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Los cambios de 180º

(Dedicado a Raquel)


Nuestras vidas pasan por diferentes etapas, que se podrían resumir en 4 fases:
  • Fase de estabilidad
  • Fase de inquietud
  • Fase de crisis
  • Fase de cambios
  • Vuelta a la estabilidad

1. La fase de estabilidad:

Es una fase, que puede durar más o menos, en la que nos sentimos en paz y en la que disfrutamos de bastantes momentos de felicidad.
La felicidad no es un estado permanente de satisfacción, más bien consiste en encontrarse en equilibrio y a gusto con uno mismo.
La felicidad tampoco es la ausencia de problemas: se trata de que estos no nos desequilibren. Si estamos a gusto con nosotros mismos y con la vida, los problemas se “capean” sin causarnos grandes perturbaciones.
Es cuando no estamos bien, cuando cualquier contratiempo nos parece una montaña insalvable.
La felicidad la encontraremos en nuestro interior, cuando estemos en armonía con nuestro entorno. Es absurdo buscarla fuera, en otra persona por ejemplo.

2. Fase de inquietud:

Es cuando vivimos en lo que se conoce como “zona de confort”. Es una zona estable, conocida, en la cual nos sentimos seguros, pero que no nos hace felices, puede ser que incluso nos esté mortificando.
A veces preferimos lo malo conocido. Nos hemos habituado a nuestra situación actual.
Salir de la zona de cofort implica abandonar nuestro refugio seguro, conlleva un riesgo.
Cuando estamos demasiado tiempo en esa zona, caemos en el estancamiento. Nos bloqueamos. Dejamos de confiar en nuestras capacidades. Nos dormimos.
Dar un paso hacia adelante para salir de esa zona, supone una crisis. Cuánto tiempo tardemos en salir de ahí, dependerá en gran parte de nuestra capacidad para adaptarnos al cambio, a nuestros miedos, a los apoyos con que contemos…



3. Fase de crisis:

Muchas veces salimos del estancamiento cuando no podemos aguantar más una situación: tenemos que llegar al límite para reaccionar, para salir. Tal vez deberíamos replantearnos si vale la pena llegar a ese extremo, o si sabiendo que tarde o temprano tendremos que cambiar, vale la pena arriesgarse y salir antes, no sufrir tanto, y marcharnos con la autoestima y la energía menos desgastadas.

4. Fase de cambios:

Cuando una persona pasa por una situación de crisis existencial, cuando fallan los cimientos de su vida, ya sea por una separación de pareja, perder el trabajo, o simplemente asumir que no es feliz, es un momento de ruptura, que se puede aprovechar para hacer cambios profundos.
Cuando estamos estables, hacemos muy pocos cambios. Cuando nos movemos en la zona de confort, nos estamos conformando con una vida que no nos llena, pero aún así nos aferramos a ella.
Es con la crisis, cuando podemos hacer cambios en nuestra vida. Y de nosotros depende si esos cambios son positivos, o nos dejamos arrastrar por la desesperación y el estancamiento.
Una crisis fuerte conlleva un cambio profundo, y aunque sea difícil y doloroso, aunque nos provoque momentos de miedo, de tristeza, de incertidumbre, bien seguro que a la larga será positivo. Es una oportunidad de mejorar nuestra vida.
La crisis de cambio requiere que nos analicemos, que escuchemos nuestras necesidades y deseos, que nos replanteemos si estamos caminando en la dirección correcta para alcanzar nuestros objeticos. Supone tomar decisiones, romper esquemas que no nos sirven, y arriesgarnos.

En conclusión, una crisis es una oportunidad de cambio, una ocasión para mejorar nuestra vida, revisar nuestros valores y aspiraciones y para replantearnos cuál es el sentido de nuestra existencia. Y siempre es algo positivo.



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Telf.: 605 52 52 81

21 pautas para sobrevivir a la adolescencia de los hijos (2)


11. Es necesario establecer unos límites claros y hacerlos saber: funciones que tiene el joven en casa, hora de llegada, normas inamovibles de la casa, etc.

12. En las discusiones (y esto vale para todo el mundo) es importante destacar las cosas positivas y no sacar cada vez los mismos “trapos sucios”.

13. Hay que escucharles y tener en cuenta, ya que ellos están formando sus propias opiniones, que tal vez no compartimos, pero a todos nos gusta que nos escuchen y nos respeten.

14. En las discusiones (y esto también es válido para todo el mundo) es mejor hablar de la conducta que de la persona: por ejemplo, “no me gusta esto que haces” es mucho mejor que “no me gusta cómo eres”.

