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YO NO AYUDO A MI ESPOSA

El verdadero cambio empieza en nuestra casa. El hombre del video tiene muy clara su posición en el hogar: él no ayuda sinó que hace las cosas porque es parte integrante de su hogar, e intenta que su amigo reflexione.


Un amigo vino a casa a tomar un café; nos sentamos y empezamos a hablar de la vida.

En un momento de la conversación, dije: "Voy a lavar los platos y vuelvo enseguida." Me miró como si le hubiera dicho que iba a construir una nave espacial.

Después me dijo con admiración, aunque un poco perplejo: "Qué bien que ayudes a tu mujer, yo no ayudo a la mía porque ella no reconoce mi esfuerzo. La semana pasada, limpié el piso (el suelo) y no me lo agradeció."

Regresé a sentarme junto a él y le expliqué que yo no "ayudo" a mi esposa: "En realidad, mi mujer no necesita ayuda, ella necesita un compañero. Yo no ayudo a mi esposa a limpiar la casa, limpio porque yo también vivo aquí. No ayudo a mi esposa a cocinar, porque yo también quiero comer y por eso cocino. Yo no ayudo a mi esposa a lavar los platos después de comer, porque yo también uso esos platos. Yo no ayudo a mi esposa con sus hijos, porque también son mis hijos, y es mi deber como padre. Yo no ayudo a mi esposa a lavar, tender o doblar la ropa, porque esa ropa también es mía y de mis hijos. Pongo la lavadora porque ahí está mi ropa sucia y la de mis hijos. No soy una "ayuda en casa", soy parte de la casa. ¿Nunca lo has pensado, amigo mío? Si alguna vez limpias el piso, ¿por qué quieres que te den un premio a la excelencia por todo lo alto? ¿Por qué?"

Le pregunté a mi amigo cuándo había sido la última vez que le había dado las gracias a su mujer por haber limpiado la casa, lavado la ropa, bañado a los niños, cocinado, organizado las cosas, etc.

"Quizás pensaste que todo esto no es tu trabajo, sinó el de ella. Tal vez te han enseñado que todo esto se tiene que hacer sin que tú muevas un dedo. Échale una mano, compórtate como un auténtico compañero, no como un invitado que solo llega a casa a comer, dormir, ducharse y satisfacer sus necesidades.
El verdadero cambio empieza en nuestra casa. Hay que enseñarles a nuestros hijos e hijas el verdadero sentido del compañerismo."



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Telf.: 605 52 52 81

¡Se acabó tu historia, Walt Disney!

Roles masculinos, roles femeninos. Personajes masculinos, personajes femeninos. La influencia de las películas Disney en la infancia.
Además de los inputs que reciben niños y niñas desde la más tierna infancia, da que pensar que, por recuento, la mayoría de comentarios desfavorables a este monólogo sean hechos por hombres.



Por si quieres leer o releer este monólogo, aquí tienes la transcripción:

