Carmen Ruíz Repullo, socióloga, mediante el cuento de Pepa y Pepe, visualiza cómo l@s adolescentes acceden al peligroso círculo de la violencia de género.
Este clarificador video es un fragmento de la ponencia que tuvo lugar en abril de 2015 en el Centro del Profesorado de Orcera, en el desarrollo de las JORNADAS DE SEGUIMIENTO DEL PLAN DE IGUALDAD.
Graduando violencias cotidianas:
Si lo quieres ver entero, te lo facilito a continuación:
NOTA: Si te ha gustado, por favor comparte. Y si quieres hacer algún comentario, me será muy útil y de gran interés.
Este escrito no sé de quién es, me ha llegado mediante la red, pero lo he encontrado tan interesante y bonito que lo quiero compartir y esparcir aún más:
Si observamos con cuidado, podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene entre cincuenta y setenta años.
A este grupo pertenece una generación que ha echado del idioma la palabra "envejecer", porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de hacerlo.
Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición, en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del S. XX para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.
Este nuevo grupo humano que hoy ronda los cincuenta, sesenta o setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria.
Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura latinoamericana le dio durante décadas al concepto del trabajo.
Lejos de las tristes oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron hace mucho tiempo la actividad que más les gustaba y se ganan la vida con ello.
Supuestamente debe ser por eso que se sienten plenos; algunos ni sueñan con jubilarse.
Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temor al ocio o la soledad, crecen desde dentro. Gozan el ocio, para que después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale ver el mar con la mente.
Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de "cincuenta, sesenta o setenta", hombres y mujeres, maneja el ordenador como si lo hubiera hecho toda la vida. Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos e incluso se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un correo electrónico o whatsapp.
Hoy la gente de 50 60 o 70, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE; antes, los de esta edad, eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud pero sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben. La gente de 50, 60 y 70 de hoy celebra el Sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo ... hacen planes con su propia vida, no con la de los demás. Quizás por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los del siglo XXI.
La juventud se lleva por dentro.
La diferencia entre un niño y un adulto, simplemente es el precio de sus juguetes.
(Traducción a cargo de Rosa Muro Guardiola)
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11. Es necesario establecer unos límites claros y hacerlos saber: funciones que tiene el joven en casa, hora de llegada, normas inamovibles de la casa, etc.
12. En las discusiones (y esto vale para todo el mundo) es importante destacar las cosas positivas y no sacar cada vez los mismos “trapos sucios”.
13. Hay que escucharles y tener en cuenta, ya que ellos están formando sus propias opiniones, que tal vez no compartimos, pero a todos nos gusta que nos escuchen y nos respeten.
14. En las discusiones (y esto también es válido para todo el mundo) es mejor hablar de la conducta que de la persona: por ejemplo, “no me gusta esto que haces” es mucho mejor que “no me gusta cómo eres”.
15. A menudo los jóvenes se quejan de que se les trata como a delincuentes por el mero hecho de ser jóvenes, que la gente les habla o mira mal. Conviene que superemos los prejuicios en este sentido, si es que los tenemos.
16. Aprovechar el momento oportuno para hablar, es mejor que forzarlo.
17. Ante un problema, escuchemos las soluciones que puede aportar el joven, no siempre tenemos nosotros la respuesta correcta.
18. Mejor negociar que discutir. Hay normas inamovibles, pero también hay cuestiones que se han de poder negociar.
19. Es importante valorar sus gustos, a sus amigos... Si les criticamos sistemáticamente, estamos levantando un muro.
20. Evitemos dramatizar: es normal que prueben el tabaco y el alcohol, por ejemplo, pero no necesariamente se han de volver adictos.
21. No olvidemos nuestro rol de padres, hay problemas que deberemos afrontar, no podemos hacer siempre “la vista gorda” o esperar que lo solucionen los demás (escuela, amigos)... o esperar a que se resuelva solo.
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Si
tu hijo/a adolescente es rebelde, tienes un hijo/a normal. La
rebelión forma parte de la adolescencia. El joven necesita
distanciarse, desmarcarse de la familia para crecer. Y esta rebelión
va siempre acompañada de angustia por parte del joven y también de
angustia y enfado por parte de los padres, que a menudo no entienden
qué está pasando.
