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Cuidador: cuando las tornas cambian

Video muy recomendable titulado "Seremos padres de nuestros padres" y que trata el tema de cuidar a quienes fueron nuestros cuidadores. Carlos Alfonso García pone voz al texto original de Fabricio Carpi Nejar, cuya transcripción literal encontrarás a continuación del video.


Hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido:
  • Es cuando el hijo se convierte en el padre de su padre.
  • Es cuando el padre se hace mayor y comienza a trotar como si estuviera dentro de la niebla. Lento, lento, impreciso.
  • Es cuando uno de los padres que te tomó con fuerza de la mano cuando eras pequeño ya no quiere estar solo.
  • Es cuando el padre, una vez firme e insuperable, se debilita y toma aliento dos veces antes de levantarse de su lugar.
  • Es cuando el padre, que en otro tiempo había mandado y ordenado, hoy solo suspira, solo gime, y busca dónde está la puerta y la ventana - todo corredor ahora está lejos.
  • Es cuando uno de los padres, antes dispuesto y trabajador, fracasa al ponerse su propia ropa y no recuerda tomar sus medicamentos.
Y nosotros, como hijos, no haremos otra cosa sino aceptar que somos responsables de esa vida.
Aquella vida que nos engendró depende de nuestra vida para morir en paz. Todo hijo es el padre de la muerte de su padre. Tal vez la vejez del padre y de la madre es curiosamente el último embarazo. Nuestra última enseñanza. Una oportunidad para devolver los cuidados y el amor que nos han dado por décadas.

Y así como adaptamos nuestra casa para cuidar de nuestros bebés, bloqueando tomas de luz y poniendo corralitos, ahora vamos a cambiar la distribución de los muebles para nuestros padres.
La primera transformación ocurre en el cuarto de baño. Seremos los padres de nuestros padres los que ahora pondremos una barra en la regadera. La barra es emblemática. La barra es simbólica. La barra es inaugurar el “destemplamiento de las aguas”. Porque la ducha, simple y refrescante, ahora es una tempestad para los viejos pies de nuestros protectores.

No podemos dejarlos en ningún momento. La casa de quien cuida de sus padres tendrá abrazaderas por las paredes. Y nuestros brazos se extenderán en forma de barandillas. Envejecer es caminar sosteniéndose de los objetos, envejecer es incluso subir escaleras sin escalones. Seremos extraños en nuestra propia casa. Observaremos cada detalle con miedo y desconocimiento, con duda y preocupación. Seremos arquitectos, diseñadores, ingenieros frustrados.
¿Cómo no previmos que nuestros padres se enfermarían y necesitarían de nosotros? Nos lamentaremos de los sofás, las estatuas y la escalera de caracol. Lamentaremos todos los obstáculos y la alfombra.
Feliz el hijo que es el padre de su padre antes de su muerte, y pobre del hijo que aparece sólo en el funeral y no se despide un poco cada día.

Mi amigo Joseph Klein acompañó a su padre hasta sus últimos minutos. En el hospital, la enfermera hacía la maniobra para moverlo de la cama a la camilla, tratando de cambiar las sábanas cuando Joe gritó desde su asiento: Deja que te ayude. Reunió fuerzas y tomó por primera vez a su padre en su regazo. Colocó la cara de su padre contra su pecho. Acomodó en sus hombros a su padre consumido por el cáncer: pequeño, arrugado, frágil, tembloroso. Se quedó abrazándolo por un buen tiempo, el tiempo equivalente a su infancia, el tiempo equivalente a su adolescencia, un buen tiempo, un tiempo interminable. Meciendo a su padre de un lado al otro. Acariciando a su padre. Calmando él a su padre. Y decía en voz baja:

- ¡Estoy aquí, estoy aquí, papá!
 
Lo que un padre quiere oír al final de su vida es que su hijo está ahí.


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"Más tolerancia y menos torturarnos"

La psicóloga Carmen Durán, después de abordar el problema del sentimiento de culpa dentro de la pareja en sus dos últimos libros, ahora acaba de publicar "La Benevolencia" (Editorial Kairos), donde habla del sentimiento que "nos permite ser más tolerantes con nosotros mismos, reconocer nuestros límites y entender que no tenemos que estar torturándonos por lo que deberíamos ser y no somos".

De todo ello habla en una entrevista para El Periódico:

https://www.elperiodico.com/es/extra/20180320/carmen-duran-nuevo-libro-benevolencia-educacion-6695711


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9 Consejos para no distanciarse de la pareja



Las relaciones de pareja pasan por diferentes etapas. La pasión del principio deja paso a más espacios por separado, y a una complicidad dentro de la individualidad.

Pero hay momentos difíciles: uno de los peores es cuando hay hijos pequeños: los niños, que son encantadores, también son omnipresentes, multiplican el trabajo, las obligaciones, el cansancio… Si además los dos trabajan, el conflicto está servido. Priorizamos el trabajo, los hijos, la casa, la compra… todo menos la pareja. Parece que no se pueda romper… pero es un error frecuente.
 