Tú me enseñaste a odiar, a ver a las otras chicas como enemigas. Me enseñaste a rivalizar incluso con mis hermanas.
Me enseñaste qué hacer para contentar a un hombre, porque el amor es así, con mayúsculas, es a lo máximo que aspiro.
Me enseñaste que las mujeres debemos elegir entre sumisa o bruja.
Tú me enseñaste el placer de la necrofilia. Sí, sí, el romanticismo de besar a un cadáver. Me enseñaste, ¿recuerdas?, a abusar de la chica que se queda dormida. No importa si está cansada o drogada, si está maldita o pinchada por una rueca.
Qué gran maestro fuiste, Walt Disney.
En cambio a ellos, ¡cómo los pusiste a ellos!
Les enseñaste a ser valientes, a matar dragones, a trepar montañas, a vencer temores o a empuñar espadas.
Les enseñaste a ser el "Rey León" de la manada. A ser hombres fuertes como Tarzán, listos, musculados, como Hércules, que llega y que gana.
Pero a nosotras nos diste el amor como única opción. Ni siquiera teníamos amigos humanos como ellos. Tan solo hablábamos con haditas y animalitos.
Así que nena, espera sentada. ¡Qué coño! mejor espera tumbada, dormida o muerta, ¡qué importa! Porque él siempre llega, tú estate a la espera de que te lleve en su alfombra a un mundo ideal...
Nos convertiste en madrastras que explotan a esclavas, en brujas que envenenan para ser la más guapa.
Oh niña, abandona a tu familia por unas nuevas piernas. ¡Qué más da si te quedas sin voz! Admirada tú serás si callada siempre estás. Sujeta bien tu lengua y triunfarás, ¡Ariel!
Nos enseñaste a tomar pociones para mantenernos jóvenes en el País de Nunca Jamás, convertidas de mayores en cremas antiedad.
Niña, date cuenta que no eres suficiente contigo misma, necesitas un hombre que te diga lo que vales. Un príncipe azul que te salve, un John Smith que te diga: "Si no lo conocieras..." tu vida sería una mierda.
Pequeña, y si por alguna razón quieres triunfar, córtate el pelo como Mulán.
Por suerte, tu historia ya se está terminando, porque había una vez niñas que escaparon de sus torres, brujas que rompieron cadenas, princesas que dejaron de hacerse la cera, y unas a otras nos quitamos la venda. Y empezamos a liberar el pájaro de la jaula, a aullar y a salir de noche sin miedo al pasar de las doce. A andar sin escobas y a liberar dragones.
Así que nosotras, las gordas, las flacas, las que no se depilan, las solteronas, las de las tetas caídas, las que no saben cocinar, las que calzan bambas y no zapatos de cristal, nosotras, las del rímel corrido, las que no se peinan, las que tienen novia, las que no quieren hijos, las promíscuas, las mal folladas, las viejas arrugadas, todas nosotras, aquí, tenemos un lugar donde viviremos felices y comeremos lo que nos salga de los ovarios, querido Walt.



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"Mujeres que corren con los lobos"



Hoy en el Cajón de sastre he transcrito un fragmento de un libro que me gusta mucho, un clásico de la psicología femenina, "Mujeres que corren con los lobos", de Clarissa Pinkola Estés. Concretamente, este trozo nos hace reflexionar sobre los diferentes roles de una madre.

Si permanecemos demasiado tiempo con la madre protectora en nuestra psique, no podremos enfrentarnos con los retos que se nos planteen y bloquearemos nuestro ulterior desarrollo. Con ello no quiero decir en modo alguno que una mujer se tenga que lanzar a situaciones ofensivas o dolorosas sino que tiene que fijarse en la vida un objetivo por el que esté dispuesta a correr riesgos. A través de este proceso se afilarán sus facultades intuitivas. 

Entre los lobos, cuando una madre loba amamanta a sus lobeznos, tanto ella como sus crías pasan mucho tiempo holgazaneando. Todos se echan los unos encima de los otros en un gran revoltijo; el mundo exterior y el mundo de los desafíos quedan muy lejos. Sin embargo, cuando la madre loba enseña finalmente a sus lobeznos a cazar y a merodear, suele mostrarles los dientes, los mordisquea, les exige que espabilen y los empuja si no hacen lo que ella les pide. 

Por consiguiente, es justo que, para que podamos proseguir nuestro desarrollo, cambiemos la solícita madre interior que nos era benficiosa en nuestra infancia por otra clase de madre, una madre que habita en los más hondos desiertos psíquicos y es no sólo una escolta sino también una maestra, una madre afectuosa, pero también severa y exigente. 

Mujeres que corren con los lobos 
Clarissa Pinkola Estés



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El rol del salvador

Hemos visto el rol del perseguidor y pasamos a explicar en qué consiste el rol del salvador, cómo actúa y cómo se puede contrarrestar.

Llamamos salvador a aquella persona que necesita siempre cuidar de los demás, desvivirse por toda la gente que le rodea y sufrir por todo y por todo el mundo. El problema es que se descuidan a ellos mismos, siempre priorizan las necesidades de los otros por encima de sus propias necesidades.


Ofrecen una ayuda exagerada para continuar la dependencia de los otros. Necesita que le necesiten. Seguir leyendo...




El rol del perseguidor

Hemos visto los roles positivos de la personalidad y hemos enumerado los negativos (perseguidor, víctima, salvador y espectador) y pasamos a explicar en qué consiste el rol del perseguidor, cómo actua, y cómo se puede contrarrestar.


Llamamos perseguidor a aquella persona que... Seguir leyendo

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