Es
importante que el joven pueda acudir a un adulto de confianza si
tiene un problema grave, cuando hay un fuerte distanciamiento entre
padres e hijos. Muchas veces, un familiar cercano, hermano mayor,
tío, tía, etc., pueden jugar un papel importante en estos
momentos.
Cada
persona, cada familia tiene su propio estilo, sus principios. No
todos los padres lo hacen igual y seguramente está bien.
Los
jóvenes necesitan cierta libertad para “ensayar” su nueva vida,
y es conveniente darles un espacio (adecuado a su edad) y confiar en
ellos. Se pueden equivocar, pero es peor que se queden encerrados en
casa.
También
hay que darles seguridad y afecto, que se sepan queridos y
aceptados, pase lo que pase.
El
manejo de la frustración es otro punto importante, saber apoyarles
en momentos de “caída”, animarles a levantarse y volver a
empezar.
Ante
un problema grave, los padres deben hacer un frente común, evitar
las desavenencias que a menudo surgen. Hay que evitar las
discusiones de quién tiene la culpa del comportamiento de los
hijos, acusarse mutuamente, etc., y buscar soluciones juntos.
No
es fácil ser padres de un joven que parece que haya perdido todos
los modales, la educación y se muestra desafiante y egoísta. En
momentos así, los padres pueden caer en una postura radical, de
castigos, reproches, que aún distanciará más las posturas. Por
más difícil que parezca, hay que tomarlo con calma y tratar de
restablecer puentes de diálogo.
Un
error frecuente es querer hacer “de amigo, de colega” de los
hijos. Éste no es el rol que toca: los padres son los padres y los
amigos son los amigos.
El
hecho de que los hijos se hagan mayores, también crea en algunos
padres y madres la sensación de que “ya no son necesarios”, se
sienten desubicados, y puede ser que, de forma inconsciente, no
dejen crecer al hijo, que no le dejen marchar.
También
se da a menudo el caso de que haya una situación familiar
complicada (paro, problemas en la pareja, etc.) y que se haga recaer
toda la culpa en la conducta del adolescente. Esto no es justo ni
ayuda a nadie.
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Nadie
nos enseña a ser padres. Lo vamos aprendiendo «sobre la marcha».
El padre y la madre, también son personas, con sus propias virtudes
y carencias. Los padres también tenemos
derecho a equivocarnos. Es
importante recordarlo y, sobre todo, perdonarnos
por nuestros errores.
A
menudo tenemos la sensación de haber fracasado como padres cuando
los hijos se rebelan contra todo y parece que han olvidado la
educación y los buenos modales. Hablar con otros padres nos hará
darnos cuenta de que no somos los únicos a los que les pasa.
Debajo
de esta rebelión hay una necesidad de distancia: el adolescente
necesita distanciarse emocionalmente de los padres para poder
encontrar su propia identidad, reafirmar su personalidad. Que «pase
de nosotros» no quiere decir que no nos quiera.
Pero
también hay una profunda angustia que debe tenerse en cuenta.
Aunque parezca que les estorbamos, en realidad necesitan más que
nunca nuestro afecto y apoyo, necesitan saber que «estamos ahí»,
de forma incondicional. Pensemos que, a menudo, no saben quien son.
Estan buscando modelos y referentes, y, sobre todo, se están
buscando a sí mismos.
A
menudo se hace difícil mostrarles nuestro afecto, cuando parece que
no nos obedecen en nada y que están tirando su vida y su futuro por
la borda. Aunque a veces reneguemos de ellos y estemos hartos,
continuamos siendo buenos padres.
Esta
costumbre de los mayores de darles consejos, de forma insistente, es
una de las cosas que más les molesta. Tal vez nada más haga falta
recordarles que «apliquen el sentido común» o que «ya son lo
bastante mayores como para saber qué han de hacer y qué no».
Si
hemos sentado unas buenas bases durante la infancia, les hemos
transmitido valores, hemos dialogado con ellos, etc., hemos de
confiar en que todo eso «está ahí», aunque no lo parezca.
Confiemos un poco más en ellos, y también en nuestro trabajo
realizado.
Una
de las cosas más difíciles para los padres es encontrar el
equilibrio entre libertad y autoridad, dónde está el límite entre
qué he de permitir y qué no: En resumen, cuándo me paso o cuándo
me quedo corto. Cada persona tiene su estilo educativo, más rígido
o más flexible. Pensemos en cómo nos educaron a nosotros, y que, a
pesar de los errores de nuestros padres, seguro que no hemos salido
tan mal.
