambio positivo, o puede crear un estancamiento y una mala resolución hacia actitudes y comportamientos negativos.

Las etapas que se han descrito en la evolución de la persona, son:

  • Paso de la infancia a la adolescencia
  • Paso de la adolescencia a la juventud
  • Paso de la juventud al adulto joven (crisis de los 30)
  • Paso del adulto joven al adulto maduro (crisis de los 40)
  • Paso del adulto maduro al anciano
  • Senectud

El hecho de superar bien el cambio de una etapa a otra, está en función de muchos factores: la historia de cada persona, el rol o actitud vital, las circunstancias externas, el apoyo con el que contamos para el cambio, etc.

Si no se ha superado bien un cambio de etapa, será mucho más difícil superar el siguiente, de manera que se irán arrastrando cambios no resueltos.




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Tengo un hijo o hija adolescente (4)

La rebelión forma parte de la adolescencia. El joven necesita distanciarse, desmarcarse de la familia para crecer. Y esta rebelión va siempre acompañada de angustia por parte del joven y también de angustia y enfado por parte de los padres, que a menudo no entienden qué está pasando.


Muchas veces, un familiar cercano (hermano mayor, tío, tía) o un amigo, un maestro, etc. pueden jugar un papel importante en estos momentos difíciles. Es importante que el joven pueda acudir a un adulto de confianza si tiene un problema grave, cuando hay un fuerte distanciamiento entre padres e hijos... Seguir leyendo...


Tengo un hijo o hija adolescente (3)

Nadie nos enseña a ser padres. Lo vamos aprendiendo “sobre la marcha”, con las decisiones que debemos tomar en el día a día. El padre y la madre también son personas, con sus propias virtudes y carencias. Los padres también tienen derecho a equivocarse. Partiendo de esta base, veamos cuáles son los principales miedos y herramientas con que cuentan los padres.


A menudo tenemos la sensación de haber fracasado como padres cuando los hijos se rebelan contra todo y parece que han olvidado la educación y los buenos modales. Pensemos que, bajo esta rebelión, hay una necesidad de distancia para poder encontrar su propia identidad, reafirmar su personalidad, y también hay una profunda angustia que conviene tener en cuenta. Aunque parezca que les estorbamos, en realidad necesitan más que nunca nuestro afecto y apoyo...  Seguir leyendo...   

Tengo un hijo o hija adolescente (2)

La semana pasada veíamos los cambios físicos que comporta la adolescencia y los complejos que puede llevar asociados. Hoy hablaremos de los principales cambios psicológicos.


La adolescencia dura unos cuantos años, desde la pubertad (11-12 años aproximadamente) hasta el principio de la juventud (18-19 aproximadamente). Durante este largo periodo, el joven tendrá que afrontar diversos retos. Además de los cambios físicos, se encuentran con:

  • Inicio del pensamiento abstracto, la capacidad de imaginar un futuro.
  • La sensación de que nadie le entiende y que lo que le pasa, sólo le pasa a él... Seguir leyendo...


Tengo un hijo o hija adolescente (1)

Hace algún tiempo, dentro del ciclo de artículos sobre las etapas de evolución de la vida, hice un artículo sobre la adolescencia que tuvo muy buena acogida. Algunas personas me pidieron que profundizara sobre este tema. Ahora inicio una serie de artículos que intentarán aportar un poco de luz sobre las cuestiones que giran entorno a esta compleja etapa vital.


La adolescencia es la etapa de la vida donde más cambios se dan. Y estos cambios, que son profundos y complejos, también afectan a las personas que rodean al adolescente, de forma muy especial a los padres, que se tendrán que ir adaptando y replanteando muchos de sus principios e ideas... Seguir leyendo...

El adulto joven y la construcción del futuro

Veíamos la semana pasada cómo el adolescente se reafirma, hace un juicio del mundo, de los demás y de sí mismo, y alcanza cierta independencia con responsabilidad para pasar a la siguiente etapa, la que llamamos “el adulto joven”.


Esta nueva etapa irá de los 18 o 20, o incluso más tarde, dependiendo de las circunstancias (hoy en día, con las dificultades para encontrar trabajo y que muchos jóvenes viven con los padres hasta tarde, se ha alargado mucho la etapa más “dependiente” de la adolescencia) hasta lo que llamaremos “crisis de la experiencia del límite” (o crisis de los 30).

En esta nueva etapa, la persona ya conoce sus capacidades, enfoca su vida profesional hacia aquello que le gusta, intentará prepararse... Seguir leyendo... 





Del adolescente al adulto joven

La semana pasada veíamos cómo el adolescente se encuentra ante una serie de valores que le han transmitido a lo largo de la infancia desde diferentes ámbitos y cómo ha de decidir de entre todos ellos para crear su propia personalidad y escala de valores.


 
Estos valores tienen que ver con lo que se quiere conseguir en la vida, cómo se quiere conseguir, qué tipo de persona se quiere ser, y cuales son las prioridades en la vida, a qué se le da más importancia, entre otras cosas.
Hay tres cuestiones fundamentales sobre las que se decide en esta etapa: Cómo es el mundo, cómo son los demás y cómo soy yo. Y estas decisiones quedaran muy arraigadas en la persona y condicionaran su vida y sus decisiones en el futuro. Las decisiones sobre el mundo, por ejemplo, pueden ser: “hemos venido a este mundo a trabajar”, o “la vida son cuatro días, lo mejor es divertirse”, o “lo más importante es buscar la felicidad”, o “hemos venido a este mundo a sufrir”, o “la vida es fantástica”, o “la vida es un asco”, etc. Seguir leyendo...


El paso de la infancia a la adolescencia

Dentro de las etapas de la evolución de la persona hay diferentes épocas que marcan un fuerte cambio y consecuentemente comportan una crisis importante. Hoy hablaremos del primero de estos fuertes cambios: el paso de la infancia a la adolescencia.
 
Durante la infancia, el niño o niña, va recibiendo diferentes informaciones. La principal fuente proviene de la familia: los padres, hermanos y abuelos, y la familia extensa. Pero no es la única fuente. También recibe la influencia de la escuela, el entorno social, el barrio, los amigos y amigas, las familias de los amigos, la televisión, etc.
 
 
La familia y el entorno del niño le transmiten los valores sobre qué está bien y mal, qué debe de conseguir en la vida, qué cosas se valoran dentro de su ámbito, cómo se deben alcanzar las metas, etc. También se transmiten los prejuicios. La manera de pasar los mensajes no solamente es verbal: los niños se fijan mucho en las actitudes, toman buena nota de qué hacen y cómo lo hacen los adultos que tienen alrededor... Seguir leyendo... 
 

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