  • 1.- No des por sentado que la pareja es para toda la vida: La llama, el interés, la atracción… tenemos que mantenerlos vivos. Porque se haya firmado un papel o haya unos hijos, no significa que no se pueda romper la relación. La pareja es una figura que hay que tener en cuenta y cuidar.
  • 2.- Busca espacios para los dos: El hecho de tener hijos, cambia la situación: los niños acostumbran a ser el centro del mundo. Pero es fundamental hacer cosas solos. Muchas parejas se quejan de no tener con quien dejar a los pequeños. Pagar una niñera, será el dinero mejor invertido en la salud de la relación.
  • 3.- Arréglate para tu pareja: Estar atractivo o atractiva, vestirte como a ella o a él le gusta, seguir conquistando y seduciendo a tu pareja, ayudará a mantener viva la atracción.
  • 4.- Sé detallista: No dejes de pensar en qué le gusta. Déjale una nota personal, envíale un mensaje romántico, llévale flores, o su comida favorita. Si cuando nos conocimos, nos esforzamos en conquistar a nuestra pareja, ¿por qué dejamos de hacerlo?


  • 5.- No rompas el contacto físico: A menudo veo a parejas que sólo se dan un beso de hola y adiós, de forma mecánica. Y ni se tocan. Al comienzo de la relación, los dos estaban en el sofá bien juntos. Poco a poco, se van distanciando y acaban uno en el sofá y el otro en otra habitación (en la cama, en el ordenador…). Toca a tu pareja, siéntate a su lado, acaríciala, cógele la mano cuando vais por la calle. El distanciamiento empieza aquí.
  • 6.- Habla con tu pareja: Más allá del día a día, de la logística, de quién irá a comprar mañana, qué cenaremos o quién lleva a la niña al dentista, conviene recordar que sois pareja, que tenéis una relación especial, que es diferente de las otras relaciones con las otras personas. Busca el espacio para hablar de lo que te preocupa, lo que te gusta, etc. Escucha a tu pareja.
  • 7.- Haced proyectos juntos: Es importante tener una ilusión: un viaje, las vacaciones… cualquier cosa que compartiréis, y que os tiene que ilusionar.
  • 8.- Escaparos: Sois familia, pero también sois pareja. No pasa nada por dejar a los niños con los abuelos, la tía o una familia del colegio. La pareja necesita sus espacios. Id a cenar, a bailar, al cine… ir al supermercado juntos, no cuenta.
  • 9.- Busca espacios y momentos para la intimidad: Las relaciones sexuales son más complicadas cuando hay niños en casa, que se pueden despertar en cualquier momento. Es importante buscar momentos, espacios, dejar a los niños con alguien, marcharse solos un fin de semana… cuando se crea una distancia a nivel físico, después cuesta mucho recuperarla.


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HAGO LO QUE PUEDO, CON LAS HERRAMIENTAS QUE TENGO

(Dedicado a S)

Hago lo que puedo, con las herramientas que tengo…

Y de eso se trata. Pero no siempre es así. A menudo queremos hacer más de lo que nos toca, queremos llegar a un listón que nosotros mismos nos vamos subiendo y subiendo…

La auto-exigencia es eso; auto, porque nos la imponemos a nosotros mismos. Y exigencia, porque emana de la tiranía, una tiranía de la cual no somos conscientes.

Preguntémonos, si aquello que nos estamos exigiendo a nosotros mismos, se lo exigiríamos a nuestro mejor amigo, a nuestra pareja… Preguntémonos, si fuéramos alcaldes de nuestro pueblo, haríamos una ley que obligase a todo el mundo a hacer lo mismo que nos exigimos a nosotros mismos…

Si la respuesta es que no, está muy claro que nos auto-exigimos. Planteémonos, entonces, de dónde provienen estas órdenes auto-impuestas.

Y aquí quiero introducir el concepto del “cassette grabado”: Probablemente tuvimos un padre o madre que eran muy exigentes. Nos repetían una y otra vez lo mismo, nos exigían una serie de cosas, siempre más, siempre más lejos, siempre más alto…

Ellos ya no están presentes en nuestro día a día, pero se nos ha quedado un “cassette grabado” dentro, que se dispara ante muchas situaciones, y hace que nuestro cerebro repita consignas de los padres una y otra vez.

¿Y qué podemos hacer? En primer lugar, escucharnos a nosotros mismos. Escuchar a nuestro cuerpo, nuestro cansancio, nuestro disgusto,… nuestro enfado ante la auto-tiranía. Entonces, pensemos: “¿esto me lo digo yo mismo?” “o estoy repitiendo frases de mi padre o madre?”

