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Recomendaciones para el éxito de una relación




Según los estudios, hay diversos factores que intervienen en el éxito de una relación:
  • El origen sociocultural, el nivel educativo, la edad de casarse, la edad a la que llega el primer hijo, los problemas económicos, son factores que influyen en el éxito de una relación.
  • El estrés es una de las principales causas de conflicto de pareja. Se le pidió a diversas parejas hacer un registro durante dos semanas, registrando los acontecimientos estresantes, la situación, la energía que invertían en llevarlo, cómo reaccionaba la pareja y su grado de satisfacción respecto a la relación. Los datos mostraron que en los días más estresantes las personas hacían más comentarios negativos sobre su pareja y se manifestaban menos satisfechos con su relación. La conclusión de los psicólogos fue que, la energía que se destina en afrontar las situaciones estresantes se resta de la energía necesaria para mantener una buena relación.
  • Estadísitcamente, las personas que tienen dudas antes de casarse, tienen el doble de posibilidades de acabar separados.
  • También el grado de satisfacción en las relaciones sexuales influye. Aquellas parejas en las que las relaciones pierden interés durante los primeros cuatro años de relación tienen más posibilidades de acabar separadas que aquellas en las que el nivel de satisfacción se mantiene.

La Asociación Americana de Psicología ha hecho las siguientes recomendaciones para mantener de forma satisfactoria una relación de pareja:
  • Intercambiar refuerzos positivos: Conductas sencillas como un abrazo, decir alguna cosa agradable, un pequeño detalle, dejar una nota escrita, enviar un mensaje o un pequeño masaje hace que la otra persona se sienta cuidada y querida.
  • La forma de discutir: dialogar aprendiendo a formular peticiones concretas y a expresar de forma adecuada tanto las quejas como los sentimientos negativos, sin callarlas y sin herir al otro.
  • El apoyo del otro, tanto en los momentos de crísis como en los de éxito.
  • Evitar la rutina y el aburrimiento, hacer actividades variadas, novedosas y sorprendentes.


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Pilar Morey Bulbena
Telf.: 605 52 52 81


21 pautas para sobrevivir a la adolescencia de los hijos (1)



Si tu hijo/a adolescente es rebelde, tienes un hijo/a normal. La rebelión forma parte de la adolescencia. El joven necesita distanciarse, desmarcarse de la familia para crecer. Y esta rebelión va siempre acompañada de angustia por parte del joven y también de angustia y enfado por parte de los padres, que a menudo no entienden qué está pasando.

  1. Es importante que el joven pueda acudir a un adulto de confianza si tiene un problema grave, cuando hay un fuerte distanciamiento entre padres e hijos. Muchas veces, un familiar cercano, hermano mayor, tío, tía, etc., pueden jugar un papel importante en estos momentos.
  2. Cada persona, cada familia tiene su propio estilo, sus principios. No todos los padres lo hacen igual y seguramente está bien.
  3. Los jóvenes necesitan cierta libertad para “ensayar” su nueva vida, y es conveniente darles un espacio (adecuado a su edad) y confiar en ellos. Se pueden equivocar, pero es peor que se queden encerrados en casa.
  4. También hay que darles seguridad y afecto, que se sepan queridos y aceptados, pase lo que pase.
  5. El manejo de la frustración es otro punto importante, saber apoyarles en momentos de “caída”, animarles a levantarse y volver a empezar.
  6. Ante un problema grave, los padres deben hacer un frente común, evitar las desavenencias que a menudo surgen. Hay que evitar las discusiones de quién tiene la culpa del comportamiento de los hijos, acusarse mutuamente, etc., y buscar soluciones juntos.
  7. No es fácil ser padres de un joven que parece que haya perdido todos los modales, la educación y se muestra desafiante y egoísta. En momentos así, los padres pueden caer en una postura radical, de castigos, reproches, que aún distanciará más las posturas. Por más difícil que parezca, hay que tomarlo con calma y tratar de restablecer puentes de diálogo.
  8. Un error frecuente es querer hacer “de amigo, de colega” de los hijos. Éste no es el rol que toca: los padres son los padres y los amigos son los amigos.
  9. El hecho de que los hijos se hagan mayores, también crea en algunos padres y madres la sensación de que “ya no son necesarios”, se sienten desubicados, y puede ser que, de forma inconsciente, no dejen crecer al hijo, que no le dejen marchar.
  10. También se da a menudo el caso de que haya una situación familiar complicada (paro, problemas en la pareja, etc.) y que se haga recaer toda la culpa en la conducta del adolescente. Esto no es justo ni ayuda a nadie.



