Cuando alguien
se junta en pareja, pone tiempo y energía en la construcción de la relación. Se
prioriza a la pareja por encima de otros ámbitos de la vida como pueden ser los
amigos y las aficiones. Esto es normal, incluso sano. La renuncia a una parte
de nuestra individualidad es necesaria para encajar nuestro proyecto vital con
el de la otra persona. Pero, ¿qué pasa con todo esto cuando la relación se
rompe?
El primer
contratiempo que nos encontramos es el miedo a no poder seguir adelante solos... Seguir leyendo...

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