Con mucha probabilidad hay un cassette grabado dentro de nosotros. Ante esto:
  • Tenemos derecho a revisarlo.
  • Tenemos derecho a cambiar de opinión.
  • Tenemos derecho a desobedecer los mandatos de nuestros padres.
Ellos, cargados de buenas intenciones, nos pasaron una serie de mensajes, sobre qué está bien o mal, qué hemos de conseguir en la vida, cómo lo hemos de conseguir… Lo hicieron de la forma que sabían. Probablemente, desde su propio cassette. Y nosotros, si no hacemos una revisión profunda, meditada, de los valores que nos han transmitido, el cassette grabado, repetiremos la historia, y traspasaremos el cassette a nuestros hijos e hijas. Y la historia continuará.

A lo largo de la vida, hacemos diversas revisiones de los valores que nos transmiten. Principalmente, en la adolescencia, y en los momentos de crisis vital. Estas revisiones son muy necesarias.

Así como hemos hecho revisión de valores morales, religiosos, educativos, políticos… y probablemente muchos de los valores no coinciden con los que nos transmitieron nuestros padres, también conviene que revisemos los valores más internos, como hasta dónde hemos de resistir y aguantar, cuánto hemos de dar de nosotros mismos, dónde están los límites de lo que es exigible.

Y podemos re-decidir, y cambiar, y bajar el listón. No estamos en este mundo para satisfacer el mandato de nuestros padres, ni de sus cassettes. Obedecemos nuestro propio mandato, el que nosotros decidimos, en tanto que personas adultas.

Hagamos lo que podamos, con las herramientas que tenemos.



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Guía para ser padres y no morir en el intento

16 COSAS QUE NO TE DIRÁ NADIE


Aquí os dejo una pequeña guía para «sobrevivir» a la experiencia de ser padres, a pesar de todas las presiones sociales, críticas, tópicos y comentarios maliciosos.
  • 1. Los niños no paran nunca quietos. Es normal. Tienes derecho a estar cansado/a.
  • 2. Tienes derecho a ponerles un ratito delante de la televisión para poder descansar tú: no serás el peor padre/madre del mundo. Todo el mundo lo hace.
  • 3. Debes atender las necesidades de los bebés, però cuando son más mayorcitos, no hace falta salir corriendo cada vez que quieren agua. Hazlos autónomos. Por tu propio bien y por el suyo.
  • 4. Tienes derecho a darles el pecho, de la forma que quieras y donde quieras.
  • 5. También tienes derecho a no hacerlo y criarles con biberón. No serás peor madre.
  • 6. Tienes derecho a poner a dormir a los niños pronto para poder cenar tranquilo/a.
  • 7. También tienes derecho a no hacerlo y estar con ellos el tiempo que quieras.
  • 8. Tienes derecho a un espacio para ti, para practicar alguna afición que te guste, sin los niños.
  • 9. Los niños no hacen que la pareja se una más. Es mentira.
  • 10. También existís como pareja. Tenéis derecho a dejar a los niños con los abuelos, tíos o en casa de unos amigos y salir los dos solos. No les pasará nada y no seréis malos padres.
  • 11. También tenéis derecho a no hacerlo, si eso os genera mucha angustia. Y no sois tontos por no hacerlo.
  • 12. Una casa con niños estará más desordenada y sucia. Siempre. Es una ley. No intentes contradecirla.
  • 13. Es normal que estés más cansado/a y que tengas menos ganas de sexo.
  • 14. Tener relaciones sexuales con los niños en casa, acostumbra a «cortar el rollo», aunque esten durmiendo. Le pasa a mucha gente.
  • 15. Los amigos que no tienen hijos acostumbran a ser los que dan más lecciones y parecen saber más que nadie del tema.
  • 16. Quizás te guste mucho jugar con los niños. O tal vez no. No es obligatorio hacerlo. También pueden jugar solos, o con otros niños. 

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¿Estoy criando bien a mis hijos?


A menudo me encuentro en la consulta con personas que tienen hijos e hijas pequeños. Las quejas son reiteradas en muchos sentidos: falta de tiempo para uno mismo, falta de tiempo y energía para dedicar a la pareja, conflictos de pareja a consecuencia de los hijos… y, sobre todo, la incomprensión que reciben de su alrededor respecto a sus quejas.

Es indiscutible que la mater-paternidad es una de las experiencias más bonitas y enriquecedoras de nuestra vida. Pero sólo los que lo están viviendo, día a día, saben hasta qué punto te canvia la vida el hecho de tener un hijo.

Todo el mundo sabe más que los propios padres, de criar a los niños. Especialmente la gente que no tiene: estos son los más expertos. Ellos no lo harían de ninguna manera tan mal como lo haces tú. Es que no sabes: ellos, cuando tengan uno, no le malcriarán, le llevarán a todas partes y su niño se estará quieto y sentado y no molestará a nadie, no como el tuyo, que no lo sabes educar.