15. A menudo los jóvenes se quejan de que se les trata como a delincuentes por el mero hecho de ser jóvenes, que la gente les habla o mira mal. Conviene que superemos los prejuicios en este sentido, si es que los tenemos.

16. Aprovechar el momento oportuno para hablar, es mejor que forzarlo.

17. Ante un problema, escuchemos las soluciones que puede aportar el joven, no siempre tenemos nosotros la respuesta correcta.

18. Mejor negociar que discutir. Hay normas inamovibles, pero también hay cuestiones que se han de poder negociar.

19. Es importante valorar sus gustos, a sus amigos... Si les criticamos sistemáticamente, estamos levantando un muro.

20. Evitemos dramatizar: es normal que prueben el tabaco y el alcohol, por ejemplo, pero no necesariamente se han de volver adictos.

21. No olvidemos nuestro rol de padres, hay problemas que deberemos afrontar, no podemos hacer siempre “la vista gorda” o esperar que lo solucionen los demás (escuela, amigos)... o esperar a que se resuelva solo.
 
 



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21 pautas para sobrevivir a la adolescencia de los hijos (1)



Si tu hijo/a adolescente es rebelde, tienes un hijo/a normal. La rebelión forma parte de la adolescencia. El joven necesita distanciarse, desmarcarse de la familia para crecer. Y esta rebelión va siempre acompañada de angustia por parte del joven y también de angustia y enfado por parte de los padres, que a menudo no entienden qué está pasando.

  1. Es importante que el joven pueda acudir a un adulto de confianza si tiene un problema grave, cuando hay un fuerte distanciamiento entre padres e hijos. Muchas veces, un familiar cercano, hermano mayor, tío, tía, etc., pueden jugar un papel importante en estos momentos.
  2. Cada persona, cada familia tiene su propio estilo, sus principios. No todos los padres lo hacen igual y seguramente está bien.
  3. Los jóvenes necesitan cierta libertad para “ensayar” su nueva vida, y es conveniente darles un espacio (adecuado a su edad) y confiar en ellos. Se pueden equivocar, pero es peor que se queden encerrados en casa.
  4. También hay que darles seguridad y afecto, que se sepan queridos y aceptados, pase lo que pase.
  5. El manejo de la frustración es otro punto importante, saber apoyarles en momentos de “caída”, animarles a levantarse y volver a empezar.
  6. Ante un problema grave, los padres deben hacer un frente común, evitar las desavenencias que a menudo surgen. Hay que evitar las discusiones de quién tiene la culpa del comportamiento de los hijos, acusarse mutuamente, etc., y buscar soluciones juntos.
  7. No es fácil ser padres de un joven que parece que haya perdido todos los modales, la educación y se muestra desafiante y egoísta. En momentos así, los padres pueden caer en una postura radical, de castigos, reproches, que aún distanciará más las posturas. Por más difícil que parezca, hay que tomarlo con calma y tratar de restablecer puentes de diálogo.
  8. Un error frecuente es querer hacer “de amigo, de colega” de los hijos. Éste no es el rol que toca: los padres son los padres y los amigos son los amigos.
  9. El hecho de que los hijos se hagan mayores, también crea en algunos padres y madres la sensación de que “ya no son necesarios”, se sienten desubicados, y puede ser que, de forma inconsciente, no dejen crecer al hijo, que no le dejen marchar.
  10. También se da a menudo el caso de que haya una situación familiar complicada (paro, problemas en la pareja, etc.) y que se haga recaer toda la culpa en la conducta del adolescente. Esto no es justo ni ayuda a nadie.



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HAY UN ADOLESCENTE EN CASA. ¿Soy el peor padre/madre del mundo?




Nadie nos enseña a ser padres. Lo vamos aprendiendo «sobre la marcha». El padre y la madre, también son personas, con sus propias virtudes y carencias. Los padres también tenemos derecho a equivocarnos. Es importante recordarlo y, sobre todo, perdonarnos por nuestros errores.

