Mostrando entradas con la etiqueta Adaptación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adaptación. Mostrar todas las entradas

EL SÍNDROME POST-VACACIONAL (2)

Existen algunas situaciones o estados que predisponen a padecer el síndrome post-vacacional:
  • Vacaciones largas, agotadoras o durante las que no se descansa adecuadamente.
  • Adaptación insuficiente al ámbito laboral, presente incluso antes de las vacaciones. Falta de motivación laboral.

El mejor remedio: la prevención

El remedio, como ocurre muchas veces, está en prevenir su aparición. En este sentido, se pueden intentar diversas medidas.
El periodo vacacional permite una libertad que no se tiene en otros periodos del año. Ahora bien, mantener cierto horario nos permitirá que sigamos con un cierto biorritmo. A medida que se acerca el fin de las vacaciones, una vuelta progresiva, aunque no sea completa, a la rutina habitual puede favorecer que ese cambio no resulte dramático ni catastrófico (como tirarse a una piscina de agua fría).
Evitar una motivación personal excesivamente centrada en las vacaciones. No se puede estar deseando las vacaciones durante una mitad del año y lamentarse de que se hayan acabado durante la otra mitad. Para ello, se pueden tratar de mantener determinadas aficiones. Puede haber aficiones que se hayan iniciado durante las vacaciones, que sea recomendable mantener a lo largo del año.
En relación a todo lo anterior, la división del periodo vacacional en varias partes, puede ayudar de forma importante a cumplir esos objetivos. Evitará que exista una sensación de saturación respecto a las vacaciones y nos ayudará a la vuelta el hecho de saber que todavía nos quedan unos días. A la vuelta de las vacaciones se produce un enfrentamiento a un trabajo acumulado durante el periodo estival; se pueden seguir algunas recomendaciones: En primer lugar ordenar la mesa de trabajo evitando los montones caóticos. Se debe hacer un esfuerzo en intentar organizar la agenda, estableciéndose un plan de lucha real que intente afrontar las tareas pendientes con un orden de prioridades.
Si, a pesar de todo lo anterior, este problema persiste, la ayuda de un especialista puede ser fundamental para analizar si hay una insatisfacción personal en la base de todo esto. Puede que el síndrome post-vacacional sólo sea un síntoma de problemas más profundos.





Telf.:605 52 52 81


EL SÍNDROME POST-VACACIONAL (1)

El síndrome post-vacacional es un trastorno al que se le está dando cada vez una mayor importancia aunque no está aceptado como enfermedad en las principales clasificaciones internacionales. Hace unos años prácticamente era desconocida su existencia lo cual no quiere decir que hubiera personas que lo estuvieran padeciendo.
El hecho de que hace años no estuviera tipificado un problema como éste, se puede deber a que o no se diagnosticaba o no existía. Si esto último es lo cierto, se está ante un proceso que se ha generado en los últimos tiempos y por lo tanto en cierta forma, fruto de la vida moderna. Esta relación causa-efecto con la modernidad vigente puede hacer levantar sospechas sobre el posible origen en el estilo de vida actual.
Es un proceso de adaptación necesario cuando se entra de nuevo en contacto con la vida activa. Cuando ese proceso de adaptación fracasa, entonces se generan una serie de molestias pero que no pueden catalogarse como enfermedad, aunque enfermedad es cualquier problema que afecta a nuestra esfera de bienestar. Este bienestar no incluye el aspecto solamente físico sino que también abarca el emocional, social, etc.
Las personas que padecen este síndrome sufren cambios que dan lugar a un malestar importante con una fuerte repercusión sobre su calidad de vida.

Características del síndrome

Este síndrome puede cursar de diversas formas. Lo habitual es padecer a la vuelta de vacaciones un cuadro de debilidad generalizada y astenia. Puede haber problemas de insomnio que conviven con una somnolencia importante a lo largo del día.
La capacidad de concentración y de toma de decisiones se ve limitada así como la tolerancia al trabajo. Imposibilidad de organizarse, acumulación de tareas, etc. Esta falta de tolerancia al trabajo viene caracterizada como una sensación de desidia y hastío. En otras ocasiones puede aparecer una sensación de angustia vital que puede llevar a un bloqueo. Puede haber un cambio de carácter con cierta agresividad, sin embargo, se establece habitualmente y de forma progresiva una sintomatología más propia de un cuadro depresivo. Por todo ello, se afectan diversos aspectos del estilo de vida.
Este síndrome puede cursar con una intensidad muy variable y de diferentes formas, en algunos casos esta variabilidad puede hacer muy difícil su detección. Esta falta de diagnóstico puede llevar a manifestar una incomprensión hacia estas personas que puede agravar el cuadro.