Por otro lado, está muy mal visto quejarse de los hijos: ¡son tan monos!
Si te quejas, te dirán: «no haberlos tenido», «qué te pensabas», «Oh, claro, esto se te ha acabado» (y lo otro, y lo de más allá…)

Los abuelos, y sobre todo las abuelas, generalmente no recuerdan los detalles de cuando tenían hijos pequeños.
  • Probablemente la abuela era ama de casa y no hacía nada más.
  • No tenía estudios, no aspiraba a volver a trabajar fuera de casa.
  • No tenía ninguna afición que no fuera la calceta.
  • Sólo se dedicaba a la casa, a los hijos y al marido. Y, claro, recuerda que ella sola crió a 2, 3 o 4… y que iban limpios, eran muy educados y la casa siempre estaba reluciente.
  • ¿Cómo puede ser que las jóvenes de ahora se quejen tanto y tengan la casa tan sucia?
Para empezar, las mujeres de ahora, probablemente trabajan fuera de casa, sea a tiempo completo o parcial, y tienen que compaginar esto con el trabajo de la casa y el cuidado de los niños.

Cada vez hay más hombres mentalizados de que todo esto es trabajo de dos, però aún los hay que no lo están: colaboran de forma puntual en alguna tarea y «ya han cumplido».

Por otro lado, nuestra generación se crió dentro de un parque de madera o de plástico. No se cogía a los niños en brazos (porque «se malcriaban»). Los abuelos siguen repitiendo la cantinela de «no le cojas que le malcrías».

Los padres de ahora se preocupan de que el niño se socialice, hay que sacarle a que le dé el sol cada día por el tema de las vitaminas, hay que estimularles, hacerles masajes, llevarles a piscina, jugar con ellos, llevarles unas horas a la guardería, pero no demasiado, porque si no parece que les abandonas… Me paso la vida viendo a madres y padres agotados, que no comen ni descansan lo suficiente con tal de pasar más tiempo con el niño o niña.
  • La abuela dice que no le coja, que se malcría.
  • Los psicólogos dicen que no le deje llorar, que se traumatiza.
  • La educadora de la guardería dice que le sobreprotejo.
  • Me paso el día en el pediatra: siempre está con mocos, eso es porque no le cuido bien.
  • Aquella revista del otro día decía que es importantísimo pasar tiempo con ellos y estimularles.
  • Y los amigos que no tienen hijos, dicen que no soy la misma desde que tuve al niño… que cómo he cambiado. Que no me preocupe tanto, que también crecen sin estarles tanto encima…
Y los padres están desbordados, agotados, no tienen un minuto para ellos y menos aún para la pareja, además siempre piensan que lo hacen mal, hagan lo que hagan. Y se sienten culpables, muy culpables, de quejarse. Después de todo, la mater-paternidad es lo mejor de la vida… ¿o no?


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Definición de hijo

Hoy quiero compartir este escrito del premio Nobel José Saramago que habla de todo lo que nos enseña la experiencia de ser padres o madres.



DEFINICIÓN DE HIJO

"Hijo es  un ser que Dios nos  prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí. ¡Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro? Fue apenas un préstamo... EL MAS PRECIADO Y MARAVILLOSO PRÉSTAMO ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos."


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21 pautas para sobrevivir a la adolescencia de los hijos (2)


11. Es necesario establecer unos límites claros y hacerlos saber: funciones que tiene el joven en casa, hora de llegada, normas inamovibles de la casa, etc.

12. En las discusiones (y esto vale para todo el mundo) es importante destacar las cosas positivas y no sacar cada vez los mismos “trapos sucios”.

13. Hay que escucharles y tener en cuenta, ya que ellos están formando sus propias opiniones, que tal vez no compartimos, pero a todos nos gusta que nos escuchen y nos respeten.

14. En las discusiones (y esto también es válido para todo el mundo) es mejor hablar de la conducta que de la persona: por ejemplo, “no me gusta esto que haces” es mucho mejor que “no me gusta cómo eres”.

15. A menudo los jóvenes se quejan de que se les trata como a delincuentes por el mero hecho de ser jóvenes, que la gente les habla o mira mal. Conviene que superemos los prejuicios en este sentido, si es que los tenemos.

16. Aprovechar el momento oportuno para hablar, es mejor que forzarlo.

17. Ante un problema, escuchemos las soluciones que puede aportar el joven, no siempre tenemos nosotros la respuesta correcta.

18. Mejor negociar que discutir. Hay normas inamovibles, pero también hay cuestiones que se han de poder negociar.

19. Es importante valorar sus gustos, a sus amigos... Si les criticamos sistemáticamente, estamos levantando un muro.

20. Evitemos dramatizar: es normal que prueben el tabaco y el alcohol, por ejemplo, pero no necesariamente se han de volver adictos.

21. No olvidemos nuestro rol de padres, hay problemas que deberemos afrontar, no podemos hacer siempre “la vista gorda” o esperar que lo solucionen los demás (escuela, amigos)... o esperar a que se resuelva solo.
 