  • A menudo tenemos la sensación de haber fracasado como padres cuando los hijos se rebelan contra todo y parece que han olvidado la educación y los buenos modales. Hablar con otros padres nos hará darnos cuenta de que no somos los únicos a los que les pasa.
  • Debajo de esta rebelión hay una necesidad de distancia: el adolescente necesita distanciarse emocionalmente de los padres para poder encontrar su propia identidad, reafirmar su personalidad. Que «pase de nosotros» no quiere decir que no nos quiera.
  • Pero también hay una profunda angustia que debe tenerse en cuenta. Aunque parezca que les estorbamos, en realidad necesitan más que nunca nuestro afecto y apoyo, necesitan saber que «estamos ahí», de forma incondicional. Pensemos que, a menudo, no saben quien son. Estan buscando modelos y referentes, y, sobre todo, se están buscando a sí mismos.
  • A menudo se hace difícil mostrarles nuestro afecto, cuando parece que no nos obedecen en nada y que están tirando su vida y su futuro por la borda. Aunque a veces reneguemos de ellos y estemos hartos, continuamos siendo buenos padres.
  • Esta costumbre de los mayores de darles consejos, de forma insistente, es una de las cosas que más les molesta. Tal vez nada más haga falta recordarles que «apliquen el sentido común» o que «ya son lo bastante mayores como para saber qué han de hacer y qué no».
  • Si hemos sentado unas buenas bases durante la infancia, les hemos transmitido valores, hemos dialogado con ellos, etc., hemos de confiar en que todo eso «está ahí», aunque no lo parezca. Confiemos un poco más en ellos, y también en nuestro trabajo realizado.
  • Una de las cosas más difíciles para los padres es encontrar el equilibrio entre libertad y autoridad, dónde está el límite entre qué he de permitir y qué no: En resumen, cuándo me paso o cuándo me quedo corto. Cada persona tiene su estilo educativo, más rígido o más flexible. Pensemos en cómo nos educaron a nosotros, y que, a pesar de los errores de nuestros padres, seguro que no hemos salido tan mal.
Hace años, una psicóloga especializada en adolescentes, me dijo que había dos pautas generales:



  • La primera, no pretendamos ganar todas las batallas, mejor ganemos la guerra. Marquemos unos mínimos: unas obligaciones indiscutibles, una hora de llegada, pero no queramos tener «hijos modélicos».
  • La segunda, es mejor negociar que imponer. Por ejemplo, cómprate esta ropa (que a mi no me gusta) pero ve limpio. Ve a esa fiesta, pero ven a dormir a una hora prudente y mañana llega a clase a tu hora.



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HAY UN ADOLESCENTE EN CASA. 10 cambios psicológicos




La adolescencia dura unos cuantos años, desde la pubertad (11-12 años aproximadamente) hasta el principio de la juventud (18-19 aproximadamente). Durante este largo periodo, el joven tendrá que afrontar diversos retos. Además de los cambios físicos, se encuentra con:


  1. Inicio del pensamiento abstracto, la capacidad de imaginar un futuro.
  2. La sensación de que nadie le entiende y que, lo que le pasa, sólo le pasa a él/ella.
  3. Sentirse aceptado por el grupo, la sensación de pertenencia.
  4. Descubrir «quién soy», en medio de los muchos mensajes recibidos, tanto por parte de la família, como de la escuela, los amigos, la sociedad…
  5. Descubrimiento de la sexualidad, con uno mismo, con los demás y la identidad sexual.
  6. Toma de decisiones éticas propias (qué está bien, qué no, independientemente de los referentes familiares, los amigos…)
  7. Aprender nuevas formas de relación como persona joven, diferentes de las del niño.
  8. Encontrar el equilibrio entre la autonomía y la independencia. (Por ejemplo, viviendo con los padres y dependiendo económicamente de ellos, encontrar espacios de autonomía personal aparte de la família)
  9. Aprender a tener pareja.
  10. Aprender a vivir sin la família (emanciparse), aunque esto, hoy en día, sucede más tarde.


Cuando los padres pensamos en un adolescente, debemos pensar que todos estos cambios son progresivos, es un proceso largo, con idas y venidas. Es necesario que estemos preparados para los cambios, pero tampoco nos llegarán de golpe. También tendremos que confiar en nuestro hijo o hija y en todo lo que le hemos transmitido. El adolescente cuenta con una serie de herramientas, no está «solo ante el peligro». Las diversas herramientas del joven son, entre otras:


  • Las habilidades personales para afrontar los retos
  • La personalidad y el temperamento propios
  • La inteligencia emocional (cómo manejar las emociones)
  • La capacidad de acompañamiento de la familia
  • El apoyo del entorno: los amigos, otros familiares, la escuela...



El adolescente, por más que se muestre desafiante, independiente, que parezca que ya no necesita a nadie, en realidad necesita mucho afecto de los padres, «saber que están ahí». También necesita reconocimiento y valoración en las cosas que hace. A menudo, la actitud «contestona» y a veces desagradable del joven, hace que nos apartemos, crea un mal ambiente en la relación padres-hijos, que hay que re-hacer. Es muy importante establecer puentes de diálogo en momentos de tranquilidad.





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HAY UN ADOLESCENTE EN CASA. Los cambios físicos: la pubertad


La adolescencia es la etapa de la vida donde más cambios se dan. Y estos cambios son profundos y complejos.

