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DECIR ADIÓS A LA PAREJA (2)

En DECIR ADIÓS A LA PAREJA (1) vimos algunas de las causas que hacen que la pareja no funcione. Pero a pesar de no funcionar, muchas veces se sigue con la pareja durante mucho tiempo, sin afrontar la situación ni buscar una salida. ¿Por qué lo hacemos?

Uno de los motivos más frecuentes es el de pensar que “ya pasará”, que es una crisis temporal y se solucionará sola. Y se atribuye el malestar de la pareja a las causas económicas, al estrés del trabajo, a los hijos, a los padres, etc.

Por un lado, los problemas, sean los que sean, si no se afrontan, no suelen resolverse por sí solos: al contrario, tienden a cronificarse y agravarse. Sólo estamos ganando tiempo, tal vez porque no tenemos fuerzas para afrontar-lo.

Por otro lado, los problemas económicos, laborales, de los hijos, etc. son inherentes a la propia existencia. Siempre hay alguno. Son pocas las temporadas que podemos pasar verdaderamente tranquilos, con la sensación de que todo va perfecto. Y la relación de pareja debería funcionar, la comunicación, la confianza, la sinceridad, el compartir y las relaciones sexuales, deberían seguir funcionando, pase lo que pase alrededor. Las circunstancias adversas deberían servir para fortalecer el vínculo de la pareja, para hacer una piña.

Son muchos los motivos que nos frenan cuando pensamos en una separación. La economía, los hijos, la familia y el entorno, el miedo a la soledad, el miedo a no ser capaz de salir adelante sin una pareja, el miedo a qué pasará, a la situación desconocida a la que nos enfrentamos...y esto a menudo hace que nos adaptemos, que nos acomodemos. Es lo que se denomina la zona de confort, aquella franja que hay entre lo ideal y lo insoportable, entre aquello que querríamos y el sufrimiento. Es una zona en la que nos acomodamos a vivir, aunque no cumpla ni de lejos con nuestros objetivos y nuestros proyectos. Estamos adaptados y nos resulta cómodo. Pero no nos llena. Y a la larga, este vacío se convierte en frustración, malestar, conflicto interno. Acaba saliendo por algún sitio en forma de depresión, ansiedad, algún síntoma somático o buscando un/a amante, por ejemplo. A la larga acaba por salir.

Pero no hay sólo dos opciones, conformismo o ruptura. Se pueden hacer muchas cosas para mejorar la relación de pareja. Cuando hablamos de “salvar” la relación es que hemos tardado demasiado tiempo en afrontarlo. Hay un punto de inflexión donde uno de los dos no quiere dar marcha atrás, se ha cansado de la situación y de intentar arreglar las cosas, o se ha cansado de adaptarse al otro. Antes de llegar a este extremo es necesario buscar una aproximación. Busquemos el espacio idóneo, como puede ser un viaje, una escapada los dos solos, lejos de todos los factores externos que nos entorpecen. Estando alejados de los problemas y relajados, es el momento de hablar de aquello que no funciona. Pero para ello, es preciso que los dos estén dispuestos. Habrá que escuchar, verdaderamente escuchar las demandas de la pareja. Habrá que cambiar cosas, cambiar actitudes. Habrá que renunciar a algunas cosas. Si queremos que cambie la relación, tendremos que cambiar algunas de nuestras formas de actuar. Pensemos que no podemos cambiar al otro; podemos proponer cambios, nos propondrán, y hemos de ser sinceros con nosotros mismos y con el otro, y decidir si estamos dispuestos a hacer los cambios que se nos piden o no.

Algunas veces, un tiempo, un espacio sin el otro, una separación temporal nos ayuda a ver las cosas con distancia, con perspectiva.

Si finalmente decidimos dejar la relación, lo ideal sería poder hacerlo de mutuo acuerdo, sin hacernos más daño del que ya provoca la ruptura por sí misma.