 



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21 pautas para sobrevivir a la adolescencia de los hijos (1)



Si tu hijo/a adolescente es rebelde, tienes un hijo/a normal. La rebelión forma parte de la adolescencia. El joven necesita distanciarse, desmarcarse de la familia para crecer. Y esta rebelión va siempre acompañada de angustia por parte del joven y también de angustia y enfado por parte de los padres, que a menudo no entienden qué está pasando.

  1. Es importante que el joven pueda acudir a un adulto de confianza si tiene un problema grave, cuando hay un fuerte distanciamiento entre padres e hijos. Muchas veces, un familiar cercano, hermano mayor, tío, tía, etc., pueden jugar un papel importante en estos momentos.
  2. Cada persona, cada familia tiene su propio estilo, sus principios. No todos los padres lo hacen igual y seguramente está bien.
  3. Los jóvenes necesitan cierta libertad para “ensayar” su nueva vida, y es conveniente darles un espacio (adecuado a su edad) y confiar en ellos. Se pueden equivocar, pero es peor que se queden encerrados en casa.
  4. También hay que darles seguridad y afecto, que se sepan queridos y aceptados, pase lo que pase.
  5. El manejo de la frustración es otro punto importante, saber apoyarles en momentos de “caída”, animarles a levantarse y volver a empezar.
  6. Ante un problema grave, los padres deben hacer un frente común, evitar las desavenencias que a menudo surgen. Hay que evitar las discusiones de quién tiene la culpa del comportamiento de los hijos, acusarse mutuamente, etc., y buscar soluciones juntos.
  7. No es fácil ser padres de un joven que parece que haya perdido todos los modales, la educación y se muestra desafiante y egoísta. En momentos así, los padres pueden caer en una postura radical, de castigos, reproches, que aún distanciará más las posturas. Por más difícil que parezca, hay que tomarlo con calma y tratar de restablecer puentes de diálogo.
  8. Un error frecuente es querer hacer “de amigo, de colega” de los hijos. Éste no es el rol que toca: los padres son los padres y los amigos son los amigos.
  9. El hecho de que los hijos se hagan mayores, también crea en algunos padres y madres la sensación de que “ya no son necesarios”, se sienten desubicados, y puede ser que, de forma inconsciente, no dejen crecer al hijo, que no le dejen marchar.
  10. También se da a menudo el caso de que haya una situación familiar complicada (paro, problemas en la pareja, etc.) y que se haga recaer toda la culpa en la conducta del adolescente. Esto no es justo ni ayuda a nadie.



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HAY UN ADOLESCENTE EN CASA. ¿Soy el peor padre/madre del mundo?




Nadie nos enseña a ser padres. Lo vamos aprendiendo «sobre la marcha». El padre y la madre, también son personas, con sus propias virtudes y carencias. Los padres también tenemos derecho a equivocarnos. Es importante recordarlo y, sobre todo, perdonarnos por nuestros errores.

  • A menudo tenemos la sensación de haber fracasado como padres cuando los hijos se rebelan contra todo y parece que han olvidado la educación y los buenos modales. Hablar con otros padres nos hará darnos cuenta de que no somos los únicos a los que les pasa.
  • Debajo de esta rebelión hay una necesidad de distancia: el adolescente necesita distanciarse emocionalmente de los padres para poder encontrar su propia identidad, reafirmar su personalidad. Que «pase de nosotros» no quiere decir que no nos quiera.
  • Pero también hay una profunda angustia que debe tenerse en cuenta. Aunque parezca que les estorbamos, en realidad necesitan más que nunca nuestro afecto y apoyo, necesitan saber que «estamos ahí», de forma incondicional. Pensemos que, a menudo, no saben quien son. Estan buscando modelos y referentes, y, sobre todo, se están buscando a sí mismos.
  • A menudo se hace difícil mostrarles nuestro afecto, cuando parece que no nos obedecen en nada y que están tirando su vida y su futuro por la borda. Aunque a veces reneguemos de ellos y estemos hartos, continuamos siendo buenos padres.
  • Esta costumbre de los mayores de darles consejos, de forma insistente, es una de las cosas que más les molesta. Tal vez nada más haga falta recordarles que «apliquen el sentido común» o que «ya son lo bastante mayores como para saber qué han de hacer y qué no».
  • Si hemos sentado unas buenas bases durante la infancia, les hemos transmitido valores, hemos dialogado con ellos, etc., hemos de confiar en que todo eso «está ahí», aunque no lo parezca. Confiemos un poco más en ellos, y también en nuestro trabajo realizado.
  • Una de las cosas más difíciles para los padres es encontrar el equilibrio entre libertad y autoridad, dónde está el límite entre qué he de permitir y qué no: En resumen, cuándo me paso o cuándo me quedo corto. Cada persona tiene su estilo educativo, más rígido o más flexible. Pensemos en cómo nos educaron a nosotros, y que, a pesar de los errores de nuestros padres, seguro que no hemos salido tan mal.
Hace años, una psicóloga especializada en adolescentes, me dijo que había dos pautas generales:



  • La primera, no pretendamos ganar todas las batallas, mejor ganemos la guerra. Marquemos unos mínimos: unas obligaciones indiscutibles, una hora de llegada, pero no queramos tener «hijos modélicos».
  • La segunda, es mejor negociar que imponer. Por ejemplo, cómprate esta ropa (que a mi no me gusta) pero ve limpio. Ve a esa fiesta, pero ven a dormir a una hora prudente y mañana llega a clase a tu hora.