Esto también afecta de forma muy especial a los padres, que tendrán que ir adaptándose y replanteándose muchos de sus principios e ideas.

  • En las niñas aparece entre los diez años y medio y los once, y en los niños, de doce y medio a trece. Pero esto varía mucho en función de la genética, la alimentación, la zona geográfica, etc.
  • Los cambios físicos pueden repercutir a nivel psicológico de diversas formas:
  • Por un lado, las chicas que están muy desarrolladas a una edad precoz, se encontrarán con que, de repente, los chicos las empezarán a tratar de forma diferente, y probablemente su maduración psicológica no está al mismo nivel. Esto les puede causar inseguridad, y sobre todo, no saber cómo reaccionar. Es frecuente que quieran esconder su feminidad con ropa ancha, o por el contrario, que actúen como si tuvieran más edad de la que tienen en realidad.
  • En el extremo contrario, tenemos a las chicas que tardan en desarrollarse, y cuando sus compañeras de doce o trece ya lucen un cuerpo de mujer, ellas se encuentran diferentes, y eso será causa de complejos. A esto habrá que añadir el efecto que causan algunas burlas que se encontrarán, con muy poco tacto, por parte de otros adolescentes.
  • A los chicos les pasa una cosa parecida, pero los que más sufrirán son los que tardan en crecer y desarrollarse, que se pueden sentir muy acomplejados ante los chicos que son más altos y corpulentos.
  • Se les debe explicar qué cambios hará su cuerpo, a fin de que lo vivan con normalidad. A menudo, si no están informados, lo viven con angustia, pensando que lo que les está pasando no es normal. Además, acostumbran a compararse con los amigos, y se encuentran diferentes.
  • La aceptación del propio cuerpo, en muchas personas no llegará hasta bien entrada la madurez. Estamos sujetos a mucha presión social sobre los cánones de belleza, unos cánones que sólo están al alcance de unos pocos. La mayor parte de la población tiene algún complejo respecto a su físico. Si esto nos pasa a los adultos, imaginemos cómo lo viven los adolescentes.
  • Hay que tratar de ayudarles a que vayan asumiendo poco a poco que, sea cual sea su aspecto, las personas que les quieren lo harán por quién son, no por cómo son.




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Vivir la vejez con plenitud



Fin de la vida laboral: En algunos casos, la vida se ha centrado mucho en el trabajo, en el éxito, incluso en el reconocimiento. Estas personas se resisten a dejar el trabajo y lo alargan, básicamente por miedo a que su vida deje de tener sentido. Es importante dar valor al trabajo bien hecho, mirar atrás y ver todo lo que se ha conseguido, qué nos ha hecho más sabios, y todo lo que podemos transmitir.
 
Los nietos y los derechos: Si bien hay muchas personas mayores que son felices cuidando a los nietos y esa tarea llena su vida, también hay casos «de abuso» por parte de los hijos, en que los abuelos asumen una tarea de «padres substitutos» y se pasan la vida cuidando de los nietos mientras los padres se divierten. (No hablo de los casos de necesidad en los cuales los padres deben de trabajar y no tienen alternativa). Los abuelos ya fueron padres y ahora tienen derecho a disfrutar de su tiempo libre, se han ganado el derecho a hacer vacaciones perpetuas, poder viajar y llevar a cabo todas aquellas cosas para las que antes no tenían tiempo.
 
Afán de valer: Todos conocemos a la persona mayor que se pasa el día en el gimnasio, o que compite con los más jóvenes en cualquier ámbito, para «demostrar que aún puede». El cuerpo se va deteriorando, y también las facultades mentales: la agilidad, la memoria, la destreza, se van haciendo más lentas. Como hemos dicho antes, el valor de la persona está en ser conscientes del trabajo realizado, de la experiencia. Es importante aceptar las propias limitaciones para dar importancia a otros valores. A medida que la salud y las capacidades se van deteriorando, habrá que aceptarlo y también, tarde o temprano, se deberá asumir la dependencia con los demás. Para las personas que han sido muy independientes, esto se hace especialmente difícil.
 
Cuando no se ha conseguido lo que se quería: Hemos visto las diferentes etapas de la vida, qué cambios suponen, cuáles son las metas a conseguir en cada una de ellas y cómo se pueden superar positivamente. Cuando la persona tiene la sensación de haber superado una etapa, de hacer lo que debía, estará satisfecha con ella misma y con la vida. Pero cuando una etapa no se supera, no se consigue lo que se esperaba, esto provoca un malestar, que se puede alargar en el tiempo. Si la persona «falla» en más de una etapa de la vida, el rencor y el malestar se pueden instalar como un sentimiento permanente. Son esas personas mayores que nos da la sensación de que están «amargadas». Probablemente no han conseguido lo que se habían propuesto en su vida y no lo han aceptado. A medida que la persona se va haciendo mayor, cada vez es más difícil «re-colocar» un pasado del cual no se está satisfecho. Por eso es importante enfrentarse a los problemas cuando aparecen y no dejar que se hagan crónicos.
 