DECIR ADIÓS A LA PAREJA (1)

Según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), España en el año 2010 era el país europeo con más divorcios, junto con Bélgica. Tres de cada cuatro matrimonios terminaba en ruptura. Esta estadística ha disminuido ligeramente, pero es debido a la crisis, a las grandes dificultades económicas que tiene la gente para separarse, pero no porque no quieran hacerlo.

Pero, ¿cómo sabemos si es el momento de decir adiós?

Tomar la decisión de decir adiós a la pareja no es fácil. Cualquier ruptura comporta tristeza y dolor. Nos enfrenta a un cambio de vida, donde tendremos que aprender a valernos de nuestros propios recursos, tanto económicos como en el día a día, a llenar nuestro tiempo y los espacios vacíos que quedan en nuestros días, a aceptar que la situación anterior ya no volverá. Hay un antes y un después. Se tiene la sensación de lanzarse a un abismo, al vacío.


Hay algunos indiciadores de que la relación no funciona:
  • La falta de comunicación: cuando a pesar de las obligaciones laborales y sociales, no encontramos el espacio para dialogar con la pareja. Esto crea un distanciamiento, que si no se le pone remedio, acaba convirtiéndose en un abismo.

  • El tiempo en común: cuando cada vez pasamos más tiempo en el trabajo, o en el gimnasio, o con los amigos, hay que preguntarse si estamos evitando pasar más tiempo con la pareja. Es importante encontrar un espacio para cada cual, pero sin olvidar la importancia de encontrar espacios para la pareja. Y esto, cuando queremos a la otra persona, cuando estamos a gusto a su lado, no nos supone un esfuerzo. Se da de una forma casi espontánea.
  • El contacto físico: si bien es cierto que la pasión de los primeros tiempos da paso a una relación más “relajada”, es importante que siga habiendo ternura, intimidad, ganas de compartir besos y abrazos con la pareja. Planteémonos si lo estamos evitando y qué pasa con esto.
  • Los valores y las aspiraciones: a pesar de que cada persona crece y evoluciona de forma individual, es importante que compartamos algunos valores (que pueden ser morales, o sociales, o políticos, etc.) con la pareja, y también ilusiones y proyectos en común: un viaje, una reforma en la casa...
  • La sinceridad: no es necesario compartir todos y cada uno de los pensamientos con nuestra pareja. Pero si nos guardamos más secretos que secretos compartimos, si tendemos cada vez más a guardárnoslo todo para nosotros, debemos plantearnos qué está pasando con la confianza. Quizás nos sentimos juzgados. Quizás hemos perdido la intimidad con nuestra pareja.

Estos son algunos de los indicadores de que la cosa no va bien. Hay otros. Pero al final, son dos personas las que forman la pareja, y son los dos los que han de hacer el esfuerzo y tener el valor de hablar de ello, de afrontar los problemas y ponerles solución. Lo más habitual es que dejemos pasar el tiempo, creyendo que “ya pasará”, que “es una crisis pasajera”. Esto, generalmente sólo hace más grande el abismo y el distanciamiento.



9 Consejos para no distanciarse de la pareja



Las relaciones de pareja pasan por diferentes etapas. La pasión del principio deja paso a más espacios por separado, y a una complicidad dentro de la individualidad.

Pero hay momentos difíciles: uno de los peores es cuando hay hijos pequeños: los niños, que son encantadores, también son omnipresentes, multiplican el trabajo, las obligaciones, el cansancio… Si además los dos trabajan, el conflicto está servido. Priorizamos el trabajo, los hijos, la casa, la compra… todo menos la pareja. Parece que no se pueda romper… pero es un error frecuente.
 