Hace
años, una psicóloga especializada en adolescentes, me dijo que
había dos pautas generales:
La
primera, no pretendamos ganar todas las batallas, mejor ganemos la
guerra. Marquemos unos mínimos: unas obligaciones indiscutibles,
una hora de llegada, pero no queramos tener «hijos modélicos».
La
segunda, es mejor negociar que imponer. Por ejemplo, cómprate esta
ropa (que a mi no me gusta) pero ve limpio. Ve a esa fiesta, pero
ven a dormir a una hora prudente y mañana llega a clase a tu hora.
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La
adolescencia dura unos cuantos años, desde la pubertad (11-12 años
aproximadamente) hasta el principio de la juventud (18-19
aproximadamente). Durante este largo periodo, el joven tendrá que
afrontar diversos retos. Además de los cambios físicos, se
encuentra con:
Inicio
del pensamiento abstracto, la capacidad de imaginar
un futuro.
La
sensación de que nadie
le entiende
y que, lo que le pasa, sólo le pasa a él/ella.
Sentirse
aceptado
por el grupo,
la sensación de pertenencia.
Descubrir
«quién
soy»,
en medio de los muchos mensajes recibidos, tanto por parte de la
família, como de la escuela, los amigos, la sociedad…
Descubrimiento
de la
sexualidad,
con uno mismo, con los demás y la identidad sexual.
Toma
de decisiones
éticas
propias (qué está bien, qué no, independientemente de los
referentes familiares, los amigos…)
Aprender
nuevas formas de relación
como persona joven, diferentes de las del niño.
Encontrar
el equilibrio entre la autonomía y la independencia. (Por ejemplo,
viviendo con los padres y dependiendo económicamente de ellos,
encontrar espacios de autonomía personal aparte de la família)
Aprender
a tener
pareja.
Aprender
a vivir sin la família (emanciparse),
aunque esto, hoy en día, sucede más tarde.
Cuando
los padres pensamos en un adolescente, debemos pensar que todos estos
cambios son progresivos, es un proceso largo, con idas y venidas. Es
necesario que estemos preparados para los cambios, pero tampoco
nos llegarán de golpe.
También tendremos que confiar
en
nuestro hijo o hija y en todo lo que le hemos transmitido. El
adolescente cuenta con una serie de herramientas, no está «solo
ante el peligro». Las diversas herramientas del joven son, entre
otras:
Las
habilidades personales para afrontar los retos
La
personalidad y el temperamento propios
La
inteligencia emocional (cómo manejar las emociones)
La
capacidad de acompañamiento de la familia
El
apoyo del entorno: los amigos, otros familiares, la escuela...
El
adolescente, por más que se muestre desafiante, independiente, que
parezca que ya no necesita a nadie, en realidad necesita
mucho afecto de los padres,
«saber que están ahí». También necesita reconocimiento
y valoración en
las cosas que hace. A menudo, la actitud «contestona» y a veces
desagradable del joven, hace que nos apartemos, crea un mal ambiente
en la relación padres-hijos, que hay que re-hacer. Es muy importante
establecer puentes de diálogo en momentos de tranquilidad.
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La
adolescencia es la etapa de la vida donde más cambios se dan. Y
estos cambios son profundos y complejos.
Esto
también afecta de forma muy especial a los padres, que tendrán que
ir adaptándose y replanteándose muchos de sus principios e ideas.
En
las niñas aparece entre los diez años y medio y los once, y en los
niños, de doce y medio a trece. Pero esto varía mucho en función
de la genética, la alimentación, la zona geográfica, etc.
Los
cambios físicos pueden repercutir a nivel psicológico de diversas
formas:
Por
un lado, las chicas que están muy desarrolladas a una edad precoz,
se encontrarán con que, de repente, los chicos las empezarán a
tratar de forma diferente, y probablemente su maduración
psicológica no está al mismo nivel. Esto les puede causar
inseguridad, y sobre todo, no saber
cómo reaccionar. Es frecuente que quieran esconder su feminidad con
ropa ancha, o por el contrario, que actúen como si tuvieran más
edad de la que tienen en realidad.