Telf.:605 52 52 81

Y los más mayores, ¿también sufren crisis? (1)



Hacerse mayor, perder capacidades físicas y mentales, ir perdiendo conciencia del propio deterioro y de que el final se acerca, no son tareas fáciles para nadie. Pero ¿cuáles son las cosas que caracterizan esta última etapa?


Para empezar, hay que distinguir entre la tercera y la cuarta edad:

  • La tercera edad sería aquella en que la persona ya no tiene obligaciones laborales, se jubila, pero está activa y con ganas de hacer muchas cosas. La vida de las personas se ha alargado mucho y nos hacemos mayores con más salud y fortaleza. Esto nos permite llevar una vida plena y activa.
  • La cuarta edad sería aquella en que la persona, por sus condiciones físicas, empieza a depender de otros y se vuelve mucho más sedentaria.



¿Cuáles son, entonces, los principales problemas con que se encuentran las personas mayores activas?

  • Fin de la vida laboral: Nuestros abuelos tenían los roles muy delimitados: el hombre centraba su vida en el trabajo. La mujer, en la casa y el cuidado de la familia. Apenas existía cultura del ocio, más allá de las reuniones familiares o ir al bar. Esto hacía que, cuando se jubilaban, sobre todo los hombres, cayeran en depresión y sintieran que su vida ya no tenía sentido.
  • La cultura del ocio: Cantar, tocar instrumentos, manualidades y expresión artística, esoterismo, grupos de ayuda mutua, talleres de escritura, de lectura, grupos excursionistas, etc., son actividades que hoy en día forman parte de nuestra vida cotidiana. Pero la cultura del ocio nace en los años 60. Poco a poco está cambiando el perfil de los jubilados, están llegando a mayores las personas que ya están acostumbradas a hacer otras actividades aparte de trabajar. Esto facilita mucho la adaptación a esta nueva etapa, y que se comience a vivir la tercera edad como «unas vacaciones pagadas» y no como el final de todo.
  • Pérdida del poder y el estatus: Hasta hace unos años, sobre todo en el ámbito rural, las familias vivían juntas, abuelos, hijos y nietos. Esto fomentaba la transmisión de las tradiciones y también se respetaba una jerarquía, en la que el más mayor era el que mandaba. A los abuelos se les trataba de usted y tenían la última palabra en las decisiones. De esta situación se ha pasado a casi ignorar su opinión, incluso a tomar decisiones por ellos, sin tener en cuenta qué quieren ellos. Han pasado de ser los patriarcas a estorbar.
  • Menosprecio social por lo viejo: Estamos inmersos en una sociedad que sobre-valora la tecnología, lo nuevo, lo más rápido y a las personas se las valora mucho por su productividad, velocidad, adaptación a lo nuevo… esto se hace extensivo a las personas: se tiende a «sacarlas de en medio», pagamos a un cuidador para que les acompañe de paseo, porque van demasiado lentos y no tenemos tiempo para «perder» con ellos.




NOTA: Si te ha gustado este artículo, compártelo con tus amigos y deja tus comentarios.

5 formas de expresarse de nuestro niño interior


Todos tenemos un niño o niña interior dentro de nosotros. A veces escuchado y amado, otras veces rechazado y olvidado. Pero ¿de qué formas se manifiesta? ¿Y qué pasa cuando no le escuchamos?