  • 1.- No des por sentado que la pareja es para toda la vida: La llama, el interés, la atracción… tenemos que mantenerlos vivos. Porque se haya firmado un papel o haya unos hijos, no significa que no se pueda romper la relación. La pareja es una figura que hay que tener en cuenta y cuidar.
  • 2.- Busca espacios para los dos: El hecho de tener hijos, cambia la situación: los niños acostumbran a ser el centro del mundo. Pero es fundamental hacer cosas solos. Muchas parejas se quejan de no tener con quien dejar a los pequeños. Pagar una niñera, será el dinero mejor invertido en la salud de la relación.
  • 3.- Arréglate para tu pareja: Estar atractivo o atractiva, vestirte como a ella o a él le gusta, seguir conquistando y seduciendo a tu pareja, ayudará a mantener viva la atracción.
  • 4.- Sé detallista: No dejes de pensar en qué le gusta. Déjale una nota personal, envíale un mensaje romántico, llévale flores, o su comida favorita. Si cuando nos conocimos, nos esforzamos en conquistar a nuestra pareja, ¿por qué dejamos de hacerlo?


  • 5.- No rompas el contacto físico: A menudo veo a parejas que sólo se dan un beso de hola y adiós, de forma mecánica. Y ni se tocan. Al comienzo de la relación, los dos estaban en el sofá bien juntos. Poco a poco, se van distanciando y acaban uno en el sofá y el otro en otra habitación (en la cama, en el ordenador…). Toca a tu pareja, siéntate a su lado, acaríciala, cógele la mano cuando vais por la calle. El distanciamiento empieza aquí.
  • 6.- Habla con tu pareja: Más allá del día a día, de la logística, de quién irá a comprar mañana, qué cenaremos o quién lleva a la niña al dentista, conviene recordar que sois pareja, que tenéis una relación especial, que es diferente de las otras relaciones con las otras personas. Busca el espacio para hablar de lo que te preocupa, lo que te gusta, etc. Escucha a tu pareja.
  • 7.- Haced proyectos juntos: Es importante tener una ilusión: un viaje, las vacaciones… cualquier cosa que compartiréis, y que os tiene que ilusionar.
  • 8.- Escaparos: Sois familia, pero también sois pareja. No pasa nada por dejar a los niños con los abuelos, la tía o una familia del colegio. La pareja necesita sus espacios. Id a cenar, a bailar, al cine… ir al supermercado juntos, no cuenta.
  • 9.- Busca espacios y momentos para la intimidad: Las relaciones sexuales son más complicadas cuando hay niños en casa, que se pueden despertar en cualquier momento. Es importante buscar momentos, espacios, dejar a los niños con alguien, marcharse solos un fin de semana… cuando se crea una distancia a nivel físico, después cuesta mucho recuperarla.


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Telf.: 605 52 52 81

Cuando una relación se acaba (2)



Tomar la decisión de decir adiós a la pareja no es fácil.

¿Qué hace que no nos separemos?

  • Cualquier ruptura comporta tristeza y dolor.
  • Nos enfrenta a un cambio de vida, donde tendremos que aprender a valernos de nuestros propios recursos, tanto económicos como en el día a día.
  • Tendremos que aprender a llenar nuestro tiempo y los espacios vacíos que quedan en nuestros días, a aceptar que la situación anterior ya no volverá. Hay un antes y un después.
  • Hay la sensación de lanzarse a un abismo, al vacío.


También hay otros motivos que retardan la decisión de separarse:

  • Uno de los motivos más frecuentes es pensar que “ya pasará”, que es una crisis temporal y se solucionará sola.
  • También es frecuente atribuir el malestar de la pareja a las causas externas: económicas, estrés por el trabajo, los hijos, los padres…

Conviene tener en cuenta que los problemas, sean cuales sean, si no se afrontan, no acostumbran a resolverse por sí mismos: al contrario, tienden a cronificarse y agravarse. Sólo estamos ganando tiempo, quizás porque no tenemos fuerzas o valor para afrontarlo.