En
el extremo contrario, tenemos a las chicas que tardan en
desarrollarse, y cuando sus compañeras de doce o trece ya lucen un
cuerpo de mujer, ellas se encuentran diferentes, y eso será causa
de complejos.
A esto habrá que añadir el efecto que causan algunas burlas que se
encontrarán, con muy poco tacto, por parte de otros adolescentes.
A
los chicos les pasa una cosa parecida, pero los que más sufrirán
son los que tardan en crecer y desarrollarse, que se pueden sentir
muy acomplejados ante los chicos que son más altos y corpulentos.
Se
les debe explicar qué cambios hará su cuerpo, a
fin de que lo vivan con normalidad. A menudo, si no están
informados, lo viven con angustia, pensando que lo que les está
pasando no es normal. Además, acostumbran a compararse con los
amigos, y se encuentran diferentes.
La
aceptación del propio cuerpo, en
muchas personas no llegará hasta bien entrada la madurez. Estamos
sujetos a mucha presión social sobre los cánones de belleza, unos
cánones que sólo están al alcance de unos pocos. La mayor parte
de la población tiene algún complejo respecto a su físico. Si
esto nos pasa a los adultos, imaginemos cómo lo viven los
adolescentes.
Hay
que tratar de ayudarles a que vayan asumiendo poco a poco que, sea
cual sea su aspecto, las personas que les quieren lo harán por
quién son,
no por cómo son.
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La adolescencia es una etapa crucial en la vida de tu hij@. Quiérele cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite.
Un mensaje para madres y padres.
Quiérele cuando te grite y no quiera saber de ti.
Cuando su mundo se derrumbe y crea que tú eres la causa, no te rindas; todo pasa.
Quiérele cuando todo le salga mal y no haya salida. Demuéstrale que sí, que sólo es una caída.
A veces ofrecerás tu ayuda y otras tendrás la duda, porque la adolescencia es una etapa de decisiones e indecisiones. Así que enséñale, aunque las quiera tomar solo. Si sale mal, dale tu apoyo y acepta que haga su camino aunque a veces signifique que tú cambies el tuyo. Porque hace ya años que tú encontraste el camino, pero, como él, también estabas perdido.
A su edad, tú también cuestionabas todo y no querías pautas o reglas de ningún modo.
Pero una madrugada, tras una noche fuera, me aseguraste que estabas buscando tu lugar en el mundo. Me confesaste que habías tomado decisiones, que tenías un plan, un proyecto de vida,... Yo no te entendía, pero recuerdo que te miré a los ojos y comprendí que en todo caos siempre hay un poco de orden; y en ocasiones hay que perderse para poder encontrarse.
Por eso, cuando veas que le quema el fuego por dentro, recuerda que a su edad tú también "saltaste", y, aunque muchas veces fallaste, otras muchas no.
Con el tiempo, quizás, logre ser el protagonista de su vida y entender que la autonomía y la libertad no están exentas de responsabilidad. Comprenderá que la buena suerte tiene sus reglas, y éstas se obtienen con esfuerzo cuando menos te lo esperas.
Así que, hasta entonces, si te ruge su fiera, espera, y aprende a lidiar con ella. ¿Prefieres que sea gato, o pantera?
Habrá veces que se pierda y entonces llore, grite y muerda. Es normal. Hay trayectos muy escondidos y momentos donde se dará por perdido. Pero tú tendrás que estar ahí, incondicionalmente. Ser su faro, y, cuando la noche lo encuentre, guiarle sin reparo. Y si aún así no puede y el viaje se hace largo, recordarle que siempre, siempre, tú le ofrecerás amparo.
La adolescencia es una etapa crucial en la vida de tu hij@.
Quiérele cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite.
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Madurar
cuesta. No es fácil. Hay que tomar decisiones importantes con la
poca experiencia que aún tenemos. ¿Cuáles son las principales
decisiones?
1.
Qué quiero conseguir en la vida: En
esta decisión pueden influir mucho los mensajes que hemos recibido
de nuestra familia. «Hemos venido a este mundo a trabajar», o «la
vida son cuatro días, lo mejor es divertirse», o «lo más
importante es buscar la felicidad, o «hemos venido a este mundo a
sufrir», o «has de ser el mejor». No sólo los mensajes verbales,
sino también lo que se ha vivido y observado alrededor.
2.