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HAY UN ADOLESCENTE EN CASA. 10 cambios psicológicos




La adolescencia dura unos cuantos años, desde la pubertad (11-12 años aproximadamente) hasta el principio de la juventud (18-19 aproximadamente). Durante este largo periodo, el joven tendrá que afrontar diversos retos. Además de los cambios físicos, se encuentra con:


  1. Inicio del pensamiento abstracto, la capacidad de imaginar un futuro.
  2. La sensación de que nadie le entiende y que, lo que le pasa, sólo le pasa a él/ella.
  3. Sentirse aceptado por el grupo, la sensación de pertenencia.
  4. Descubrir «quién soy», en medio de los muchos mensajes recibidos, tanto por parte de la família, como de la escuela, los amigos, la sociedad…
  5. Descubrimiento de la sexualidad, con uno mismo, con los demás y la identidad sexual.
  6. Toma de decisiones éticas propias (qué está bien, qué no, independientemente de los referentes familiares, los amigos…)
  7. Aprender nuevas formas de relación como persona joven, diferentes de las del niño.
  8. Encontrar el equilibrio entre la autonomía y la independencia. (Por ejemplo, viviendo con los padres y dependiendo económicamente de ellos, encontrar espacios de autonomía personal aparte de la família)
  9. Aprender a tener pareja.
  10. Aprender a vivir sin la família (emanciparse), aunque esto, hoy en día, sucede más tarde.


Cuando los padres pensamos en un adolescente, debemos pensar que todos estos cambios son progresivos, es un proceso largo, con idas y venidas. Es necesario que estemos preparados para los cambios, pero tampoco nos llegarán de golpe. También tendremos que confiar en nuestro hijo o hija y en todo lo que le hemos transmitido. El adolescente cuenta con una serie de herramientas, no está «solo ante el peligro». Las diversas herramientas del joven son, entre otras:


  • Las habilidades personales para afrontar los retos
  • La personalidad y el temperamento propios
  • La inteligencia emocional (cómo manejar las emociones)
  • La capacidad de acompañamiento de la familia
  • El apoyo del entorno: los amigos, otros familiares, la escuela...



El adolescente, por más que se muestre desafiante, independiente, que parezca que ya no necesita a nadie, en realidad necesita mucho afecto de los padres, «saber que están ahí». También necesita reconocimiento y valoración en las cosas que hace. A menudo, la actitud «contestona» y a veces desagradable del joven, hace que nos apartemos, crea un mal ambiente en la relación padres-hijos, que hay que re-hacer. Es muy importante establecer puentes de diálogo en momentos de tranquilidad.





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HAY UN ADOLESCENTE EN CASA. Los cambios físicos: la pubertad


La adolescencia es la etapa de la vida donde más cambios se dan. Y estos cambios son profundos y complejos.

Esto también afecta de forma muy especial a los padres, que tendrán que ir adaptándose y replanteándose muchos de sus principios e ideas.

  • En las niñas aparece entre los diez años y medio y los once, y en los niños, de doce y medio a trece. Pero esto varía mucho en función de la genética, la alimentación, la zona geográfica, etc.
  • Los cambios físicos pueden repercutir a nivel psicológico de diversas formas:
  • Por un lado, las chicas que están muy desarrolladas a una edad precoz, se encontrarán con que, de repente, los chicos las empezarán a tratar de forma diferente, y probablemente su maduración psicológica no está al mismo nivel. Esto les puede causar inseguridad, y sobre todo, no saber cómo reaccionar. Es frecuente que quieran esconder su feminidad con ropa ancha, o por el contrario, que actúen como si tuvieran más edad de la que tienen en realidad.
  • En el extremo contrario, tenemos a las chicas que tardan en desarrollarse, y cuando sus compañeras de doce o trece ya lucen un cuerpo de mujer, ellas se encuentran diferentes, y eso será causa de complejos. A esto habrá que añadir el efecto que causan algunas burlas que se encontrarán, con muy poco tacto, por parte de otros adolescentes.
  • A los chicos les pasa una cosa parecida, pero los que más sufrirán son los que tardan en crecer y desarrollarse, que se pueden sentir muy acomplejados ante los chicos que son más altos y corpulentos.
  • Se les debe explicar qué cambios hará su cuerpo, a fin de que lo vivan con normalidad. A menudo, si no están informados, lo viven con angustia, pensando que lo que les está pasando no es normal. Además, acostumbran a compararse con los amigos, y se encuentran diferentes.
  • La aceptación del propio cuerpo, en muchas personas no llegará hasta bien entrada la madurez. Estamos sujetos a mucha presión social sobre los cánones de belleza, unos cánones que sólo están al alcance de unos pocos. La mayor parte de la población tiene algún complejo respecto a su físico. Si esto nos pasa a los adultos, imaginemos cómo lo viven los adolescentes.
  • Hay que tratar de ayudarles a que vayan asumiendo poco a poco que, sea cual sea su aspecto, las personas que les quieren lo harán por quién son, no por cómo son.