Por otro lado, los problemas económicos, laborales o de los hijos, siempre están ahí, y la relación debería funcionar, independientemente de los problemas que haya: la comunicación, la confianza, la sinceridad, las relaciones sexuales, etc. tienen que seguir funcionando, a pesar de lo que pase alrededor.

De hecho, las circunstancias adversas deberían servir para fortalecer el vínculo de la pareja. Pero no siempre es así. Las situaciones dificiles, como el paro, una enfermedad, etc. ponen a prueba a la pareja. Es raro que no se resienta la relación.


¿Qué se puede hacer para salvar la relación?
  • Cuando hablamos de “salvar la relación”, seguramente hemos tardado demasiado en afrontarlo. Hay un punto de inflexión donde uno de los dos no quiere hacer marcha atrás, se ha cansado de la situación.
  • Antes de llegar a este extremo hay que buscar una aproximación.
  • Buscar el espacio idóneo; un viaje, una escapada solos, lejos de los factores externos que interfieren en la relación.
  • Una vez alejados y en un ambiente tranquilo, es el momento de hablar claro, de qué cosas no funcionan. Pero para ello, los dos tienen que querer.
  • Hay que escuchar las demandas de nuestra pareja.
  • Si queremos que la relación cambie, tendremos que cambiar algunas cosas de nuestra forma de actuar.
  • No podemos cambiar a la otra persona. Pero sí podemos cambiar nosotros y explicar cómo nos sentimos.
  • En esta fase puede ir bien la mediación de un profesional.



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Cuando una relación se acaba (1)


1. INDICADORES

Todas las parejas discuten y también pasan por momentos difíciles: però ¿cómo sabemos que una relación va mal? ¿Cómo sabemos si una crisis es pasajera o profunda? Hay algunos indicadores de que la relación no funciona:

La falta de comunicación: Cuando, a pesar de las obligaciones laborales y sociales, no encontramos el espacio para dialogar con la pareja, eso crea un distanciamiento que, si no se le pone remedio, acaba convirtiéndose en un abismo.
Es fundamental hablar con la pareja: hablar de proyectos, ilusiones en común, explicarle nuestros problemas, nuestras preocupaciones, miedos, deseos, ilusiones… y, como parte de la comunicación, es importante sentirnos escuchados y que la pareja también comparta todo esto con nosotros.

Muchas parejas, con el paso del tiempo, con la llegada de los hijos, el cuidado de los padres, el trabajo y un largo etc. de obligaciones, se olvidan de comunicarse con la pareja, de compartir. Es preciso detectar ese distanciamiento y ponerle remedio antes de que el abismo sea demasiado grande.
Hay que buscar el espacio para hacerlo: solos, tranquilos, con un poco de tiempo, sin estar demasiado cansados…

El tiempo en común: cuando cada vez pasamos más tiempo en el trabajo, o en el gimnasio o con los amigos, deberíamos preguntarnos si estamos evitando pasar más tiempo con la pareja. Es importante encontrar un espacio para cada uno, però sin olvidar la importancia de encontrar espacios para la pareja. Y eso, cuando amamos a la otra persona, cuando estamos a gusto a su lado, no nos supone un esfuerzo. Se da de forma espontánea.

El contacto físico: si bien es cierto que la pasión de los primeros tiempos da paso a una relación más «relajada», es importante que siga habiendo ternura, intimidad, ganas de compartir besos y abrazos con la pareja. Planteémonos si lo estamos evitando y qué pasa con eso.

Los valores y las aspiraciones: aunque cada persona crece y evoluciona de forma individual, es importante que compartamos algunos valores (que pueden ser morales, sociales o políticos, etc) con la pareja y también ilusiones y proyectos en común: un viaje, una reforma en la casa...

La sinceridad: no es necesario compartir todos y cada uno de los pensamientos con nuestra pareja. Pero si nos guardamos más secretos de los que compartimos, si tendemos cada vez más a guardárnoslo todo para nosotros, nos hemos de plantear qué está pasando con la confianza. Tal vez nos sentimos juzgados. Tal vez hemos perdido la intimidad con nuestra pareja.