Cómo lo quiero conseguir: Trabajar
mucho, aprovecharse del esfuerzo de los demás, casarse con alguien
que te aporte lo que quieres, hacer trampas… Hay muchas formas de
conseguir los objetivos. Hay decisiones, muchas veces inconscientes,
que marcarán un camino.
3.
Qué tipo de persona quiero ser: Luchador,
trabajador, pasivo, conformado, aventurero… A medida que nos
encontramos cómodos con nuestra forma de ser, vamos perfilando
nuestra personalidad.
4.
Cuáles son mis prioridades en la vida: A
qué le doy más importancia: Las prioridades van cambiando. A los 20
pueden ser los amigos, la fiesta o los estudios, a los 35 quizás
serán los hijos, y a los 60 hacer lo que realmente me gusta y me
llena. El niño no tiene muchas opciones para elegir. Pero a medida
que crecemos, vamos marcando nuestras prioridades.
5.
Cómo es el mundo: Para
el optimista, está lleno de oportunidades. Para el obsesivo, una
pila de cosas a controlar. Para el paranoico, un nido de serpientes
que quieren conspirar contra mí… Cada cual tiene su propia visión
del mundo en función de su forma de ser.
6.
Cómo son los otros: La
decisión de «cómo son los otros» puede ser de muchas formas. «Los
otros me ayudarán siempre que lo necesite», «me tengo que buscar
la vida y no debo contar con nadie», «la gente sólo quiere
aprovecharse de mí, no debo confiar en nadie», «lo importante es
colaborar y ser un equipo», etc.
7.
La sexualidad: En
esta etapa también se define la forma de vivir la sexualidad, el
género, la opción sexual y la frecuencia e importancia que se le
da.
El
paso de la adolescencia a la juventud está marcada por la crisis de
la maduración. Si las decisiones se han tomado de una forma
positiva, la persona adquirirá la autonomía (no tener que depender
de los demás), alcanzará la libertad con responsabilidad (sabrá
dónde empiezan y acaban los límites de la libertad) y vivirá su
sexualidad de una forma sana y responsable.
Si
se da una resolución desfavorable, se caerá en la dependencia o en
la rebeldía (y por tanto, en no decidir libremente y de forma
madura), las relaciones con los demás se volverán difíciles y
puede haber una vivencia de la sexualidad en términos de represión,
angustia o embrutecimiento, no respetar los sentimientos del otro,
etc.
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Durante
la infancia, el niño o niña, va recibiendo diferentes
informaciones:
La
família y el entorno del
niño, le transmiten los valores sobre lo que está bien y mal, qué
debe conseguir en la vida, qué cosas se valoran dentro de su
ámbito, cómo hay que conseguir las metas, etc.
También
se transmiten los prejuicios. La
forma de pasar los mensajes, no solamente es verbal: los niños se
fijan mucho en las actitudes, toman buena nota de qué hacen y cómo
lo hacen los adultos que tienen alrededor. Ellos van registrando
buena parte de la información que les rodea.
También
tienen mucha importancia los
comentarios que
la família hace sobre terceras personas. Los elogios o críticas a
los demás.
Digamos
que, la família en primer lugar y el resto del entorno en segundo,
son las fuentes de donde se nutre el niño o niña para aprender los
valores.
Cuando
llega la adolescencia, el joven tendrá que «decidir
quién es». Para
ello, debe tomar distancia de la família. Para afirmar su propia
personalidad, ha de hacer una profunda
revisión de los valores que
le han transmitido. Ha de empezar a pensar por sí mismo y aceptar o
rechazar los diferentes valores. Esto crea una profunda crisis
de identidad:
¿Quién soy?
¿Qué haré con mi vida?
¿Qué quiero estudiar?
¿Quiero dejar de estudiar y
ponerme a trabajar?
¿Me gustan los chicos o las
chicas?
¿Qué tipo de chicos o chicas me
gustan?
Es lo que se denomina, la crisis de
maduración.
La
adolescencia se inicia con la pubertad, que marca el principio de los
cambios fisiológicos y hormonales, hacia los 11 o 12 años, y se
acaba hacia los 18 o 20, dependiendo de cada persona, cuando el joven
ha conseguido reafirmarse, y ha decidido quién es y cómo es.