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HAY UN ADOLESCENTE EN CASA. ¿Soy el peor padre/madre del mundo?




Nadie nos enseña a ser padres. Lo vamos aprendiendo «sobre la marcha». El padre y la madre, también son personas, con sus propias virtudes y carencias. Los padres también tenemos derecho a equivocarnos. Es importante recordarlo y, sobre todo, perdonarnos por nuestros errores.

  • A menudo tenemos la sensación de haber fracasado como padres cuando los hijos se rebelan contra todo y parece que han olvidado la educación y los buenos modales. Hablar con otros padres nos hará darnos cuenta de que no somos los únicos a los que les pasa.
  • Debajo de esta rebelión hay una necesidad de distancia: el adolescente necesita distanciarse emocionalmente de los padres para poder encontrar su propia identidad, reafirmar su personalidad. Que «pase de nosotros» no quiere decir que no nos quiera.
  • Pero también hay una profunda angustia que debe tenerse en cuenta. Aunque parezca que les estorbamos, en realidad necesitan más que nunca nuestro afecto y apoyo, necesitan saber que «estamos ahí», de forma incondicional. Pensemos que, a menudo, no saben quien son. Estan buscando modelos y referentes, y, sobre todo, se están buscando a sí mismos.
  • A menudo se hace difícil mostrarles nuestro afecto, cuando parece que no nos obedecen en nada y que están tirando su vida y su futuro por la borda. Aunque a veces reneguemos de ellos y estemos hartos, continuamos siendo buenos padres.
  • Esta costumbre de los mayores de darles consejos, de forma insistente, es una de las cosas que más les molesta. Tal vez nada más haga falta recordarles que «apliquen el sentido común» o que «ya son lo bastante mayores como para saber qué han de hacer y qué no».
  • Si hemos sentado unas buenas bases durante la infancia, les hemos transmitido valores, hemos dialogado con ellos, etc., hemos de confiar en que todo eso «está ahí», aunque no lo parezca. Confiemos un poco más en ellos, y también en nuestro trabajo realizado.
  • Una de las cosas más difíciles para los padres es encontrar el equilibrio entre libertad y autoridad, dónde está el límite entre qué he de permitir y qué no: En resumen, cuándo me paso o cuándo me quedo corto. Cada persona tiene su estilo educativo, más rígido o más flexible. Pensemos en cómo nos educaron a nosotros, y que, a pesar de los errores de nuestros padres, seguro que no hemos salido tan mal.
Hace años, una psicóloga especializada en adolescentes, me dijo que había dos pautas generales:



  • La primera, no pretendamos ganar todas las batallas, mejor ganemos la guerra. Marquemos unos mínimos: unas obligaciones indiscutibles, una hora de llegada, pero no queramos tener «hijos modélicos».
  • La segunda, es mejor negociar que imponer. Por ejemplo, cómprate esta ropa (que a mi no me gusta) pero ve limpio. Ve a esa fiesta, pero ven a dormir a una hora prudente y mañana llega a clase a tu hora.



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HAY UN ADOLESCENTE EN CASA. 10 cambios psicológicos




La adolescencia dura unos cuantos años, desde la pubertad (11-12 años aproximadamente) hasta el principio de la juventud (18-19 aproximadamente). Durante este largo periodo, el joven tendrá que afrontar diversos retos. Además de los cambios físicos, se encuentra con:


  1. Inicio del pensamiento abstracto, la capacidad de imaginar un futuro.
  2. La sensación de que nadie le entiende y que, lo que le pasa, sólo le pasa a él/ella.
  3. Sentirse aceptado por el grupo, la sensación de pertenencia.
  4. Descubrir «quién soy», en medio de los muchos mensajes recibidos, tanto por parte de la família, como de la escuela, los amigos, la sociedad…
  5. Descubrimiento de la sexualidad, con uno mismo, con los demás y la identidad sexual.
  6. Toma de decisiones éticas propias (qué está bien, qué no, independientemente de los referentes familiares, los amigos…)
  7. Aprender nuevas formas de relación como persona joven, diferentes de las del niño.
  8. Encontrar el equilibrio entre la autonomía y la independencia. (Por ejemplo, viviendo con los padres y dependiendo económicamente de ellos, encontrar espacios de autonomía personal aparte de la família)
  9. Aprender a tener pareja.
  10. Aprender a vivir sin la família (emanciparse), aunque esto, hoy en día, sucede más tarde.