Estos son algunos de los indicadores de que la cosa no va bien. Hay otros. Pero al final, son dos personas las que forman la pareja, y son los dos los que han de hacer el esfuerzo y tener el valor de hablar de ello, de afrontar los problemas y ponerles solución.

Lo más frecuente es que dejemos pasar el tiempo, creyendo que «ya pasará», que es «una cirsis pasajera». Esto, generalmente, sólo hace mayor el abismo y el distanciamiento.

Però ¿cómo sabemos si es el momento de decir adios?




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Cuando las relaciones se hacen más sólidas



Hemos visto las tres primeras etapas de una relación:
  • Enamoramiento
  • Fase simbiótica
  • Diferenciación, esta última, con algunos de los puntos que se deben trabajar y acordar dentro de la pareja.

Continuemos, pues, viendo cómo son las siguientes etapas.

FASE DE PRÁCTICAS
  • En esta fase la energía estará centrada en el desarrollo de las diferencias individuales.
  • Si antes la energía se centraba dentro de la pareja, ahora se centrará en hacer actividades externas.
  • Esta independencia de los dos individuos se debe vivir con alegría.
  • Pero puede ser que una de las dos personas lo viva con angustia, mientras el otro lo vive de forma satisfactoria.
  • Es común que esto conduzca a una crisis de pareja, en la cual uno se sienta ligado y el otro abandonado. Acostumbra a ser motivo de consulta o de ruptura.

Si se supera esta etapa de forma satisfactoria para los dos, se pasará a la quinta fase:

FASE DE ACERCAMIENTO
  • Cuando las dos personas se han diferenciado como individuos y se han aceptado las diferencias por ambas partes y se vive de forma satisfactoria y con respeto mutuo esta diferenciación, habrá nuevamente un acercamiento.
  • La intimidad tendrá una base sólida.
  • Las dos personas se cuidan mutuamente y pueden estar bien, tanto haciendo cosas juntos como por separado.

FASE DE INTERDEPENDENCIA MUTUA
  • Cada uno desarrolla su vida y la pareja forma parte de esta vida.
  • Los problemas a trabajar son sobre la vida cotidiana, pues las bases de la relación ya están bien asentadas.
  • Cuando uno de los dos tiene un problema, la pareja está ahí para apoyarle. Este es el punto al que llegan las relaciones sanas de larga duración. 



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Pilar Morey Bulbena
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¿Cómo se lo decimos a los hijos?

Cuando nos separamos, una de las grandes dificultades es cómo decírselo a los hijos. No es una tarea fácil: queremos que lo entiendan, que se lo tomen bien, que no se traumaticen... ¿Qué hemos de decir y qué no?

Para empezar, es fundamental darles una explicación: hay gente que se separa sin comunicárselo a los hijos, simplemente, un día se van de casa con la maleta y no vuelven. Los niños lo vivirán claramente como un abandono, que dejará secuelas como una baja autoestima, sentimiento de culpa (pensar que los padres se han separado por culpa de él) y difícilmente lo perdonarán... Seguir leyendo...


Cuando la pareja se rompe (3)

¿Por qué cuesta tanto dar el paso de separarse? Y después, ¿qué? ¿Cómo volver a empezar? ¿Cómo rehacer mi vida? ¿Con qué problemas me encontraré cuando me separe?

Aunque sabemos que el amor no es para siempre, que hay la opción de romper con la pareja, cuando iniciamos una relación, internamente todos pensamos que será para siempre, que no habrá nada que pueda deshacer aquello que hemos construido. Cuando los problemas, las discusiones, las desavenencias se van haciendo mayores, se va abriendo un abismo en medio que cada vez es más ancho y más profundo... Seguir leyendo...