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Vivir la vejez con plenitud



Fin de la vida laboral: En algunos casos, la vida se ha centrado mucho en el trabajo, en el éxito, incluso en el reconocimiento. Estas personas se resisten a dejar el trabajo y lo alargan, básicamente por miedo a que su vida deje de tener sentido. Es importante dar valor al trabajo bien hecho, mirar atrás y ver todo lo que se ha conseguido, qué nos ha hecho más sabios, y todo lo que podemos transmitir.
 
Los nietos y los derechos: Si bien hay muchas personas mayores que son felices cuidando a los nietos y esa tarea llena su vida, también hay casos «de abuso» por parte de los hijos, en que los abuelos asumen una tarea de «padres substitutos» y se pasan la vida cuidando de los nietos mientras los padres se divierten. (No hablo de los casos de necesidad en los cuales los padres deben de trabajar y no tienen alternativa). Los abuelos ya fueron padres y ahora tienen derecho a disfrutar de su tiempo libre, se han ganado el derecho a hacer vacaciones perpetuas, poder viajar y llevar a cabo todas aquellas cosas para las que antes no tenían tiempo.
 
Afán de valer: Todos conocemos a la persona mayor que se pasa el día en el gimnasio, o que compite con los más jóvenes en cualquier ámbito, para «demostrar que aún puede». El cuerpo se va deteriorando, y también las facultades mentales: la agilidad, la memoria, la destreza, se van haciendo más lentas. Como hemos dicho antes, el valor de la persona está en ser conscientes del trabajo realizado, de la experiencia. Es importante aceptar las propias limitaciones para dar importancia a otros valores. A medida que la salud y las capacidades se van deteriorando, habrá que aceptarlo y también, tarde o temprano, se deberá asumir la dependencia con los demás. Para las personas que han sido muy independientes, esto se hace especialmente difícil.
 
Cuando no se ha conseguido lo que se quería: Hemos visto las diferentes etapas de la vida, qué cambios suponen, cuáles son las metas a conseguir en cada una de ellas y cómo se pueden superar positivamente. Cuando la persona tiene la sensación de haber superado una etapa, de hacer lo que debía, estará satisfecha con ella misma y con la vida. Pero cuando una etapa no se supera, no se consigue lo que se esperaba, esto provoca un malestar, que se puede alargar en el tiempo. Si la persona «falla» en más de una etapa de la vida, el rencor y el malestar se pueden instalar como un sentimiento permanente. Son esas personas mayores que nos da la sensación de que están «amargadas». Probablemente no han conseguido lo que se habían propuesto en su vida y no lo han aceptado. A medida que la persona se va haciendo mayor, cada vez es más difícil «re-colocar» un pasado del cual no se está satisfecho. Por eso es importante enfrentarse a los problemas cuando aparecen y no dejar que se hagan crónicos.
 
La prisa: Una de las cosas a las que se tendrá que enfrentar la persona mayor es asumir que el final se va acercando, que cada vez queda menos tiempo y que hemos vivido más cosa de las que nos quedan por vivir. Esto crea una sensación de «prisa» que también se debería superar. Son esas personas mayores que siempre van corriendo, que se quieren colar en la cola del supermercado y que cruzan el semáforo en rojo. La angustia de la prisa es uno de los sentimientos que habrá que superar.
 
La pasión: También la experiencia pierde intensidad, desaparece la pasión por las cosas. La «sabiduría» que hemos alcanzado nos dará una perspectiva diferente sobre la vida y sobre nosotros mismos. Se relativizan cosas, la escala de valores se re-coloca. Hay un sentimiento de trascendencia, de que nuestro paso por este mundo ha de tener algún sentido, que dejaremos alguna aportación, alguna obra.
 
La soledad: Este es uno de los problemas comunes en esta etapa. Algunas personas mayores utilizan la manipulación y el chantaje emocional para llamar la atención y que estén por ellos. Esto crea tensión dentro de la familia y un malestar en los hijos y familiares. Una vez más, la aceptación de los cambios y una búsqueda sana de soluciones (como acudir a un centro de jubilados o a un centro de día) puede ayudar.
 

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Un mensaje para madres y padres de adolescentes

 
La adolescencia es una etapa crucial en la vida de tu hij@.
Quiérele cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite.





Un mensaje para madres y padres.
 
 
Quiérele cuando te grite y no quiera saber de ti.

Cuando su mundo se derrumbe y crea que tú eres la causa, no te rindas; todo pasa.

Quiérele cuando todo le salga mal y no haya salida. Demuéstrale que sí, que sólo es una caída.