La prisa: Una de las cosas a las que se tendrá que enfrentar la persona mayor es asumir que el final se va acercando, que cada vez queda menos tiempo y que hemos vivido más cosa de las que nos quedan por vivir. Esto crea una sensación de «prisa» que también se debería superar. Son esas personas mayores que siempre van corriendo, que se quieren colar en la cola del supermercado y que cruzan el semáforo en rojo. La angustia de la prisa es uno de los sentimientos que habrá que superar.
 
La pasión: También la experiencia pierde intensidad, desaparece la pasión por las cosas. La «sabiduría» que hemos alcanzado nos dará una perspectiva diferente sobre la vida y sobre nosotros mismos. Se relativizan cosas, la escala de valores se re-coloca. Hay un sentimiento de trascendencia, de que nuestro paso por este mundo ha de tener algún sentido, que dejaremos alguna aportación, alguna obra.
 
La soledad: Este es uno de los problemas comunes en esta etapa. Algunas personas mayores utilizan la manipulación y el chantaje emocional para llamar la atención y que estén por ellos. Esto crea tensión dentro de la familia y un malestar en los hijos y familiares. Una vez más, la aceptación de los cambios y una búsqueda sana de soluciones (como acudir a un centro de jubilados o a un centro de día) puede ayudar.
 

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La frase de hoy


"A veces hay que perder el norte para descubrir que puedes ir en muchas otras direcciones."



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Y los más mayores, ¿también sufren crisis? (1)



Hacerse mayor, perder capacidades físicas y mentales, ir perdiendo conciencia del propio deterioro y de que el final se acerca, no son tareas fáciles para nadie. Pero ¿cuáles son las cosas que caracterizan esta última etapa?


Para empezar, hay que distinguir entre la tercera y la cuarta edad:

  • La tercera edad sería aquella en que la persona ya no tiene obligaciones laborales, se jubila, pero está activa y con ganas de hacer muchas cosas. La vida de las personas se ha alargado mucho y nos hacemos mayores con más salud y fortaleza. Esto nos permite llevar una vida plena y activa.
  • La cuarta edad sería aquella en que la persona, por sus condiciones físicas, empieza a depender de otros y se vuelve mucho más sedentaria.



¿Cuáles son, entonces, los principales problemas con que se encuentran las personas mayores activas?

  • Fin de la vida laboral: Nuestros abuelos tenían los roles muy delimitados: el hombre centraba su vida en el trabajo. La mujer, en la casa y el cuidado de la familia. Apenas existía cultura del ocio, más allá de las reuniones familiares o ir al bar. Esto hacía que, cuando se jubilaban, sobre todo los hombres, cayeran en depresión y sintieran que su vida ya no tenía sentido.
  • La cultura del ocio: Cantar, tocar instrumentos, manualidades y expresión artística, esoterismo, grupos de ayuda mutua, talleres de escritura, de lectura, grupos excursionistas, etc., son actividades que hoy en día forman parte de nuestra vida cotidiana. Pero la cultura del ocio nace en los años 60. Poco a poco está cambiando el perfil de los jubilados, están llegando a mayores las personas que ya están acostumbradas a hacer otras actividades aparte de trabajar. Esto facilita mucho la adaptación a esta nueva etapa, y que se comience a vivir la tercera edad como «unas vacaciones pagadas» y no como el final de todo.
  • Pérdida del poder y el estatus: Hasta hace unos años, sobre todo en el ámbito rural, las familias vivían juntas, abuelos, hijos y nietos. Esto fomentaba la transmisión de las tradiciones y también se respetaba una jerarquía, en la que el más mayor era el que mandaba. A los abuelos se les trataba de usted y tenían la última palabra en las decisiones. De esta situación se ha pasado a casi ignorar su opinión, incluso a tomar decisiones por ellos, sin tener en cuenta qué quieren ellos. Han pasado de ser los patriarcas a estorbar.
  • Menosprecio social por lo viejo: Estamos inmersos en una sociedad que sobre-valora la tecnología, lo nuevo, lo más rápido y a las personas se las valora mucho por su productividad, velocidad, adaptación a lo nuevo… esto se hace extensivo a las personas: se tiende a «sacarlas de en medio», pagamos a un cuidador para que les acompañe de paseo, porque van demasiado lentos y no tenemos tiempo para «perder» con ellos.