Dentro
de todo este proceso, el grupo es más
importante que el indivíduo: se
escucha la opìnión de los amigos, del grupo. Es la época del
«mejor amigo», de «la amiga del alma». Hay una sobrevaloración
de la amistad. Y también es la época de los ídolos,
aquellas
personas que parecen ser absolutamente perfectas y que se toman como
modelos.
El
adolescente, a menudo se encuentra perdido, desorientado y piensa que
los padres no le entienden, sólo los amigos, que están en la misma
situación, son capaces de entenderlo.
El
adolescente hace un juicio del
mundo, de la gente, y
de sí mismo para
definirse como persona.
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La
vida es una constante evolución. La sensación de estancamiento nos
causa un sufrimiento del que intentamos salir. Hay momentos de
“lucha”, de construir, de emprender nuevos proyectos, y también
hay momentos para relajarse y disfrutar de lo que se ha conseguido.
Pero también hay momentos de vacío existencial, de desorientación.
Estos son los momentos de crisis.
Las
crisis pueden tener dos salidas:
1.
Hacia el estancamiento y la desesperación, o
2.
Se pueden vivir como una oportunidad para el cambio, para revisar las
asignaturas pendientes, para emprender todo aquello que siempre se ha
querido hacer, para iniciar cambios en nuestra vida.
Las
crisis son grandes oportunidades de cambio.
Podemos distinguir entre dos tipos
de crisis:
1.
Las
crisis sobrevenidas:
Quedarse sin trabajo, la ruptura con la pareja, una muerte traumática
de alguien muy cercano, etc. nos lleva a la situación de tenernos
que re-adaptar a la realidad. Nos provoca una crisis. Esta crisis la
superaremos mejor o peor en función de cómo estemos nosotros, del
apoyo externo, de nuestra propia personalidad, etc.
2.
Las crisis naturales, debidas a la
propia evolución: El paso de la
infancia a la adolescencia, por ejemplo, supone una fuerte crisis de
identidad, es uno de los cambios importantes que hacemos en la vida.
Pero hay otros.
Se
han descrito hasta 6 etapas en la vida, que suponen una serie de
cambios. Entre una etapa y la otra, hay una crisis, que se puede
resolver de forma espontánea con un cambio positivo, o puede crear
un estancamiento y una mala resolución hacia actitudes y
comportamientos negativos.
Las
etapas que se han descrito en la evolución de la persona, son:
Paso
de la infancia a la adolescencia
Paso
de la adolescencia a la juventud
Paso
de la juventud al adulto joven (crisis de los 30)
Paso
del adulto joven al adulto maduro (crisis de los 40)
Paso
del adulto maduro al anciano
Senectud
El
hecho de superar bien el cambio de una etapa a otra, está en función
de muchos factores: la historia de cada persona, el rol o actitud
vital, las circunstancias externas, el apoyo con el que contamos para
el cambio, etc.
Si
no se ha superado bien un cambio de etapa, será mucho más difícil
superar el siguiente, de manera que se irán arrastrando cambios no
resueltos.
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La rebelión forma parte
de la adolescencia. El joven necesita distanciarse, desmarcarse de la familia
para crecer. Y esta rebelión va siempre acompañada de angustia por parte del
joven y también de angustia y enfado por parte de los padres, que a menudo no
entienden qué está pasando.
Muchas veces, un familiar
cercano (hermano mayor, tío, tía) o un amigo, un maestro, etc. pueden jugar un
papel importante en estos momentos difíciles. Es importante que el joven pueda
acudir a un adulto de confianza si tiene un problema grave, cuando hay un
fuerte distanciamiento entre padres e hijos... Seguir leyendo...
Nadie nos enseña a ser padres. Lo vamos aprendiendo
“sobre la marcha”, con las decisiones que debemos tomar en el día a día. El
padre y la madre también son personas, con sus propias virtudes y carencias.
Los padres también tienen derecho a equivocarse. Partiendo de esta base, veamos
cuáles son los principales miedos y herramientas con que cuentan los padres.
A menudo tenemos la sensación de haber fracasado
como padres cuando los hijos se rebelan contra todo y parece que han olvidado
la educación y los buenos modales. Pensemos que, bajo esta rebelión, hay una
necesidad de distancia para poder encontrar su propia identidad, reafirmar su
personalidad, y también hay una profunda angustia que conviene tener en cuenta.