Cuando la pareja se rompe (2)


A menudo oigo a la gente mayor una frase hecha del tipo “es que la juventud de hoy no aguanta nada”, “les cuesta muy poco separarse”. Estas frases me indignan. Y no se ajustan a la realidad. Romper una relación de pareja es difícil. Muy difícil. Hay implicaciones de todo tipo: sociales, económicas y sobre todo, emocionales. Aproximadamente la mitad de los clientes que acuden a mi consulta lo hacen por una crisis de pareja o a consecuencia de una separación “mal curada”. No es tan fácil separarse... Seguir leyendo...

Cuando la pareja se rompe (1)

(Dedicado a un buen amigo)


El matrimonio tradicional, tal y como lo entendían nuestros abuelos, está obsoleto. Es un modelo que, en la sociedad actual y tal como han cambiado las cosas, no nos sirve. Pero ¿cuál es el modelo de pareja que queremos? ¿Hay uno solo, o hay diferentes modelos de pareja?

Mis abuelos estuvieron casados 57 años, hasta que la muerte les separó. Recuerdo que, cuando yo me iba a casar, le pregunté a mi abuelo cual era el secreto para pasar tantos años con la misma persona. Me contestó con una sola palabra: Aguantar... Seguir leyendo...

Las crisis de pareja (4)

Hemos visto las 3 primeras etapas de una relación: enamoramiento, fase simbiótica, y diferenciación, esta última con algunos de los puntos que hay que trabajar y acordar dentro de la pareja. Continuemos pues, viendo cómo son las siguientes etapas.

Cuando la relación se va haciendo más sólida y duradera y ya se han hablado diferentes temas que afectan a la pareja, aparece lo que se denomina la fase de prácticas. En esta fase la energía estará en el desarrollo de las diferencias individuales. Si antes la energía se centraba dentro de la pareja, ahora se centrará en hacer actividades externas. Esta independencia de los dos individuos debe ser vivida con alegría. Pero puede que una de las dos personas lo viva con angustia... Seguir leyendo... 


Las crisis de pareja (3)

Continuamos viendo las diferentes etapas en la relación de pareja. Nos quedamos en la tercera etapa, la diferenciación de las dos personas y la negociación de los diferentes aspectos que rodean la pareja.


Habrá que trabajar también la fidelidad y la confianza, definir los términos que son válidos para los dos: en este aspecto, hay parejas más abiertas que otras. Conviene definir hasta dónde se puede llegar y cuáles son los límites que no se deben traspasar, y esto lo debe acordar cada pareja a su medida, buscando un punto en común. A menudo... Seguir leyendo... 

Las crisis de pareja (2)

La semana pasada vimos las primeras etapas de la relación de pareja: el enamoramiento, etapa en la cual sólo vemos las virtudes de la otra persona y ésta se convierte en el centro de nuestro universo, y la etapa simbiótica, que es una etapa de mucha dependencia mutua.


La tercera fase, la diferenciación, se inicia en el momento en que descubrimos verdaderamente a la otra persona. Empezamos a darnos cuenta de que el otro, es una persona con defectos y manías, es simplemente humano. Y aquí es donde podríamos decir que empieza la verdadera relación de la pareja... Seguir leyendo...

Las crisis de pareja (1)

Quiero iniciar un ciclo de artículos dedicados al mundo de la pareja, el amor, la sexualidad, la convivencia, etc. Hoy comenzaré por explicar las diferentes fases por las que pasa una relación entre dos personas.


Según algunos estudios sobre las relaciones de pareja, ésta pasa por diferentes etapas, que se pueden comparar de forma muy aproximada a las fases de desarrollo infantil respecto a la relación con la madre.

1ª etapa: Enamoramiento. Para enamorarse hay que romper los propios límites para “fusionarse” con el otro. Durante esta etapa se dejan  un poco de lado los propios gustos y preferencias, y lo más importante es el contacto con la otra persona.... Seguir leyendo... 

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