La
adolescencia dura unos cuantos años, desde la pubertad (11-12 años
aproximadamente) hasta el principio de la juventud (18-19
aproximadamente). Durante este largo periodo, el joven tendrá que
afrontar diversos retos. Además de los cambios físicos, se
encuentra con:
- Inicio del pensamiento abstracto, la capacidad de imaginar un futuro.
- La sensación de que nadie le entiende y que, lo que le pasa, sólo le pasa a él/ella.
- Sentirse aceptado por el grupo, la sensación de pertenencia.
- Descubrir «quién soy», en medio de los muchos mensajes recibidos, tanto por parte de la família, como de la escuela, los amigos, la sociedad…
- Descubrimiento de la sexualidad, con uno mismo, con los demás y la identidad sexual.
- Toma de decisiones éticas propias (qué está bien, qué no, independientemente de los referentes familiares, los amigos…)
- Aprender nuevas formas de relación como persona joven, diferentes de las del niño.
- Encontrar el equilibrio entre la autonomía y la independencia. (Por ejemplo, viviendo con los padres y dependiendo económicamente de ellos, encontrar espacios de autonomía personal aparte de la família)
- Aprender a tener pareja.
- Aprender a vivir sin la família (emanciparse), aunque esto, hoy en día, sucede más tarde.
Cuando
los padres pensamos en un adolescente, debemos pensar que todos estos
cambios son progresivos, es un proceso largo, con idas y venidas. Es
necesario que estemos preparados para los cambios, pero tampoco
nos llegarán de golpe.
También tendremos que confiar
en
nuestro hijo o hija y en todo lo que le hemos transmitido. El
adolescente cuenta con una serie de herramientas, no está «solo
ante el peligro». Las diversas herramientas del joven son, entre
otras:
- Las habilidades personales para afrontar los retos
- La personalidad y el temperamento propios
- La inteligencia emocional (cómo manejar las emociones)
- La capacidad de acompañamiento de la familia
- El apoyo del entorno: los amigos, otros familiares, la escuela...
El
adolescente, por más que se muestre desafiante, independiente, que
parezca que ya no necesita a nadie, en realidad necesita
mucho afecto de los padres,
«saber que están ahí». También necesita reconocimiento
y valoración en
las cosas que hace. A menudo, la actitud «contestona» y a veces
desagradable del joven, hace que nos apartemos, crea un mal ambiente
en la relación padres-hijos, que hay que re-hacer. Es muy importante
establecer puentes de diálogo en momentos de tranquilidad.
NOTA: Si te ha gustado este artículo, compártelo con tus amigos y deja tus comentarios.
No hay comentarios :
Publicar un comentario