A veces ofrecerás tu ayuda y otras tendrás la duda, porque la adolescencia es una etapa de decisiones e indecisiones. Así que enséñale, aunque las quiera tomar solo. Si sale mal, dale tu apoyo y acepta que haga su camino aunque a veces signifique que tú cambies el tuyo. Porque hace ya años que tú encontraste el camino, pero, como él, también estabas perdido.

A su edad, tú también cuestionabas todo y no querías pautas o reglas de ningún modo.

Pero una madrugada, tras una noche fuera, me aseguraste que estabas buscando tu lugar en el mundo. Me confesaste que habías tomado decisiones, que tenías un plan, un proyecto de vida,... Yo no te entendía, pero recuerdo que te miré a los ojos y comprendí que en todo caos siempre hay un poco de orden; y en ocasiones hay que perderse para poder encontrarse.

Por eso, cuando veas que le quema el fuego por dentro, recuerda que a su edad tú también "saltaste", y, aunque muchas veces fallaste, otras muchas no.

Con el tiempo, quizás, logre ser el protagonista de su vida y entender que la autonomía y la libertad no están exentas de responsabilidad. Comprenderá que la buena suerte tiene sus reglas, y éstas se obtienen con esfuerzo cuando menos te lo esperas.

Así que, hasta entonces, si te ruge su fiera, espera, y aprende a lidiar con ella. ¿Prefieres que sea gato, o pantera?

Habrá veces que se pierda y entonces llore, grite y muerda. Es normal. Hay trayectos muy escondidos y momentos donde se dará por perdido. Pero tú tendrás que estar ahí, incondicionalmente. Ser su faro, y, cuando la noche lo encuentre, guiarle sin reparo. Y si aún así no puede y el viaje se hace largo, recordarle que siempre, siempre, tú le ofrecerás amparo.
 
La adolescencia es una etapa crucial en la vida de tu hij@.

Quiérele cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite.

 
 

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No vivas sólo por tus hijos


Hoy quiero compartir esta polémica carta de Olga Valyaeva, falsamente atribuída al Papa Francisco. Habla de los perjuicios de "vivir para los hijos".
 

No vivas sólo por tus hijos...

 
Te lo suplíco ¡no vivas sólo por tus hijos!

 
No sólo NO lo necesitan, eso les hace daño.

 
Cuando el niño se convierte en la razón de vivir de sus padres eso es demasiado para él. Es como si lo encerraran en una habitación en la que un día se acabará el aire; aunque al principio puede respirar, llegará el día que empiece a ahogarse. Ahogarse en medio de tanto “amor y cuidado“.

 
Por eso te suplico, no vivas sólo por tus hijos. Encuéntrale otro significado a la vida, encuéntrale otro sentido al hecho de ser papá o mamá. Para que los niños y niñas que nazcan en nuestro planeta no se conviertan en deudores y víctimas de tu ”caridad" y cuidado.

 
Ama a tu cónyuge. Los niños crecerán y él o ella se quedará contigo. Puedes ser tú quien de ejemplo a los niños acerca de cómo llevar una vida de pareja saludable, para que ellos mismos quieran tener su propia familia, pero también puedes truncar el deseo de tu esposo o esposa si te metes demasiado en los problemas de tus hijos y te olvidas de él o ella.

 
Ámate. No te olvides de ti mismo cuando luches por la felicidad de tus hijos. No te niegues un vestido o una corbata (por ejemplo) por comprar un nuevo juguete, no cambies tu salón de belleza o tu hobbie por pagar un nuevo profesor particular; si tú no cuidas de ti mismo ¿qué le puedes dar a los demás? ¿qué ejemplo les darás? ¿qué amor?.

 
Búscale sentido a la vida más allá de lo material. Esta vida no es eterna y así es aunque no quieras pensar en ello. La espiritualidad, la religión, las oraciones (o cual sea tu manera de expresar tu vida espiritual) pueden ser una fuente de energía y deseos de vivir que te ayudarán a no apoyarlo todo sobre los hombros tus hijos.

 
No vivas sólo por tus hijos, te lo suplico. Cuando encuentro niños y adultos cuyos padres lo dieron todo y más por ellos, me duele mucho verlos a los ojos. En muchos de ellos veo mi propio dolor, veo tristezas, corazones rotos, almas vacías. Sus ojos gritan por ayuda, gritan de dolor, de desesperación y de culpa. Ellos, como todos los niños, quieren amar a sus padres, pero si lo hacen seguramente no sobrevivirían a sus cuidados.

 
Dales a tus hijos la oportunidad de vivir y respirar. Así podrán crecer y desarrollarse en el área que tengan destinada. Nuestro rol como padres es muy sencilla: regar a tiempo pero no ocultar del sol, proteger de las malezas; después el niño, tal como una flor, podrá crecer por su cuenta y mostrar lo mejor de sí.

 
Olga Valyaeva
 
 
 

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