Cuando los padres pensamos en un adolescente, debemos pensar que todos estos cambios son progresivos, es un proceso largo, con idas y venidas. Es necesario que estemos preparados para los cambios, pero tampoco nos llegarán de golpe. También tendremos que confiar en nuestro hijo o hija y en todo lo que le hemos transmitido. El adolescente cuenta con una serie de herramientas, no está «solo ante el peligro». Las diversas herramientas del joven son, entre otras:


  • Las habilidades personales para afrontar los retos
  • La personalidad y el temperamento propios
  • La inteligencia emocional (cómo manejar las emociones)
  • La capacidad de acompañamiento de la familia
  • El apoyo del entorno: los amigos, otros familiares, la escuela...



El adolescente, por más que se muestre desafiante, independiente, que parezca que ya no necesita a nadie, en realidad necesita mucho afecto de los padres, «saber que están ahí». También necesita reconocimiento y valoración en las cosas que hace. A menudo, la actitud «contestona» y a veces desagradable del joven, hace que nos apartemos, crea un mal ambiente en la relación padres-hijos, que hay que re-hacer. Es muy importante establecer puentes de diálogo en momentos de tranquilidad.





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El trato con las personas que atendemos


Hoy quiero hablar de los profesionales que tratan con personas. Especialmente, aquellos y aquellas que atienden a personas en situación de vulnerabilidad.
 
A menudo me encuentro con clientes que han tenido que acudir a un profesional, sea trabajador social, médico, enfermero, abogado, maestro, etc., y hay una queja bastante frecuente que tiene que ver con la falta de empatía, con brusquedad en el trato y transmisión de mensajes negativos.
 
La persona se encuentra en una situación de indefensión ante el profesional. Acude en busca de alguna ayuda, que necesita. Y no tiene más remedio que confiar en esta persona para que le dé alguna solución o recurso.
 
No sólo los psicólogos tenemos la obligación profesional y moral de tratar bien a las personas y transmitirles mensajes positivos y alentadores: también la tienen todos y cada uno de los profesionales que tratan con personas.
 
Me vienen a la memoria algunos casos que expondré para ilustrarlo:
  1. Una mujer, separada por maltrato psicológico y físico, con dos criaturas y una situación económica muy precaria. Acude a los servicios sociales, con toda la vergüenza que esto puede suponer y en una situación bastante desesperada. Situémonos en la tesitura de tener que sentarnos delante de una persona extraña y explicarle todas nuestras carencias, traumas, debilidades… Respuesta de la trabajadora social, riñéndola: “¿Y por qué te has dejado maltratar?” No sé si esto es denunciable, pero por supuesto denota una falta de habilidades, incluso de educación, flagrante. Como persona, puede opinar lo que le parezca. Como trabajadora social, debe tener sensibilidad máxima hacia la persona que tiene delante, empatizar con el sufrimiento, con su vulnerabilidad.
  2. Una chica que ha tenido a su primer hijo hace poco. Después de leer, informarse, etc., decide darle el pecho al niño y se encuentra con ciertas dificultades: parece que el niño no se coge bien, pasa hambre y llora. Pongámonos en su lugar, en su situación de preocupación, la carga de la responsabilidad de “ser una buena madre”. Acude a la comadrona, que después de hacerle una exploración, le dijo, textualmente: “de donde no hay, no manará”. Sabemos que las compañías que fabrican leche para biberón hicieron campañas muy fuertes para desprestigiar la lactancia materna, durante los años 60 y 70, y que aún hay algunos profesionales que “han heredado” falsas creencias. Vamos a suponer que esta comadrona era una de ellas. Aún así, su obligación era buscar soluciones y animar a la mujer a continuar, y no poner en duda su capacidad.
  3. Una joven a la que hicieron un tratamiento de fertilidad. Dentro de este proceso, largo, lleno de incertidumbres y físicamente duro, uno de los pasos consiste en atiborrar a la mujer de hormonas para que su cuerpo fabrique el máximo de óvulos posible, que después le extraerán. Comentario del profesional: “como no saldrá bien, lo repetiremos”…, sin comentarios.

Tengo entendido que en muchas carreras hay la asignatura de psicología. Está más que demostrado que el refuerzo positivo tiene mucha más efectividad que el negativo o el castigo. ¿Por qué, entonces, hay tantos profesionales que dan mensajes negativos? ¿Por qué se utiliza tanto el prejuicio y el juicio, en vez de escuchar y acoger?
 
 
Acoger, escuchar, apoyar, ponerse en el lugar del otro. Transmitir mensajes positivos, alentar y por supuesto, nunca en la vida juzgar.
 
 

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