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Lobo bueno, lobo malo



Un antiguo indio Cherokee dijo a su nieto:

- Hijo mío, dentro de cada uno de nosotros hay una batalla entre dos lobos. Uno es Malvado. Es la ira, la envidia, el resentimiento, la inferioridad, las mentiras y el ego. El otro es Benévolo. Es la dicha, la paz, el amor, la esperanza, la humildad, la bondad, la empatía, la verdad.

El niño pensó un poco y preguntó:
- Abuelo, ¿qué lobo gana?

El anciano respondió:
- El que alimentas.

 

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La frase de hoy


"Nuestro peor problema de comunicación es que no escuchamos para entender, sino que escuchamos para contestar."


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Los abusos sexuales en la infancia (4)


CUANDO EL ABUSADOR(A) ES UN FAMILIAR



Continuando con este difícil tema, tenemos que hablar, inevitablemente, del incesto. La mayor parte de los abusos se cometen dentro del entorno más próximo a la criatura.

  • Cuando el abusador es un familiar cercano, como un hermano mayor, el abuelo, el padrastro o el propio padre, entran en juego otros factores que lo complican.
  • También hay mujeres abusadoras, pero estadísticamente es muy poco frecuente. Cuando una mujer de 20 y tantos o 30 y tantos abusa de un niño de 12, por ejemplo, culturalmente tendemos a decir que “le ha iniciado”. La diferencia de edad y experiencia, evidentemente, lo convierte en un abuso, tan traumático para el niño como lo es para una niña.
  • Lo más seguro es que el abusador lo niegue y se indigne. Entonces, la tendencia de los padres (o la madre cuando se trara de su pareja, por ejemplo) es la negación, negarse a creerle, hacer “como si no pasara nada”, o al menos, ponerlo en duda.
  • Es muy duro pensar que tu propio padre, pareja o hermano está abusando de tu hijo o hija.
  • La única alternativa, cuando se trata de la pareja, será la separación, basándose en creer al niño o niña en contra de la palabra (e indignación) del abusador.
  • Dificilmente un abusador lo reconocerá. Los abusadores acostumbran a auto-justificarse: “Se lo está inventando para separarnos”, “sólo quiere llamar la atención”, o “es una forma de cariño”, “el niño o niña no opuso resistencia”, “tampoco hay para tanto”…
  • Cuando el abusador es el tío o abuelo, se pueden formar bandos, los que creerán a la niña o niño y los que creerán al abusador, y la família se dividirá: pensemos en cómo podemos sentarnos a la mesa de Navidad con el abusador de nuestra hija. Pensemos en el dolor que supone para una persona romper con su propio padre para proteger al hijo. Es mucho más fácil desapuntar al niño o niña del baloncesto, que romper con la familia o la pareja. Así pues, cuando los abusos se dan dentro de la família, la cosa es mucho más complicada. Lamentablemente, es el caso más frecuente.
  • En algunos casos, se culpa a la víctima por “haberlo dicho”: “en qué lío nos has metido a todos”, “¿y ahora qué hacemos?¿elegir entre él o tú?”, “has roto la familia”. Desgraciadamente, cuando esto sucede, la víctima vuelve a convertirse en víctima otra vez, al sufrir la indefensión, la falta de comprensión por parte de familiares cercanos, que deberían apoyarla.
  • Es muy importante que la víctima lo pueda explicar y que le crean, así como apartar al abusador de ella. Por más difícil que esto parezca, es nuestra obligación proteger al menor. No sirve minimizarlo, “ya no lo hará más”, “no te dejes”…
  • Cuando la persona lo explica años después, ya de adulta, también se tiende a pensar que “ya pasó”, que “ya no tiene importancia”. La persona abusada, ha tenido que hacer acopio de valor para explicarlo, y bien seguro que aún sufre las secuelas. Hay que escucharla y darle apoyo.


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La frase de hoy


"Si deseas conocer a una persona, no escuches lo que los demás dicen de ella. Escucha lo que ella dice de los demás."
Anónimo


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21 pautas para sobrevivir a la adolescencia de los hijos (2)


11. Es necesario establecer unos límites claros y hacerlos saber: funciones que tiene el joven en casa, hora de llegada, normas inamovibles de la casa, etc.

12. En las discusiones (y esto vale para todo el mundo) es importante destacar las cosas positivas y no sacar cada vez los mismos “trapos sucios”.

13. Hay que escucharles y tener en cuenta, ya que ellos están formando sus propias opiniones, que tal vez no compartimos, pero a todos nos gusta que nos escuchen y nos respeten.