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Un mensaje para madres y padres de adolescentes

 
La adolescencia es una etapa crucial en la vida de tu hij@.
Quiérele cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite.





Un mensaje para madres y padres.
 
 
Quiérele cuando te grite y no quiera saber de ti.

Cuando su mundo se derrumbe y crea que tú eres la causa, no te rindas; todo pasa.

Quiérele cuando todo le salga mal y no haya salida. Demuéstrale que sí, que sólo es una caída.

A veces ofrecerás tu ayuda y otras tendrás la duda, porque la adolescencia es una etapa de decisiones e indecisiones. Así que enséñale, aunque las quiera tomar solo. Si sale mal, dale tu apoyo y acepta que haga su camino aunque a veces signifique que tú cambies el tuyo. Porque hace ya años que tú encontraste el camino, pero, como él, también estabas perdido.

A su edad, tú también cuestionabas todo y no querías pautas o reglas de ningún modo.

Pero una madrugada, tras una noche fuera, me aseguraste que estabas buscando tu lugar en el mundo. Me confesaste que habías tomado decisiones, que tenías un plan, un proyecto de vida,... Yo no te entendía, pero recuerdo que te miré a los ojos y comprendí que en todo caos siempre hay un poco de orden; y en ocasiones hay que perderse para poder encontrarse.

Por eso, cuando veas que le quema el fuego por dentro, recuerda que a su edad tú también "saltaste", y, aunque muchas veces fallaste, otras muchas no.

Con el tiempo, quizás, logre ser el protagonista de su vida y entender que la autonomía y la libertad no están exentas de responsabilidad. Comprenderá que la buena suerte tiene sus reglas, y éstas se obtienen con esfuerzo cuando menos te lo esperas.

Así que, hasta entonces, si te ruge su fiera, espera, y aprende a lidiar con ella. ¿Prefieres que sea gato, o pantera?

Habrá veces que se pierda y entonces llore, grite y muerda. Es normal. Hay trayectos muy escondidos y momentos donde se dará por perdido. Pero tú tendrás que estar ahí, incondicionalmente. Ser su faro, y, cuando la noche lo encuentre, guiarle sin reparo. Y si aún así no puede y el viaje se hace largo, recordarle que siempre, siempre, tú le ofrecerás amparo.
 
La adolescencia es una etapa crucial en la vida de tu hij@.

Quiérele cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite.

 
 

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7 consejos para superar la crisis de los 40

(o cualquier otra crisis existencial)



En primer lugar, ¿cómo sabemos que tenemos una crisis existencial?

  • Cuando tenemos la sensación de no estar a gusto con nuestra vida, y esta sensación dura bastante tiempo.
  • Cuando nos sentimos decaídos y sin energía, con sensación de estancamiento.
  • Cuando la rutina nos doblega.
  • Cuando la ansiedad nos hace tener conductas compulsivas: comer o fumar demasiado, por ejemplo.
  • Cuando nos obsesionamos con una actividad que no nos aporta nada, como limpiar la casa o hacer solitarios en el ordenador.

Planteémonos la siguiente pregunta: si hoy mismo te tocasen muchos-muchos millones en la lotería, ¿qué harías?

  • Si la respuesta es: mejorar algunas cosas de mi vida actual, hacérmela más fácil, es que estás a gusto con tu vida.
  • Si por el contrario, lo cambiarías absolutamente todo, te marcharías bien lejos y empezarías una nueva vida con otro nombre, ha llegado el momento de replantearte tu vida.


Si tienes una crisis existencial, ¿qué has de hacer?

  1. Está claro que has de actuar, que no puedes continuar así: empieza por hacer una reflexión profunda. Vete solo unos días, por ejemplo, y escucha a tus necesidades.
  2. No te lances a hacer grandes cambios sin pensar. Cuando estamos muy saturados, corremos el riesgo de romper con todo, y nos podemos arrepentir después. Detente a pensar antes de actuar. No lances toda tu vida por la borda.
  3. Los cambios suponen renuncias. Dejar lo viejo, desprenderse de lo que no nos sirve, para adoptar algo nuevo. Todos los cambios dan miedo, son un salto al vacío, pero hay momentos en que es necesario renovarse para seguir adelante.
  4. Tomemos conciencia de nuestros límites: la excitación de la juventud se va perdiendo, hay un cierto desencanto y desilusión, pero se concederá valor a todo lo que tenemos y lo que hemos conseguido.
  5. Aún estamos a tiempo de hacer cambios. Tal vez podemos rescatar nuestra vocación, nuestro proyecto de vida y adaptarlo parcialmente a nuestra realidad. Quizás no cambiemos toda nuestra vida, pero introducir en ella un nuevo proyecto nos puede aportar aire fresco.
  6. A menudo el problema es que pensamos que ya es demasiado tarde, que ya «hemos perdido el tren». Este es un concepto que nos ha inculcado la sociedad, una sociedad que valora lo joven, lo moderno, lo innovador, que pretende apartar a la gente cuando se va haciendo mayor para dar paso a los jóvenes. Es simplemente una cuestión de percepción. Las personas tenemos la capacidad de hacer todo lo que nos propongamos. Sólo hace falta que tengamos fe y confianza en nosotros mismos y que, verdaderamente lo deseemos.
  7. La crisis de los 40 es un buen momento para hacer revisión de nuestros valores y darnos cuenta de cuales decimos que son nuestras prioridades y a cuales estamos dedicando verdaderamente nuestra energía. Recomiendo coger papel y bolígrafo y hacer un listado de lo que nos importa, hacernos un calendario y empezar a cambiar las cosas.