1. La libre expresión de los sentimientos

El niño o niña, cuando nace, tiene la capacidad de expresar libremente las diferentes emociones y sentimientos: tristeza, rabia, miedo, alegría y muchos otros. Es la sociedad, con sus normas, la que regula, modera y “maquilla” esta expresión. Por un lado, perdemos expresividad, pero también es necesario este orden establecido, pues no podemos ir por el mundo, por ejemplo, agrediendo a las personas que no nos gustan o rompiendo cosas si estamos enfadados.
Qué sentimientos están “permitidos” y cuáles están más reprimidos, tiene que ver con el entorno cultural, y de forma más inmediata, con el contexto familiar. Así pues, hay familias donde, por ejemplo, está muy mal visto enfadarse y levantar la voz. Las personas que crezcan dentro de esta familia, de mayores tendrán verdaderas dificultades para contactar con el sentimiento de rabia. De la misma  forma, hay familias o culturas donde está mal visto llorar, tener miedo, o expresar la alegría de forma notoria.

2. El egocentrismo

Es el resultado de una crianza excesivamente centrada en el niño o niña. Las personas que han sido hijos únicos o, por ejemplo, el único niño en medio de varias niñas, o viceversa, son tratados desde pequeños como “seres especiales”, merecedores de las mejores atenciones. Esto fomenta el egoísmo y el egocentrismo, que son expresiones negativas de nuestro niño interior.

3. La adaptación

Los niños han de obedecer. Deben adaptarse a las normas que les imponen los mayores. Cuando esta adaptación se hace de forma positiva, es decir, hacia cosas que son beneficiosas para el pequeño, lo llamamos adaptación positiva: por ejemplo, la adquisición de hábitos higiénicos, alimentarios, de estudio, es necesaria y positiva, e implica una adaptación por parte del niño o niña a las normas.

4. La sumisión

Hablamos de sumisión cuando la exigencia de adaptación por parte de los adultos es excesiva, obligando al niño a doblegarse ante cualquier exigencia que le hagan, cuando no se deja ninguna opción de que el niño o niña pueda decidir, o hacer las cosas por sí mismo.

5. La rebeldía

Es el intento de sublevación que hacen los niños ante las imposiciones de los adultos. Varía de unas personas a otras. Algunos, se rebelan sistemáticamente a cualquier orden, sea coherente o no, otros sólo lo hacen cuando la exigencia es muy grande. Algunos pasan por épocas rebeldes sólo durante la adolescencia, y otras personas serán rebeldes toda su vida.




NOTA: Si te ha gustado este artículo, compártelo con tus amigos y deja tus comentarios.


Adaptación, sumisión y rebeldía

Esta es otra de las vertiente de nuestro niño interior.

A menudo nos encontramos con que nos hemos de enfrentar con obligaciones, deberes, trabajos, "cumplir con los demás", etc.,

¿Qué ocurre cuando no nos apetece hacer una cosa, pero sabemos que SE TIENE que hacer?  Por ejemplo, fregar los platos o ir a visitar a una persona "por compromiso".

Pues la capacidad de adaptación a las situaciones nos facilitará asumir estas tareas con buena cara y sacárnoslas de encima, cuanto antes mejor.  Esto es la adaptación positiva.

Y esta es una de las cosas que nos enseñan los padres: A "acatar" las obligaciones.  Esto, no obstante, si hemos tenido un "padre crítico positivo", una figura adulta que nos ha explicado amablemente la diferencia entre hacerlo y no hacerlo, y las consecuencias que se desprenden de ello.

Pero la adaptación tiene dos vertientes más, ambas negativas: la sumisión y la rebeldía.

La persona sumisa es aquella que siempre cede, que se adapta a los demás, que es incapaz o le cuesta mucho defender sus derechos, que se deja pisar fácilmente.  Siguiendo con el ejemplo anterior, el sumiso, también acabará fregando los platos, pero lo hará de mala gana, sintiéndose explotado o humillado.

Las personas muy sumisas o sobreadaptadas acostumbran a tener padres o madres muy críticos negativos: descalifican todo lo que hace el niño, le desvalorizan, incluso se ríen de él o le insultan.  Si la persona crece en ese ambiente y no hace un cambio, se convierte en una persona sumisa y manipulable.  Irá por el mundo con sentimientos de inferioridad y sintiéndose obligada a complacer a los demás, a no contradecirles.

La semana que viene, la otra cara de la moneda: el rebelde.

Telf.: 605 52 52 81

Entradas populares