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Los juegos de poder (2)


Dentro de los diferentes juegos de poder, están los que explotan la necesidad (o supuesta necesidad) de poseer alguna cosa que el otro tiene; entre otras:
  • El venedor de pisos (o de coches, etc.): «es el último que me queda, hay lista de espera, lo tomas o lo dejas...» Consiste en presionar al otro para que se decida rápidamente, pues si no lo hace, no habrá más oportunidades.
  • «Ahora o nunca» (como si se tuviera que acabar la vida en el planeta y no hubiera más oportunidades). Pretende forzar al otro a decidirse por algo sin darle la oportunidad de reflexionar con calma.

En el terreno de las relaciones sentimentales, nos encontramos con variaciones de estos juegos:
  • «Ámame o déjame» (si no me amas en la forma que yo quiero -o haces lo que yo quiero- déjame -ya te puedes marchar-).
  • La amenaza de «dimisión» (pues si no se hace lo que yo quiero, me voy), que también se utiliza en el terreno laboral, en asociaciones, etc.
  • «Si te vas, no vuelvas», que sería algo como «ni se te ocurra marcharte, que no habrá más oportunidades».

La base común a todos estos juegos es forzar a decidir algo en base a la supuesta carencia (no habrá más oportunidades).

¿Cómo contrarestar estos juegos?

  • Lo primero es «desistir de la mercancía», es decir, no ceder a la presión, siempre y cuando lo que esté en juego no sea algo vital. (Por ejemplo, si nuestro jefe nos dice «o viene usted a trabajar el domingo o el lunes no hace falta que vuelva»), dificilmente prescindiremos de nuestro trabajo.
  • Podremos prescindir de la mercancía cuando esta consista en tener razón o tener la estima o el amor de alguien. (El amor no es negociable)
  • En el caso de las cosas materiales, valoremos si realmente necesitamos tanto la mercadería, o si nos podemos arriesgar a perder la oportunidad porque habrá otras en otro lugar, o más adelante.

Es importante que perdamos el miedo a perder. Que ganar o perder no se convierta en moneda de cambio a la hora de tomar una decisión. Tenemos derecho a tomarnos nuestro tiempo para pensar y decidir.

Por último, la negociación abierta sólo será possible cuando las dos partes actuen desde la sinceridad y la trasparencia, cuando estén dispuestas a dejar de manipular.



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Telf.: 605 52 52 81

4 etapas en la vida de la pareja (3)



Negociar las diferencias en la pareja:

Una vez superadas las fases del enamoramiento inicial y de simbiosis (o “ir juntos a todas partes”), empieza la etapa de la diferenciación de las dos personas y la negociación de los diferentes aspectos que rodean a la pareja.

Son muy importantes los puntos que hay que definir, pero si dedicamos esfuerzos a esta etapa, estaremos construyendo una relación sólida y duradera.

Habrá que trabajar la fidelidad y la confianza, definir los términos que son válidos para los dos.
  • En este aspecto, hay parejas que son más abiertas y las hay más cerradas.
  • Conviene definir hasta dónde se puede llegar y qué límites no deben traspasarse, y esto lo tiene que acordar cada pareja a su medida, buscando un punto en común.
A menudo me encuentro con persona que viven este punto (fidelidad y confianza) con gran inquietud, en función de sus experiencias pasadas. En este caso, conviene separar nuestros miedos, de la persona que tenemos delante. Todo el mundo se merece un voto de confianza, y más si es nuestra pareja.

También es conveniente hacer un ejercicio muy importante que es la aceptación.
  • Habrá que aceptar que el otro no es perfecto ni está en este mundo para llenar todas mis necesidades y expectativas.
  • Aquí entran en juego las carencias de cada cual, las experiencias de nuestra infancia.
  • A menudo se confunde el rol que ha de ejercer nuestra pareja, se espera que sea omnipresente en nuestra vida, que adivine todas nuestras necesidades y estados de ánimo y haga exactamente aquello que esperamos de él o ella, como si se tratase de la relación de una madre con su bebé.
  • Esto pasa no sólo en las relaciones de pareja sino también con las amistades, familia, etc. Se atribuyen al otro “dotes adivinatorias”, es decir, “él o ella ya sabe cómo estoy, ya tiene que saber cómo me siento, y también qué necesito...”; y si el otro no tiene una bola de cristal, es muy posible que no se dé cuenta de todo eso.

  • La actitud racional y lógica es comunicar cómo estamos y pedir lo que necesitamos del otro, siempre teniendo en cuenta los límites de la otra persona, es decir, respetando que el otro tiene el derecho a darnos o no lo que le pedimos.
  • Hay personas que son más empáticas que otras (tienen la capacidad de ponerse en la piel de los demás e imaginar cómo se sienten).
  • Hay personas que no son empáticas y no quiere decir que no nos quieran o no les importemos. Simplemente, no tienen esta capacidad.
  • Todo esto, como los otros temas, se resuelve hablando, pidiendo, aceptando, respetando, negociando...

Hay diversos temas que acostumbran a ser fuente de conflicto en las parejas y que habrá que ir trabajando:
  • Qué se hace con el tiempo libre, aficiones, fines de semana, vacaciones, etc.
  • La cuestión económica: cómo se administra el dinero, quién lo hace, en qué se tiene que gastar (cada cual tiene su propio estilo, hay quien es más ahorrador, cada persona gasta más dinero en una cosa o en otra según sus preferencias).
  • La relación con las familias, las celebraciones familiares.
  • Los amigos propios y del otro.
  • La sexualidad: diferencias de ritmo, necesidad, preferencias...

Todo esto requiere diálogo, aceptación, tolerancia y tiempo. Enamorarse es muy fácil. Construír una relación de pareja sólida y duradera es una obra de ingeniería.




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Pilar Morey Bulbena
Telf.: 605 52 52 81


21 pautas para sobrevivir a la adolescencia de los hijos (2)


11. Es necesario establecer unos límites claros y hacerlos saber: funciones que tiene el joven en casa, hora de llegada, normas inamovibles de la casa, etc.

12. En las discusiones (y esto vale para todo el mundo) es importante destacar las cosas positivas y no sacar cada vez los mismos “trapos sucios”.

13. Hay que escucharles y tener en cuenta, ya que ellos están formando sus propias opiniones, que tal vez no compartimos, pero a todos nos gusta que nos escuchen y nos respeten.

14. En las discusiones (y esto también es válido para todo el mundo) es mejor hablar de la conducta que de la persona: por ejemplo, “no me gusta esto que haces” es mucho mejor que “no me gusta cómo eres”.

15. A menudo los jóvenes se quejan de que se les trata como a delincuentes por el mero hecho de ser jóvenes, que la gente les habla o mira mal. Conviene que superemos los prejuicios en este sentido, si es que los tenemos.

16. Aprovechar el momento oportuno para hablar, es mejor que forzarlo.

17. Ante un problema, escuchemos las soluciones que puede aportar el joven, no siempre tenemos nosotros la respuesta correcta.

18. Mejor negociar que discutir. Hay normas inamovibles, pero también hay cuestiones que se han de poder negociar.

19. Es importante valorar sus gustos, a sus amigos... Si les criticamos sistemáticamente, estamos levantando un muro.

20. Evitemos dramatizar: es normal que prueben el tabaco y el alcohol, por ejemplo, pero no necesariamente se han de volver adictos.

21. No olvidemos nuestro rol de padres, hay problemas que deberemos afrontar, no podemos hacer siempre “la vista gorda” o esperar que lo solucionen los demás (escuela, amigos)... o esperar a que se resuelva solo.
 
 



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