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Las 6 claves de la crisis de los 40



La crisis de la mediana edad, o crisis de los 40, se fundamenta en 6 aspectos principales, que a menudo nos hacen replantear el sentido de nuestra vida y ocasionan una pequeña (o gran) revolución.

  1. El trabajo: Aparte de la crisis económica y las situaciones de paro laboral, las personas, de jóvenes, tienen aspiraciones y sueños de llegar a un lugar determinado en su trabajo. Hay un punto en que, por diversas razones, se prevé que «no se llegará más lejos». Esto supone tener que aceptar una realidad que no es fácil, y que puede ocasionar una verdadera crisis en algunas personas, sobre todo, en aquellas que han centrado su vida en el trabajo.

  2. La vocación: Nuestra vocación era una, y el trabajo que no tuvimos «más remedio que aceptar» puede ser bien diferente. Hoy en día es casi un lujo poder trabajar en aquello que nos gusta y que además nos podamos ganar la vida con ello. A menudo hemos tenido que renunciar a nuestra vocación debido a las dificultades que nos hemos encontrado y/o por motivos económicos. Esta renuncia, a la larga, «pasa factura». Es cuando una mañana nos levantamos y nos damos cuenta de que no nos gusta nuestro trabajo, que nos sentimos frustrados por no poder desarrollar nuestra vocación y además tenemos la sensación de que el tiempo pasa, que nos hacemos mayores y que cada vez estamos más lejos de nuestros proyectos y sueños.
  1. La pareja: En la etapa joven hay una cierta idealización de las relaciones de pareja. La vida de pareja atraviesa diferentes etapas y es fácil que se caiga en la monotonía y el distanciamiento. Nuestra pareja quizá es nuestro puntal, allá donde encontramos refugio, estimación, complicidad… pero cuando esto no es así, se produce una crisis, que muchas veces confluye en esta crisis de la mediana edad.

  2. Los hijos: Quien aún no los tiene, a los 40 tendrá que tomar decisiones definitivas. Quien los tiene pequeños, se ve condicionado a nivel de tiempo libre, elecciones de ocio, economía, incluso a la hora de elegir un trabajo o desarrollar su vocación. Si son adolescentes, se generan nuevas situaciones, que algunas veces pondrán a prueba la solidez de la pareja.

  3. Los valores: Hay valores inamovibles, pero a lo largo de la vida vamos haciendo revisión de valores. Si a los 20, experimentar y tener una vida llena de dinamismo son valores importantes, a los 40 eso seguramente ha pasado a un segundo plano y valoramos más una conversación tranquila o la compañía en una excursión.
  1. Las prioridades: ¿El trabajo? ¿La familia? ¿La vocación? ¿Los amigos? ¿Las aficiones? ¿A qué damos prioridad? ¿En qué orden? ¿Ha variado en función de la edad y de las etapas vitales? ¿Y a los 40? ¿Nuestra vida se parece a la que habíamos soñado? ¿O no tiene nada que ver?



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¿Tienes la crisis de los 40?

Cuestionario de auto-evaluación

Puede ser a los 37 o a los 43, pero se trata de una crisis existencial que muchas personas experimentan hacia la mitad de la vida adulta.


Unas sencillas preguntas te harán identificar si tienes o has pasado la denominada crisis de los 40:

1. ¿Tienes la sensación de depender de ti mismo para todo?

2. Te angustia la idea de no contar con nadie a la hora de tomar decisiones?

3. ¿No tienes claro que puedas llegar más lejos a nivel laboral? ¿Crees que no vale la pena seguir luchando para llegar más alto?

4. ¿Tienes una sensación de rutina, de repetición, en tu trabajo?

5. ¿Eres capaz de administrar tus recursos económicos?

