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"Mujeres que corren con los lobos"



Hoy en el Cajón de sastre he transcrito un fragmento de un libro que me gusta mucho, un clásico de la psicología femenina, "Mujeres que corren con los lobos", de Clarissa Pinkola Estés. Concretamente, este trozo nos hace reflexionar sobre los diferentes roles de una madre.

Si permanecemos demasiado tiempo con la madre protectora en nuestra psique, no podremos enfrentarnos con los retos que se nos planteen y bloquearemos nuestro ulterior desarrollo. Con ello no quiero decir en modo alguno que una mujer se tenga que lanzar a situaciones ofensivas o dolorosas sino que tiene que fijarse en la vida un objetivo por el que esté dispuesta a correr riesgos. A través de este proceso se afilarán sus facultades intuitivas. 

Entre los lobos, cuando una madre loba amamanta a sus lobeznos, tanto ella como sus crías pasan mucho tiempo holgazaneando. Todos se echan los unos encima de los otros en un gran revoltijo; el mundo exterior y el mundo de los desafíos quedan muy lejos. Sin embargo, cuando la madre loba enseña finalmente a sus lobeznos a cazar y a merodear, suele mostrarles los dientes, los mordisquea, les exige que espabilen y los empuja si no hacen lo que ella les pide. 

Por consiguiente, es justo que, para que podamos proseguir nuestro desarrollo, cambiemos la solícita madre interior que nos era benficiosa en nuestra infancia por otra clase de madre, una madre que habita en los más hondos desiertos psíquicos y es no sólo una escolta sino también una maestra, una madre afectuosa, pero también severa y exigente. 

Mujeres que corren con los lobos 
Clarissa Pinkola Estés



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"Mujeres que corren con los lobos"


Un hombre fue a casa del sastre Szabó y se probó un traje. Mientras permanecía de pie delante del espejo se dio cuenta de que la parte inferior del chaleco era un poco desigual.

- Bueno, no se preocupe por eso – le dijo el sastre-. Sujete el extremo más corto con la mano izquierda y nadie se dará cuenta.

Mientras así lo hacía, el cliente se dio cuenta de que la solapa de la chaqueta se curvaba en lugar de estar plana.

- Ah, ¿eso?- dijo el sastre-. Eso no es nada. Doble un poco la cabeza y alísela con la barbilla.

El cliente así lo hizo y entonces vio que la costura interior de los pantalones era un  poco corta y notó que la entrepierna le apretaba demasiado.

-Ah, no se preocupe por eso- dijo el sastre-. Tire de la costura hacia abajo con la mano derecha y todo le caerá perfecto.

El cliente accedió a hacerlo y se compró el traje.
Al día siguiente se puso el nuevo traje, “modificándolo” con la ayuda de la mano y la barbilla. Mientras cruzaba el parque aplanándose la solapa con la barbilla, tirando con una mano del chaleco y sujetándose la entrepierna con la otra, dos ancianos que estaban jugando a las damas interrumpieron la partida al verle pasar renqueando por delante de ellos.

- ¡M'Isten, Oh, Dios mío!- exclamó el primer hombre-. ¡Fíjate en ese pobre tullido!

El segundo hombre reflexionó un instante y después dijo en un susurro:

- Igen, sí, lástima que esté tan lisiado, pero lo que yo quisiera saber... es de dónde habrá sacado un traje tan bonito.


(Silicona, liftings, peelings, botox...)
Mujeres que corren con los lobos
Clarissa Pinkola Estés

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