14. En las discusiones (y esto también es válido para todo el mundo) es mejor hablar de la conducta que de la persona: por ejemplo, “no me gusta esto que haces” es mucho mejor que “no me gusta cómo eres”.

15. A menudo los jóvenes se quejan de que se les trata como a delincuentes por el mero hecho de ser jóvenes, que la gente les habla o mira mal. Conviene que superemos los prejuicios en este sentido, si es que los tenemos.

16. Aprovechar el momento oportuno para hablar, es mejor que forzarlo.

17. Ante un problema, escuchemos las soluciones que puede aportar el joven, no siempre tenemos nosotros la respuesta correcta.

18. Mejor negociar que discutir. Hay normas inamovibles, pero también hay cuestiones que se han de poder negociar.

19. Es importante valorar sus gustos, a sus amigos... Si les criticamos sistemáticamente, estamos levantando un muro.

20. Evitemos dramatizar: es normal que prueben el tabaco y el alcohol, por ejemplo, pero no necesariamente se han de volver adictos.

21. No olvidemos nuestro rol de padres, hay problemas que deberemos afrontar, no podemos hacer siempre “la vista gorda” o esperar que lo solucionen los demás (escuela, amigos)... o esperar a que se resuelva solo.
 
 



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El trato con las personas que atendemos


Hoy quiero hablar de los profesionales que tratan con personas. Especialmente, aquellos y aquellas que atienden a personas en situación de vulnerabilidad.
 
A menudo me encuentro con clientes que han tenido que acudir a un profesional, sea trabajador social, médico, enfermero, abogado, maestro, etc., y hay una queja bastante frecuente que tiene que ver con la falta de empatía, con brusquedad en el trato y transmisión de mensajes negativos.
 
La persona se encuentra en una situación de indefensión ante el profesional. Acude en busca de alguna ayuda, que necesita. Y no tiene más remedio que confiar en esta persona para que le dé alguna solución o recurso.
 
No sólo los psicólogos tenemos la obligación profesional y moral de tratar bien a las personas y transmitirles mensajes positivos y alentadores: también la tienen todos y cada uno de los profesionales que tratan con personas.
 
Me vienen a la memoria algunos casos que expondré para ilustrarlo:
  1. Una mujer, separada por maltrato psicológico y físico, con dos criaturas y una situación económica muy precaria. Acude a los servicios sociales, con toda la vergüenza que esto puede suponer y en una situación bastante desesperada. Situémonos en la tesitura de tener que sentarnos delante de una persona extraña y explicarle todas nuestras carencias, traumas, debilidades… Respuesta de la trabajadora social, riñéndola: “¿Y por qué te has dejado maltratar?” No sé si esto es denunciable, pero por supuesto denota una falta de habilidades, incluso de educación, flagrante. Como persona, puede opinar lo que le parezca. Como trabajadora social, debe tener sensibilidad máxima hacia la persona que tiene delante, empatizar con el sufrimiento, con su vulnerabilidad.
  2. Una chica que ha tenido a su primer hijo hace poco. Después de leer, informarse, etc., decide darle el pecho al niño y se encuentra con ciertas dificultades: parece que el niño no se coge bien, pasa hambre y llora. Pongámonos en su lugar, en su situación de preocupación, la carga de la responsabilidad de “ser una buena madre”. Acude a la comadrona, que después de hacerle una exploración, le dijo, textualmente: “de donde no hay, no manará”. Sabemos que las compañías que fabrican leche para biberón hicieron campañas muy fuertes para desprestigiar la lactancia materna, durante los años 60 y 70, y que aún hay algunos profesionales que “han heredado” falsas creencias. Vamos a suponer que esta comadrona era una de ellas. Aún así, su obligación era buscar soluciones y animar a la mujer a continuar, y no poner en duda su capacidad.
  3. Una joven a la que hicieron un tratamiento de fertilidad. Dentro de este proceso, largo, lleno de incertidumbres y físicamente duro, uno de los pasos consiste en atiborrar a la mujer de hormonas para que su cuerpo fabrique el máximo de óvulos posible, que después le extraerán. Comentario del profesional: “como no saldrá bien, lo repetiremos”…, sin comentarios.

Tengo entendido que en muchas carreras hay la asignatura de psicología. Está más que demostrado que el refuerzo positivo tiene mucha más efectividad que el negativo o el castigo. ¿Por qué, entonces, hay tantos profesionales que dan mensajes negativos? ¿Por qué se utiliza tanto el prejuicio y el juicio, en vez de escuchar y acoger?
 
 
Acoger, escuchar, apoyar, ponerse en el lugar del otro. Transmitir mensajes positivos, alentar y por supuesto, nunca en la vida juzgar.
 
 

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