6. ¿Tienes a menudo la sensación de que no tienes tiempo para ti? ¿Para hacer lo que verdaderamente te gusta?

7. Si llevas tiempo en pareja, ¿a menudo tienes una sensación de rutina?

8. Si tienes hijos, ¿te parece que las responsabilidades se te acumulan?

9. ¿A menudo renuncias a pequeñas cosas y priorizas las obligaciones por delante de la diversión, ocio, incluso tiempo de descanso?

10. ¿Tienes una sensación de «conformado» que a la vez te angustia?

11. ¿La energía no es la misma, y te cuesta tomar conciencia de tus límites?

12. ¿Notas que vas perdiendo la ilusión de que todo se puede cambiar y la sensación de excitación por las cosas nuevas?


Si has contestado que sí a la mayoría de las preguntas, estás pasando por la crisis de los 40.

Esto le pasa a la mayoría de la gente. Es una etapa por la que hay que pasar. Respira hondo, y trata de compartirlo con otros amigos y compañeros que estén pasando por la misma crisis. Tal vez es el momento de replantearte tus valores, tus límites, tus prioridades…, pensar si estás donde quieres estar, y, si no es así, qué estás dispuesto a hacer para ir hacia donde quieres ir.

Próximo artículo: las claves para superar la crisis de los 40.



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¿Tienes la crisis de los 30? Las claves para identificarla y evitarla




¿Te acercas a los 30 años y parece que todo el mundo te presiona para que “hagas lo que toca”?

Te propongo un pequeño cuestionario:

  • Cuando te encuentras con tías/abuelas, te dicen aquello de “¿Y tú no tienes novio/a?”
  • Ya tienes pareja estable y en todas las bodas cae inevitablemente la preguntita: “¿y vosotros cuándo os casáis?”
  • Ya estás casado o vives en pareja y tus amigos/as empiezan a tener criaturas. Es una plaga, parece que se contagie. ¿Tienes la sensción de que “no tienes más remedio que tener una criatura?”
  • Vas a una fiesta de antiguos alumnos del instituto. ¿Tienes la sensación de que todos tienen un trabajo estable excepto tú?
  • Fiesta familiar: Aquel primo que siempre ha competido contigo, se pone a “fardar” del trabajo tan bueno que tiene, de lo bien considerado que está en su empresa, de que se ha comprado un coche fantástico… ¿te sientes como una “piltrafa” a su lado?
  • Los amigos con los que acostumbrabas a salir de fiesta se han vuelto todos formalitos, no hay manera de sacarles de casa, no aguantan hasta más allá de la medianoche… y a ti aún te gusta salir y divertirte… ¿te coge complejo de inmaduro?
  • En una cena de empresa, todos los compañeros hablan de hipotecas, euríbor y bancos y tú aún vives con tus padres… ¿te vas al lavabo disimuladamente para evitar la conversación?

Si has contestado que sí a todas las preguntas, estás en plena “crisis de los 30”. Si por el contrario, has pensado: “Sí, ¿y qué? Estoy bien como estoy”, felicidades: no te afecta tanto la presión social como para crearte un trauma.

Hay un peso importante de lo que marca la sociedad, lo que “se espera de mí”. La presión social puede llegar a ser tan fuerte, que nos produzca un estado depresivo o de ansiedad importante.

¿Cómo podemos evitarlo? Pautas para contrarrestar los mensajes sociales

  • Escúchate a ti mismo/a, a tu niño interior: ¿estás haciendo realmente lo que quieres hacer? ¿estás donde quieres estar?
  • Si no te gusta algo de tu vida, ¿estás poniendo los medios necesarios para cambiarlo?
  • ¿Siempre te ha importado lo que digan o piensen los demás? ¿O dices que no, y después te sientes fatal por los comentarios?
  • Reafirma tu estilo de vida: busca frases divertidas para contestar a las típicas y tópicas preguntas:
    • P: ¿Aún no tienes pareja?
    • R: Uy, ¡no tengo tiempo! Estoy demasiado ocupado disfrutando de mi soltería
    • P: ¿Para cuando la boda?
    • R: Es que lo queremos hacer por el rito de Bali y estamos ahorrando… ¡Ya te avisaremos!
    • P: ¿Y para cuándo el niño?
    • R: Ay, es que nos queremos dedicar a los gatos: ya tenemos 6 y estamos esperando dos camadas…
    • P: ¿No aprovecháis que los pisos han bajado de precio?
    • R: Estamos ahorrando para una caravana. Nos gusta ser nómadas y vivir en la naturaleza…

El consejo final: No dejes que la presión social condicione tus decisiones más importantes: tu vida es TUYA.





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