Aunque parezca que les estorbamos, en realidad necesitan más que nunca nuestro
afecto y apoyo... Seguir leyendo...
La semana pasada veíamos
los cambios físicos que comporta la adolescencia y los complejos que puede
llevar asociados. Hoy hablaremos de los principales cambios psicológicos.
La adolescencia dura unos
cuantos años, desde la pubertad (11-12 años aproximadamente) hasta el principio
de la juventud (18-19 aproximadamente). Durante este largo periodo, el joven
tendrá que afrontar diversos retos. Además de los cambios físicos, se
encuentran con:
Inicio del pensamiento abstracto, la
capacidad de imaginar un futuro.
La sensación de que nadie le entiende y
que lo que le pasa, sólo le pasa a él... Seguir leyendo...
Hace algún
tiempo, dentro del ciclo de artículos sobre las etapas de evolución de la vida,
hice un artículo sobre la adolescencia que tuvo muy buena acogida. Algunas
personas me pidieron que profundizara sobre este tema. Ahora inicio una serie
de artículos que intentarán aportar un poco de luz sobre las cuestiones que
giran entorno a esta compleja etapa vital.
La
adolescencia es la etapa de la vida donde más cambios se dan. Y estos cambios,
que son profundos y complejos, también afectan a las personas que rodean al
adolescente, de forma muy especial a los padres, que se tendrán que ir
adaptando y replanteando muchos de sus principios e ideas... Seguir leyendo...
Veíamos la semana pasada cómo el adolescente se
reafirma, hace un juicio del mundo, de los demás y de sí mismo, y alcanza
cierta independencia con responsabilidad para pasar a la siguiente etapa, la
que llamamos “el adulto joven”.
Esta nueva etapa irá de los 18 o 20, o incluso más
tarde, dependiendo de las circunstancias (hoy en día, con las dificultades para
encontrar trabajo y que muchos jóvenes viven con los padres hasta tarde, se ha
alargado mucho la etapa más “dependiente” de la adolescencia) hasta lo que
llamaremos “crisis de la experiencia del límite” (o crisis de los 30).
En esta nueva etapa, la persona ya conoce sus
capacidades, enfoca su vida profesional hacia aquello que le gusta, intentará
prepararse... Seguir leyendo...
La semana pasada veíamos cómo el adolescente se
encuentra ante una serie de valores que le han transmitido a lo largo de la
infancia desde diferentes ámbitos y cómo ha de decidir de entre todos ellos
para crear su propia personalidad y escala de valores.
Estos valores tienen que ver con lo que se quiere
conseguir en la vida, cómo se quiere conseguir, qué tipo de persona se quiere
ser, y cuales son las prioridades en la vida, a qué se le da más importancia,
entre otras cosas.
Hay tres cuestiones fundamentales sobre las que se
decide en esta etapa: Cómo es el mundo,
cómo son los demás y cómo soy yo. Y estas decisiones quedaran muy
arraigadas en la persona y condicionaran su vida y sus decisiones en el futuro.
Las decisiones sobre el mundo, por ejemplo, pueden ser: “hemos venido a este
mundo a trabajar”, o “la vida son cuatro días, lo mejor es divertirse”, o “lo
más importante es buscar la felicidad”, o “hemos venido a este mundo a sufrir”,
o “la vida es fantástica”, o “la vida es un asco”, etc. Seguir leyendo...
Dentro de las etapas de la evolución de la
persona hay diferentes épocas que marcan un fuerte cambio y consecuentemente
comportan una crisis importante. Hoy hablaremos del primero de estos fuertes
cambios: el paso de la infancia a la adolescencia.
Durante la infancia, el niño o niña, va
recibiendo diferentes informaciones. La principal fuente proviene de la
familia: los padres, hermanos y abuelos, y la familia extensa. Pero no es la
única fuente. También recibe la influencia de la escuela, el entorno social, el
barrio, los amigos y amigas, las familias de los amigos, la televisión, etc.
La familia y el entorno del niño le
transmiten los valores sobre qué está bien y mal, qué debe de conseguir en la
vida, qué cosas se valoran dentro de su ámbito, cómo se deben alcanzar las
metas, etc. También se transmiten los prejuicios. La manera de pasar los
mensajes no solamente es verbal: los niños se fijan mucho en las actitudes,
toman buena nota de qué hacen y cómo lo hacen los adultos que tienen alrededor...
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